Los dividendos del Canal como una fuente de reconstrucción

La pandemia ha traído al mundo impactos de alta severidad en la vida, salud y las finanzas.

La economía panameña sufrirá tres shocks:

  1. De Oferta (por restricciones a la generación de servicios y bienes durante el periodo de paralización productiva);
  2. De Demanda (por menor capacidad adquisitiva de los consumidores, principalmente como consecuencia de un mayor desempleo), y
  3. De Activos (por el efecto de la Ley de Oferta y Demanda que lleva a que los precios de inmuebles, muebles y negocios sean sustancialmente menores que en la etapa previa a la pandemia).

En ese contexto, la economía de Panamá sufriría el mayor shock de su historia republicana. Mis estimaciones al 8 de junio 2020 indican que el producto interno bruto (PIB) caería 20.8% en 2020 y 2.7% en el 2021. Por su parte, el desempleo subiría a 24.3% y 26.8% al cierre del 2020 y 2021, respectivamente.

Para hacer frente a una depresión económica, los países cuentan con dos tipos de políticas: monetarias y fiscales. Una política monetaria expansiva implica emitir dinero para que pueda ser “inyectado” a la economía, principalmente a través de créditos bancarios. Así las empresas tendrán más recursos para invertir, las personas para gastar y a través de ello dinamizar la economía. Por su parte, una política fiscal expansiva implica elevar el gasto e inversión del sector público para promover la inversión privada y un mayor consumo.

Como sabemos, Panamá con cuenta con un Banco Central para emitir dinero e inyectarlo a la economía, por lo que sus posibilidades de canalizar masa monetaria al sistema financiero para que llegue al sector real (empresas y familias), están limitadas a recursos provenientes de endeudamiento público.

Lamentablemente la llegada de la pandemia encuentra a Panamá en un contexto fiscal de déficit estructural por encima del tope establecido en la Ley de Responsabilidad Fiscal (2%), habiendo sido necesario que a finales del 2019 se solicite una excepción al cumplimiento de la Ley. Además, al día de hoy, dos de las tres calificadoras de riesgo internacionales han asignado perspectivas negativas a la calificación soberana de Panamá, lo que indica que lo más probable es que a futuro ella desmejore. El déficit fiscal y las perspectivas de mayor endeudamiento público serían las razones que llevarían a la decisión.

Dicho contexto limita también las posibilidades de acción que podría tener la política económica. Ante un impacto tan severo en el PIB (20.8% del mismo representa aproximadamente $13.7 millones) se requiere una respuesta extraordinaria.

En ese contexto, existe la posibilidad de un endeudamiento del Tesoro Nacional que pueda significar un factor clave en la reconstrucción de la economía panameña. Esta alternativa consiste en titularizar los flujos futuros de los dividendos de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP).

Paso de buque por el Canal de Panamá. Foto: Alexander Arosemena.

El punto de partida es que las operaciones, finanzas y estrategia de la ACP no se trastocan. Lo que da origen a esta propuesta de estructura financiera es que la ACP debe remitir dividendos anuales al Tesoro Nacional. Se trata de flujos futuros estables, altamente predecibles y con potencial de gradual crecimiento. El derecho de recibir esos flujos futuros le corresponde al Tesoro Nacional y puede cederlos a un Fideicomiso Internacional que emitiría deuda (bonos) y ella sería pagada con los dividendos futuros.

Cálculos preliminares que he realizado indican que el valor presente de los flujos futuros a 20 años sería de $50,391 millones, lo que sería una referencia del endeudamiento potencial por esta estructura. Los supuestos consideran dividendos aproximados de $1,800 millones en 2020, una tasa de crecimiento de dividendos de 8% anual y una tasa de interés hipotética de 4.5% anual para los bonos.

Un aspecto importante de esta modalidad de endeudamiento es que los bonos tendrían una calificación de riesgo superior a la calificación soberana debido a que el originador de flujos de servicio de deuda es independiente de las finanzas públicas.

Los bonos se emitirían en el mercado internacional, pudiendo destinar una porción minoritaria a inversionistas locales a través de la Bolsa de Valores de Panamá.

Esta estructura de financiamiento permitiría una política económica con doble transmisión: fiscal (mayor inversión pública) y monetaria (inyección de fondos a las empresas y a las familias a través del sistema bancario). En ambos casos, el impacto positivo se inicia con mayor consumo, mayores inversiones del sector privado, generación de empleo, mayor consumo y mayor recaudación tributaria, con los correspondientes efectos de círculo virtuoso que ello significa.

Frente a un golpe disruptivo, el país requiere de una respuesta disruptiva.