Radiografía de la desigualdad en Panamá

Cuando se anunció el primer caso del Covid-19 el 9 de marzo, Panamá era el país con el mayor nivel de ingreso por habitante de la América Latina, al mismo tiempo que uno de los tres países con la más alta desigualdad en la región y uno de los nueve con la peor distribución del ingreso en el mundo. El nivel de desigualdad de Panamá, medido por el coeficiente de Gini, solo la superan Brasil y Colombia en América y algunos países en el África. El 21% de la población estaba en pobreza total el año pasado y el 9.9% en situación de pobreza extrema, lo que significa que estaban pasando hambre.

Boca La Caja es una de las zonas pobres en ciudad de Panamá en el corregimiento de San Francisco. Foto Román Dibulet.

Con la instalación de la pandemia en nuestro medio, las autoridades adoptaron medidas de distanciamiento social que implican la suspensión de operaciones y de empleos por parte de las empresas. Muchos de los empleados suspendidos están sobrellevando esta situación con apoyo del gobierno por medio de bolsas de comida y bonos. Una vez se supere el aislamiento, un número de empresas habrá cerrado definitivamente y otras operarán a una escala más reducida que antes. Con ello podemos esperar que el desempleo aumente del 7.1% de la fuerza laboral el año pasado al doble o hasta el triple para fines del presente año, con el consecuente incremento en la pobreza y la desigualdad.

Hace dos décadas, los pagos al trabajo y al capital en nuestra economía se distribuían así: los trabajadores percibían tres quintos del total (excluye subsidios y jubilaciones), y los dueños del capital recibían dos quintos. Al año pasado la repartición del pastel se había invertido: el capital se llevó la “tajada del león” y los trabajadores dos quintas partes. La remuneración del capital ha crecido a un ritmo mayor que la del trabajo y de continuar así, la cuota que reciba el capital del ingreso total seguiría aumentando y con ello las tensiones sociales. Este fenómeno se debe, entre otras causas, al elevado nivel de la inversión pública y privada en los últimos quince años (40% del PIB cuando el 20% es lo típico) y al lento crecimiento del empleo formal, por razones que examinaremos en un próximo artículo. El hecho que el 10% de las personas con los ingresos más elevados reciba 34 veces el del 10% de menores ingresos confirma esta situación y recordemos que las personas que están en el 10% de la población de menores ingresos vive en condiciones de extrema pobreza.

consumidores hacen fila para ingresar a un supermercado en el área de San Miguelito, en plena cuarentena por la pandemia. Foto Gabriel Rodríguez.

Según un estudio del banco suizo UBS, el costo de vida para una familia de clase media de tres personas en la Ciudad de Panamá (no incluye alquileres) era el año pasado más alto de la América Latina y equivalía al 63% del de Nueva York, mientras que la mediana salarial de Panamá es del orden del 20% del de la metrópoli norteamericana, lo que denota que el poder adquisitivo del salario de la clase media panameña es bajo y el de los grupos de bajos ingresos es peor, confirmando la expresión popular del “alto costo de la vida”.

La cobertura de los servicios de salud que recibe buena parte de nuestros compatriotas es inferior al que tienen los habitantes de Chile, Uruguay y Argentina, países de un nivel de ingresos comparable al nuestro: estamos por debajo de ellos en médicos, enfermeras y parteras por 1,000 habitantes, en desnutrición total e infantil y, en cuanto a camas de hospital, estamos por debajo de lo que recomienda la OMS.

Una de las jornadas de vacunación contra la influenza que se realizaron en plena pandemia en ciudad de Panama. Foto: Archivo.

Los panameños de menos ingresos tienen menos acceso a los servicios de salud de calidad que el que tiene la clase media y de altos ingresos. Igual ocurre en el transporte y el acceso al agua. A los residentes en las periferias les toma tanto tiempo el transporte de su casa al trabajo y de regreso que les quedan pocas horas del día para atender a los hijos, las tareas domésticas y el necesario descanso. Y muchos, cuando llegan a casa… no tienen agua.

La desigualdad  que prevalece en Panamá es inaceptable desde todo punto de vista y constituye una amenaza muy seria a la estabilidad social, por lo que se amerita que examinemos los factores que la causan en un próximo escrito.

Habitante de la comunidad de Boca La Caja, en ciudad de Panamá. Foto: Román Dibulet.

Espere la semana próxima el siguiente artículo de esta serie titulado: Los factores que han determinado la desigualdad en Panamá.

Guillermo Chapman

Presidente de la Junta Asesora y fundador de INDESA con más de cuarenta años de experiencia en consultoría a los sectores público y privado.