Las tareas pendientes del sector eléctrico panameño

Las tareas pendientes del sector eléctrico panameño

En seis (6) años se ha incrementado la participación eólica y solar en 8% aproximadamente dentro de la matriz de generación del país.


El país debe acelerar la implementación de la transición hacia una movilidad sostenible, reduciendo emisiones de Gases de Efecto Invernadero entre otras acciones.

Los efectos que ha tenido la pandemia de la Covid-19 muestran fuertes impactos en el desarrollo de las actividades económicas de los países en América Latina, y nos ha incentivado a cambiar los esquemas bajo los cuales hacíamos negocios, forzándonos a evaluar modelos económicos más sostenibles y con un bajo impacto climático.

Un aspecto positivo que ha traído la pandemia es que nos presenta la ocasión perfecta para actuar e implementar acciones que permitan lograr una sustentabilidad económica en beneficio de futuras generaciones.

El sector eléctrico, que forma parte crucial del engranaje económico, no escapa de esta realidad “cambiante” y presenta desafíos que debemos abordar si deseamos conseguir el objetivo de sostenibilidad. A nivel global, la irrupción de nuevas tecnologías como las energías renovables, la generación menos contaminante del Gas Natural y la apertura del uso del Hidrógeno como combustible, están transformando la forma en la que producimos energía, haciéndola más amigable con nuestro entorno. Lograr la “descarbonización” implica cambios regulatorios profundos para lograr armonizar las antiguas normas a la realidad de los mercados eléctricos, permitiendo la Transición Energética en nuestro país.

Entre los desafíos más importantes que afronta el sector eléctrico panameño para lograr la Transición Energética tenemos: descarbonizar la matriz energética del país, sin comprometer la garantía de suministro ni la seguridad del sistema; implementar cambios regulatorios necesarios para lograr incorporar nuevas tecnologías como lo son los Sistemas de Almacenamiento de Energía a través de Baterías (SAEB); la implementación de la transición hacia una movilidad sostenible, reduciendo emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y por último, pero no menos importante, incentivar el uso eficiente y racional de la energía, como una manera de reducir emisiones.

Panamá inscribió en el año 2016 sus Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC por sus siglas en ingles), siendo el primer país de América y tercero en el mundo en presentarlas. En nuestras contribuciones establecimos que, para la mitigación de los GEI, tendríamos como objetivo para el año 2050 incrementar en 30% la participación de otros tipos de fuentes de energía renovables (como solar, eólica y biomasa) en la matriz energética del país, con relación al año 2014.

Según información oficial publicada por la Autoridad Nacional de los Servicios Públicos (ASEP), en 2014 Panamá contaba con una capacidad instalada de 2,743 megavatios (MW) de los cuales 67.76 MW corresponden a fuentes renovables solar y eólica. Esto corresponde a una participación de 2.5% de las tecnologías renovables no convencionales. En cuanto a generación de energía eléctrica, en 2014 la generación bruta fue de 9,108 GWh, con participación eólica y solar de 114.68 GWh, que equivale a 1.26% de participación en la matriz. Haciendo el mismo análisis para el año 2020, encontramos que se ha incrementado la participación solar y eólica a 232 MW y que el total del país es de 3,854 MW, que corresponde a una participación de 17% en este aspecto. En cuanto a generación, 2020 reportó una generación bruta total de 10,887 GWh y que las tecnologías solar y eólica generaron 905 gigavarios hora (GWh), que equivale a una participación de casi 10% en la matriz. Es decir, en seis (6) años hemos incrementado la participación eólica y solar en 8% aproximadamente dentro de la matriz de generación del país.

Otro aspecto que presenta un reto al sector eléctrico panameño es incluir la movilidad eléctrica dentro de nuestros planes de desarrollo. Según el Primer Informe de actualización Bienal de Panamá Ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), presentado en el año 2017 por el Ministerio de Ambiente, durante el año 2013 la categoría del sector transporte fue la responsable del 46% de las emisiones de CO2 eq del sector energético. Panamá ya ha iniciado el camino de la transición a una movilidad sostenible, a través de la Estrategia Nacional para la Movilidad Eléctrica, desarrollada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente a solicitud del Ministerio de Ambiente y la Secretaría Nacional de Energía.

Medidas como la implementación de un plan piloto de electrificación del transporte público son muy importantes para impulsar esta transición. En adición, se ha iniciado la construcción de la tercera etapa del Metro de Panamá, la extensión de la línea 1 hacia Villa Zaita y el ramal de la línea 2 hacia el Aeropuerto de Tocumen, los cuales tendrán un impacto muy positivo en la movilidad eléctrica, reduciendo sustancialmente el parque vehicular de la ciudad capital.

Panamá es un país que se ha caracterizado a nivel internacional por asumir grandes retos y lograrlos exitosamente. Un ejemplo claro es la ampliación del Canal de Panamá, el cual requirió en primera instancia que todos los panameños coincidiéramos en su necesidad, y luego de tomada la decisión de ampliarlo, fuimos capaces de impulsar esta mega obra que conllevó de grandes recursos económicos para el país, llevándola “a buen puerto”. La Transición Energética de forma similar, requiere que todos coincidamos en la mejor ruta a seguir, nos tracemos un plan (que ya tenemos a través de la Agenda hacia la Transición Energética) y ejecutemos las líneas de acción con la colaboración multisectorial. Tenemos en frente grandes oportunidades de cambios para asegurar la sostenibilidad a futuras generaciones.

Harold  Hernández

Ingeniero electromecánico y gerente comercial de InterEnergy
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