Pandemia económica a la vista

El concepto “pandemia económica” ayuda a entender la forma como se genera un daño financiero a las empresas, las familias y el Estado, como consecuencia de un contagio generalizado.

Una pandemia suele tener tres características:

1) Alta capacidad de contagio y dispersión. Basta un solo evento o acontecimiento para que se inicie el contagio. Y luego no es tan fácil suprimir el virus. Tampoco es sencillo mitigarlo.

2) Trae consecuencias dolorosas. Produce daños de magnitudes diversas y en algunos casos, irreparables.

3) No discrimina a sus víctimas. Sufren del contagio personas de todo perfil sin importar su condición económica, social, de género, edad o de pensamiento.

La pandemia económica tiene también esas tres características:
  1. Cuando las empresas se ven afectadas (por ejemplo, por la decisión gubernamental de iniciar un confinamiento y suspender actividades de comercio y servicios) contagian a sus colaboradores a través suspensiones laborales o despidos. Los colaboradores (al verse afectados por menores ingresos) gastan menos y contagian a las empresas (porque les compran menos). Así se genera un círculo vicioso y además contagia al Estado recaudador, quien ve comprometidos sus objetivos.
  2. Los escenarios de consecuencia financiera para una empresa pueden ser: continuidad habitual (impacto bajo o nulo), reestructuración de deuda bancaria, reestructuración concursal (acogimiento a ley 12-2016) o incluso cierre del negocio. Para las personas naturales, los escenarios pueden ser: suspensión termporal o intermitente, reducción de jornada y/o salario, renegociación salarial o incluso despido. Por su parte, el Estado recaudador se afecta por un menor volumen de actividad económica ya que las empresas y familias ganan menos (implica menor impuesto sobre la renta), y además se vende menos (implica menor ITBMS).
  3. El impacto económico es generalizado: empresas grandes, medianas, pequeñas y micro, en general se afectan. Lo mismo sucede con las personas de todo nivel socio económico, en mayor o menor grado. La afectación es generalizada.

Tal como ocurre con la pandemia de salud, hay personas que se ven más afectadas que otras y con la pandemia económica sucede algo similar. Cuando el impacto llega, la salud financiera no es la misma (en familias, empresas ni Estado).

Para familias, empresas y Estado, existen elementos que determinan el grado de afectación y la capacidad de enfrentar la pandemia económica, entre ellos: la posición de ahorro, endeudamiento, estructura de gastos y compromisos, así como los sectores de desempeño.

Frente a una situación adversa por pandemia económica, las recomendaciones siguientes podrían resultar aplicables.

1) Para familias:
  • Clasificar gastos (imprescindibles, necesarios y prescindibles). Por ejemplo, en ese orden, serían: alimentación, capacitación y pintura de vehículo.
  • Priorizar en el orden anterior. Por ejemplo, si paga una membresía de Netflix y un servicio de televisión por cable, se evaluará quedarse solo con uno de ellos o ninguno.
  • Evaluar actividades de ingresos alternativos. Por ejemplo, preparar platos de comida, comercializar productos por internet, hacer servicios de delivery, entre otros.
  • Evaluar una reestructuración financiera o bancaria. Por ejemplo, un mayor plazo de hipoteca y/o una consolidación de deudas (de tarjetas de crédito u otras). En ambos casos, lo que se busca es reducir el monto mensual comprometido a pago de deudas.
  • Cuidar la liquidez. Por ejemplo, manteniendo algunos ahorros (o línea disponible en tarjeta de crédito) para situaciones imprevistas.
2) Para empresas:
  • Pensar en una transformación del negocio con cuatro preguntas fundamentales: ¿qué debo dejar de hacer?, ¿qué debo seguir haciendo?, ¿qué debo hacer diferente? ¿qué puedo hacer que no hacía antes?. Por ejemplo, si un restaurante vendía presencialmente, ahora puede vender por delivery o comidas congeladas.
  • Reducir los costos fijos al mínimo. Por ejemplo, eliminar membresías o suscripciones.
  • Renegociar con proveedores. Por ejemplo, solicitar menor precio y mejores condiciones. En época de pandemia, la ley de la oferta y demanda sigue funcionando.
  • Evaluar una reestructuración financiera o bancaria. Por ejemplo, convertir la deuda de corto plazo en deuda de largo plazo con una garantía tangible, en caso de ser posible.
  • Evaluar una reestructuración concursal a través de la Ley 12-2016. Las empresas que sean admitidas en este esquema tendrán que renegociar con sus acreedores un refinanciamiento integral. Mientras ello no se materialice, pueden seguir con sus operaciones, quedando suspendidas sus compromisos de pago a acreedores y los derechos de estos últimos de exigirles cobro de obligaciones y ejecutarles garantías.
3) Para el Estado recaudador:
  • Reestructurar gastos, reduciendo aquellos que tienen bajo o nulo impacto social. Por ejemplo: publicidad estatal, cierre y redimensionamiento de embajadas, establecimiento de tope salarial a funcionarios públicos, entre otros.
  • Acceder a mayor endeudamiento. Definitivamente no es momento de aumentar o crear impuestos. Por lo tanto, en ausencia de un Banco Central, lamentablemente no hay forma de poder acceder a estimular, reactivar o reconstruir la economía sin mayor endeudamiento. El perjuicio de no hacerlo es mayor que el perjuicio de hacerlo. Por ejemplo, el Estado podría endeudarse para realizar mayor inversión pública, proveer financiamiento al sector de bienes y servicios, y establecer un fondo de estabilización al sistema bancario son inversiones con alto retorno social (e incluso económico ya que mejorarían la recaudación).

Al igual que con la pandemia sanitaria, las familias, empresas y el Estado, pueden protegerse y tomar medidas para una menor afectación, así como para una mayor capacidad de recuperación.