La salida a la encrucijada, a la vuelta de la esquina

Nuestro sistema monetario libre nos ha favorecido enormemente al contar con un centro bancario regional sumamente estable. Sin embargo, la actual situación económica ha hecho relucir algunas de sus desventajas, como es la de no tener un banco de reserva que regule la oferta monetaria; establezca niveles de reserva bancaria; fije tasas de intereses referenciales; administre la oferta de crédito; y procure preservar el poder adquisitivo de los agentes económicos.

En un entorno macroeconómico en franca desaceleración, un banco de reserva procede a estimular la economía aplicando mecanismos contracíclicos estimulando el crédito y la circulación del dinero de alto poder. De esta manera el efecto multiplicador del estímulo reverbera en la economía contrarrestando una desaceleración económica.

El precio de la estabilidad financiera

Si bien el país no cuenta con un banco de reserva, la realidad es que el rol del centro bancario panameño es netamente rentista y como cualquier otra empresa, con fines de lucro. Su objetivo es velar por la rentabilidad hacia sus accionistas y cumplir con su responsabilidad fiduciaria de proveer tranquilidad a sus cuentahabientes. Esta situación es la que hoy coloca a nuestra economía en una encrucijada.

Ante la actual ralentización económica, la realidad es que al centro bancario no le corresponde intervenir como un banco de la reserva. Para incentivar el crecimiento, la banca debe estar confortable en cuanto a los réditos esperados sobre sus activos, los cuales han de proveer retornos más seguros y ajustados al nivel de riesgo según el ciclo económico del momento.

Recordemos que la principal prioridad del centro es la de velar por los intereses de sus cuentahabientes y retribuir a los tomadores de riesgo: sus accionistas. Así las cosas, es de esperar tal como está sucediendo hoy, que los bancos reduzcan su exposición al crédito, sean más exigentes con los requerimientos de colateral y que incluso incrementen las tasas para atraer más depósitos, lo que a la vez absorbe la liquidez del sistema y priva a la economía de mayores inversiones. Lo anterior es totalmente contrario a la política contracíclica que utilizaría un banco de la reserva para estimular una economía, pero necesario para mantener la estabilidad financiera del sector.

Necesitamos un Tsunami

La economía nacional está atravesando tiempos difíciles. Se hace necesario tomar acciones inmediatas para contrarrestar tal declive. Para estos propósitos, dada la inexistencia de un banco de reserva, que pueda implementar las políticas monetarias adecuadas, es importante considerar mecanismos monetarios alternos que funjan como conductor del estímulo económico al país y mantener su tan importante estabilidad financiera.

Si bien a pesar de que en la actualidad los niveles de liquidez del centro bancario se mantienen considerablemente altos —57.8% en comparación al mínimo de 30% de liquidez legal requerido por la Superintendencia de Bancos—, lo que se requiere es inundar la represa al punto de que esta liquidez sobrepase sus compuertas. Es decir: poner en una situación a los bancos en la que ya mantener excesos de liquidez como mecanismo de protección no les derive en una rentabilidad atractiva.

Según los estados financieros del Banco Nacional (BNP), al cierre de 2018 su índice de liquidez se situaba en 74.4%, comparado con 59.4% del sistema bancario nacional y muy por encima del mínimo requerido. En términos absolutos la diferencia del 15% entre el índice de liquidez del BNP y el del Sistema Bancario Nacional (SBN) podría estimarse en torno a los $600 millones.

Lo que me lleva entonces al rol que pudiera jugar el BNP uniendo fuerzas como banco estatal con la banca privada panameña para promover la tan necesaria inyección de liquidez al sistema. Esto se efectuaría a través de un mecanismo de “colocaciones especiales” de un porcentaje del exceso de liquidez que tiene el BNP. Es decir: efectuándose depósitos interbancarios por un período, digamos, de máximo un año (corto plazo) con los principales bancos privados de primera línea preservando la seguridad de los activos del BNP.

La idea es que estas “colocaciones especiales” sean depositadas a tasas inferiores a las del mercado, permitiendo abaratar considerablemente el costo de fondeo de los bancos participantes en comparación al costo financiero por sus depósitos a plazo.

Este exceso, a un bajo costo, habría de representar una oportunidad bastante atractiva para los bancos, dado que les permitiría obtener márgenes de ganancia suficientemente atractivos para compensarlos por el riesgo de poner a trabajar los fondos de vuelta en la economía. Abriendo las puertas de la represa donde se mantiene contenida la liquidez desencadenaría un tsunami monetario con un efecto multiplicador, logrando que dicho exceso sea desplazado a través de la economía.

La salida, a la vuelta de la esquina

Panamá es un país que por su peculiar economía puede mantener su estabilidad económica y financiera de manera independiente. Eso lo demuestra el hecho de que algunos bancos de nuestro centro bancario lograron obtener calificaciones de grado de inversión mucho antes que el mismo país. La importancia de mantener dicha estabilidad financiera justifica la iniciativa de estos en mantener su política procíclica en los tiempos de las vacas flacas, que les requiere mantener altos niveles de solvencia y liquidez.

Sin acceso a las herramientas expansivas de un banco de reserva, el cual es el mecanismo usualmente utilizado en las economías para contrarrestar el declive (política monetaria), valdría la pena considerar que, dentro de la actual coyuntura, el BNP tome un rol cuasi–banco de reserva para “inundar” el sistema con circulante. Así se promoverían los préstamos a bajo costo, se incrementaría la velocidad del dinero y de esta manera, sin necesidad de presionar las cuentas fiscales del país, bien se contrarrestaría la desaceleración promoviendo una saludable recuperación económica.

Como ven, la salida a la actual encrucijada económica la tenemos a la vuelta de la esquina.

José N. Abbo
Financista y autor de un libro sobre mercados de valores y empresas. | mf@prensa.com

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