Espiando la mentira

Con más experiencia y más cancha recorrida que yo, cumplo nueve años de aprendizaje junto a mi socia Nora Cedeño Maglione. En el camino hemos combinado conocimientos, y ella a través de sus certificaciones internacionales en coaching y mindfulness, complementa la mía en microexpresiones y lenguaje corporal. El resultado inmediato se siente a través de nuestros clientes y sus retroalimentaciones.Ambos sabemos que estos temas son la base para dominar otros; desde el servicio al cliente, la comunicación asertiva, recursos humanos, marketing y hasta algo tan frío como los números necesitan de ellos, porque ahora y en muchos casos, vale más la inteligencia emocional que títulos, te pongo un ejemplo: aunque tengas un doctorado, tres maestrías y dos licenciaturas, si no sabes ser gente con la gente… tus días profesionales pueden estar contados.

He aprendido que, para poder descubrir indicios de mentiras, hay que estar en el aquí y ahora (principio mindfulness) y además, hay que saber hacer la pregunta correcta para obtener el resultado deseado (principio de coaching).

Si bien la comunicación no verbal y el comportamiento humano pueden variar entre culturas, algo que no ha cambiado mucho son las razones del porqué mentimos. Y aclaro, aunque logremos descubrir una mentira, jamás sabremos su razón.

Existen varias, pero las cuatro razones principales son: por temor al castigo, por huir del juicio público o al qué dirán, para conseguir algo en particular, como un puesto laboral o para aparentar algo que no somos…

Esta última me da risa, porque en el mundo hay personas que gastan lo que no tienen, en cosas que no necesitan, para aparentar lo que no son, ante gente que no le importa.

“Cuando una persona tiene una reacción emocional lenta ante una situación tensa o, por el contrario, reacciona agresivamente o con tensión bajo un contexto donde reina la tranquilidad, es una alerta a tomar en cuenta”.

Muchos quisiéramos tener visión de rayos X para determinar quién miente, lo que muchos no saben es que de hecho sí tenemos esa habilidad, el detalle está en saber observar y escuchar. Comparto algunos factores que ayudan a detectar una mentira y que nos invitan a poner más atención a las respuestas que nos den:

Reacciones emocionales sin razón aparente: cuando una persona tiene una reacción emocional lenta ante una situación tensa o, por el contrario, reacciona agresivamente o con tensión bajo un contexto donde reina la tranquilidad, es una alerta a tomar en cuenta y debe ser cuestionado. El sentido común tiene que ser nuestro mejor aliado.

Jesús de Nazaret le dio al mundo el primer ejemplo de coaching: “Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?”.

Los terroristas del atentado del Maratón de Boston fueron descubiertos por el FBI debido a que, mientras el público se agachaba instintivamente para protegerse al detonar la primera bomba, uno de los terroristas en cuestión no mostró ningún tipo de gesto defensivo, esto lo delató en el acto.

“Si bien la comunicación no verbal y el comportamiento humano pueden variar entre culturas, algo que no ha cambiado mucho son las razones del porqué mentimos”.

Movimientos delatores: el ejemplo anterior nos lleva a este, el estar incómodo en una silla y no parar de moverse, tocarse constantemente la cara o el cuello, ruborizarnos de la nada, sonreír en momentos donde no encaja esta expresión, poner barreras naturales entre nosotros como lo es cruzar los brazos en forma defensiva, mover los puntos de anclaje (pies) hacia las salidas o lejos de la persona con la cual estamos interactuando, sudar repentinamente, aflojarse la ropa, estar permanentemente tenso en una plática o entrevista, el no mostrar emoción alguna o no llevar a cabo una acción determinada, también son factores que nos invitan a prestar más atención.

La clave aquí es el contexto, él te va a servir de guía para descartar hechos o abonarlos en la búsqueda de la verdad. Si la pregunta es la correcta, la respuesta lo será.

La magia de la respuesta: comienzo con una frase que me encanta, es de uno de mis libros favoritos El Principito: “Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”.

Cuantas veces habrás estado ante alguna de estas conductas: Quien es cuestionado evita a toda costa responder y se va por las ramas, responde de forma larga y justifica prácticamente cada palabra, utiliza calificadores exclusivos como “mayormente”, “posiblemente”, “fundamentalmente”, “realmente no” o bien, su repuesta inmediata es agresiva o esquiva con frases como: “Eso no me compete, pregúntale a fulanito de tal”, “ahora no estamos hablando de eso”, “en su momento responderé”.

Otra situación clave se da cuando una persona, en vez de responder una pregunta directa y sencilla, comienza a llenarse de flores, saca a colación sus años de trayectoria, habla de su honestidad e integridad, comienza a hacer pausas en el tema principal para traer a colación hechos del pasado o bien, comienza a mostrar una desconexión verbal (se contradice con la cabeza)… conozco un profesor que cada vez que se le cuestiona el resultado académico de sus alumnos, saca a relucir sus años de experiencia y se pone a la defensiva inmediatamente, lo que me recuerda una frase de Bertolt Brecht: “Cuando la verdad sea demasiado débil para defenderse, tendrá que pasar al ataque”.

La verdad está ahí, pero solemos llegar a ella por el camino más complicado por una sencilla razón: el que busca la verdad, corre el riesgo de encontrarla.