Repensar la identidad turística

El turismo se ha convertido en uno de los sectores más dinámicos de la economía panameña en los últimos años. De 2008 a 2017, el valor de las exportaciones se multiplicó por tres y pasó del 5.6% al 7.2% del producto interno bruto, superando incluso a las del Canal (4.5% del PIB).

El turismo es hoy la primera exportación de Panamá, que ya es el cuarto país con mayor número de visitantes per cápita de América Latina (0.49), solo superado por República Dominicana (0.56), Costa Rica (0.60) y Uruguay (0.88).

Sin embargo, a pesar de estos logros, la actividad del turismo ha comenzado a desacelerarse en los últimos años. La tasa de ocupación hotelera se redujo 12 puntos porcentuales en los últimos cinco años y llegó a 45% en octubre de 2018, mientras que el número de turistas se redujo 0.7% en 2017 y 5.6% interanual de enero a octubre de 2018.

Ante este panorama, es necesario preguntarse cómo hacer del turismo una industria más rentable y sostenible, y cuáles son las ventajas competitivas con que cuenta Panamá para lograrlo.

El modelo turístico de Panamá se ha caracterizado tradicionalmente por orientarse en gran medida hacia las compras. Las encuestas de gasto turístico 2016 de la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP) indican que los visitantes destinaron la mayor parte del gasto en compras (38.5%), superior al gasto en hoteles (30.9%), restaurantes (14%) y diversión (11.6%).

De igual modo, el 69.6% de los turistas viajó por recreación (que incluye compras), mientras que solo el 7.2% lo hizo por negocios y 5.7% por convenciones.

Una de las consecuencias de este modelo es que la oferta de alojamiento se concentra en la provincia de Panamá, que cuenta con el 63.3% de las habitaciones en el país y el 47.7% de los establecimientos de hoteles.

Según Forbes, los hoteles cinco estrellas del país se concentran en la ciudad de Panamá. En países con gran peso del turismo, como República Dominicana o Costa Rica, el turismo favorece la desconcentración y un mayor equilibrio territorial, pero en Panamá ocurre lo contrario.

Otra consecuencia importante del tradicional modelo turístico de Panamá basado en compras es su vulnerabilidad respecto a la competitividad de los precios y a la desaceleración económica de los países sudamericanos, sus principales clientes (45% de los turistas provino de Sudamérica).

Desde 2007, Panamá ha perdido un 13% de competitividad con esta región. Esto es especialmente importante respecto a Colombia o Brasil, con los cuales Panamá ha tenido pérdidas de competitividad superiores al 20%.

Con relación a Estados Unidos y Europa, que, aunque en menor medida, también son importantes como origen de los ingresos por turismo en Panamá, las pérdidas de competitividad también han sido notables: 16% y 32%.

Esta coyuntura de desaceleración del sector y de pérdidas de competitividad precio puede ser una oportunidad para diversificar la oferta turística. Para lograrlo, el país debe plantearse cuáles son sus ventajas competitivas; lo que el país puede ofrecer al turista distinto a lo que otros ofrecen.

Es obvio que Panamá cuenta con los atractivos turísticos naturales necesarios para atraer al turismo, pero tiene también otros activos que le son propios y que pueden definir esa ventaja competitiva, porque sus competidores no los tienen o al menos no en la misma medida.

El Canal, como atractivo turístico, es el más visible de ellos, pero no el único. La seguridad es un elemento clave que demanda el turista y que en Panamá existe en mayor medida que en otros países de la región.

La conectividad aeroportuaria es otro, al que habría que sumar el uso del dólar y el carácter cosmopolita de ciudad de Panamá. Son estos factores los que permitirán que el país desarrolle un modelo turístico diferenciado, explorando nuevos nichos y profundizando en los de mayor valor agregado.

El turismo de naturaleza y aventura es uno de ellos, pero otros podrían ser el turismo de idioma, de convenciones, de cruceros, deportivo, cultural o convertirse en hub de turismo regional que englobe circuitos por la región.

Algunos de estos nichos ya se están explotando, pero aún hay espacio para desarrollar más este potencial. La clave está en encontrar las ventajas competitivas de Panamá.

Un caso de éxito que sirve de comparación es Costa Rica, que ha logrado consolidar sus ventajas competitivas para diferenciarse de otros destinos.

Enfocado en ecoturismo y recreación, a 2017 la estadía media de los turistas era de 11.9 noches (en comparación a ocho noches en Panamá) y el gasto promedio por persona (excluyendo hotel) era de $1,561 ($955 en Panamá).

Además, Costa Rica contaba con 274 establecimientos de cuatro a cinco estrellas (30.6% del total de habitaciones). Las características de su oferta turística y su infraestructura de calidad le permiten atraer turistas de mayor poder adquisitivo.

El 87.8% de los turistas provino de Estados Unidos, Canadá y Europa, mientras que en Panamá los turistas de esos países solo representaron el 32.8%. Estos turistas demandan generalmente experiencias únicas, servicios de calidad y buena atención al cliente.

El caso de Costa Rica muestra que es posible desarrollar una industria turística sólida si se cuenta con ventajas competitivas y se explotan con habilidad. Panamá las tiene, el potencial existe; materializarlo supone una gran oportunidad para el país, como medio para crear riqueza e impulsar la actividad de las provincias menos favorecidas. Para ello, se requiere reducir las brechas en formación profesional y de infraestructura, así como realizar una adecuada estrategia en los potenciales mercados.

Jhonatan Astudillo
+ artículos

Consultor del BID

Carlos Garcimartín
Economista Jefe del BID | + artículos

Economista jefe del BID

martesfinanciero.com exclusivo como los socios de
Club La Prensa

Adquiere un plan de suscripción Hazte socio

Gracias por valorar y respaldar el periodismo responsable e independiente.

Olvidé mis datos de acceso / Quisiera recuperar mis datos