Panameños terrícolas: ustedes serán asimilados, la resistencia es inútil

"Panameños terrícolas: ustedes serán asimilados, la resistencia es inútil

Quienes conocen la serie de ciencia ficción Viaje a las Estrellas (Star Trek) recordarán el episodio en el que el capitán de la nave Enterprise, Jean–Luc Picard, es asimilado por los Borg, una especie alienígena cuya sola misión es la de asimilar e incorporar toda la tecnología y material biológico a su conciencia colectiva para expandirse por todo el universo. La manera en que los Borg se presentaban incluía la famosa frase: “Ustedes serán asimilados. La resistencia es inútil”.

En un nuevo episodio de la vida real en su imitación de las artes, estamos ante un nuevo Borg. Pero esta vez creado por nosotros los terrícolas. Este Borg es omnipresente y para los optimistas como yo, no representa la aniquilación completa de la individualidad, sino el potenciamiento de la coordinación y colaboración humana planetaria, y posiblemente más allá. Este Borg es la internet: una red policéntrica de computadoras y servidores que ya nos permite comunicarnos de forma barata e instantánea.

El acceso a esta superautopista de información como se le llamó en los años de 1990, se inició por medio de la interconexión de mainframes o sistema central, principalmente entre universidades y centros de investigación. Posteriormente se incorporaron las computadoras personales cuando se hizo realidad el sueño de Bill Gates de que hubiera “una computadora en cada hogar” del mundo desarrollado.

Gracias a la invención del smartphone, esencialmente una computadora de bolsillo más que un teléfono celular, fuimos testigos de una verdadera revolución de las comunicaciones: Instagram, Snapchat, Uber, Whatsapp, Facebook y Twitter son algunos nombres conocidos universalmente posibilitados por los primeros 2 mil 500 millones de smartphone en funcionamiento.

Estamos hoy ante lo que Fred Wilson, socio de la reconocida firma de capital de emprendimiento Union Square Ventures, denominó como la segunda revolución del smartphone. Los habitantes de las economías emergentes que incluyen definitivamente a nuestro país, al resto de la región latinoamericana, se están conectando a internet a un ritmo vertiginoso. En Panamá, hay más de un celular por habitante. Según GSMA, el consumo promedio de data por usuario en América Latina creció un 64% solo en el año 2016. En otras palabras, el Borg de la internet llegó a nuestra región para quedarse.

La pregunta es: ¿cuáles servicios se están creando o se crearán en esta segunda revolución del smartphone? La predicción de Wilson es que los siguientes 2 mil 500 millones de seres humanos que se conecten a internet con sus celulares o los aparatos que vengan resultarán en proyectos de grandísima escala, como los que vimos en la primera ola de innovación ya mencionada, pero que presten servicios esenciales, que ya sea no se estaban prestando o se servían de manera análoga con papeles, establecimientos físicos, atención presencial y filas. Estos servicios abarcan todo el abanico, desde salud, pasando por educación, transporte y a servicios financieros.

Lo inevitable de esta tendencia, su comportamiento sin manera de detenerse, nos obliga a repensar si tiene sentido que nuestro país se resista a ser asimilado por el Borg. Esta es una consideración especialmente importante debido a que contamos con un centro financiero de importancia regional que ha sufrido un sinnúmero de presiones internacionales que, justificadas o no, no desaparecerán en el corto plazo.

¿Cómo nos estamos resistiendo consciente o inconscientemente? En Panamá somos recelosos de aceptar soluciones de identificación digital de personas y compañías. Aun algunos mantienen que la relación cara a cara con el cliente es la forma más efectiva de verdaderamente evitar el fraude de identidad, cuando se ha probado con varias soluciones de tecnología regulatoria en el extranjero que las computadoras son muchísimo más confiables en su rol de identificación que un oficial de apertura de cuenta bancaria humano.

La creación de nuevas soluciones financieras se ven enmarañadas con altísimas barreras de entrada, en algunos casos superiores a las existentes en la Unión Europea, Colombia y otras jurisdicciones tradicionalmente más restrictivas que Panamá. Los innovadores financieros deben entonces arriesgarse a que sus soluciones calcen en delitos financieros o altas multas o enfrentar larguísimos y engorrosos procesos de consulta con los distintos reguladores, que en ocasiones resultan en respuestas inconsistentes en relación con otras respuestas dadas en el pasado a soluciones similares o análogas o en respuestas poco claras con muy poca utilidad práctica.

Panamá es un país históricamente abierto al mundo y hemos tomado valientes decisiones en el pasado para aprovechar cambios fundamentales en tendencias de mercado. Las políticas públicas para crear reglas claras y abiertas para el negocio de sociedades anónimas, el Canal y el cluster formado a su alrededor, y el mismo centro financiero, fueron verdaderas políticas de Estado que se mantienen a través de gobiernos de diferentes partidos y tendencias políticas.

Es imperativo que como país tomemos un nuevo paso para convertirnos en el país más digitalmente abierto, por lo menos de la región. Esto implica, como mínimo, lo siguiente: digitalización y apertura a costo razonable o gratuito de sistemas de consulta de identidad tanto de personas físicas como jurídicas (léase Tribunal Electoral y Registro Público); aceptación de la equivalencia funcional de los actos digitales de comercio frente a los actos análogos (léase firmas digitales no certificadas que sean aceptadas por los tribunales como forma válida de creación de obligaciones); eliminación de obligatoriedad regulatoria de mantener expedientes físicos admitiendo su equivalente digital; y finalmente digitalización rápida y eficiente de los servicios públicos. Ya estamos atrasados, pero confío en que como hemos hecho antes, nos pongamos de acuerdo como país en que esta es la vía hacia adelante.

Panameños terrícolas: ustedes serán asimilados, la resistencia es inútil
Felipe Echandi

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