La receta de Panamá para atraer inversión, un ejemplo a seguir

Una de las principales lecciones que uno recibe cuando estudia economía es la derivada de la importancia de la inversión en el desarrollo de cualquier economía nacional.

El fortalecimiento de las políticas públicas a favor de la inversión privada suele traer como resultado un incremento de la confianza empresarial, un mayor dinamismo de las principales variables macroeconómicas y un impacto positivo en los mercados. Es decir, más inversión significa más crecimiento, más oportunidades y más sinergias entre sectores de la economía nacional.

En días pasados, tuve la oportunidad de caminar con tranquilidad por las calles de la ciudad de Panamá, capital que tengo la suerte de conocer hace casi una década y que ha vivido una transformación sin precedentes en lo que a infraestructuras y llegada de empresas se refiere.

Quienes hayan viajado con cierta frecuencia a la capital del país centroamericano habrán podido apreciar el ritmo de transformación e innovación vivido en la misma en los últimos años.

Sin duda, podríamos citar diversos factores que han impulsado el dinamismo de la economía panameña, tales como la ampliación del Canal de Panamá, el fortalecimiento de su centro logístico, la robustez de su sistema financiero, entre otros; pero entre todos ellos el impacto de la inversión privada, y muy especialmente de la inversión proveniente de otros territorios, ha sido clave.

Los flujos de inversión que ha recibido el país han sido crecientes y orientados a diversos sectores de la economía: financiero, logístico, turismo, inmobiliario y energético, por citar algunos. No es desconocido que la economía panameña ha enfrentado fuertes retos en los últimos años, incluidos reputacionales tras los mal llamados “Papeles de Panamá”, pero su situación geográfica, la diversificación de su economía, y sobre todo su atractivo para los inversionistas extranjeros, han consolidado al istmo como una economía dinámica y robusta.

Y esta realidad se refleja claramente en las cifras de inversión extranjera, variable que creció un 21.4% al cierre de 2018, muy por encima de la gran mayoría de países vecinos. Con clara evidencia, el caso de Panamá debe ser considerado como un ejemplo para otros países de la región en lo que a incentivos y estrategia de captación de la inversión extranjera se refiere, muy especialmente en lo concerniente a sus políticas públicas de apoyo a la inversión, en concreto algunas medidas como:

-Ley SEM o Ley 41 de 2007 (Sedes de Empresas Multinacionales): 12 años después de su aprobación, son 149 las empresas que han elegido a Panamá como sede de sus operaciones regionales, generando nuevas oportunidades de empleo en el país y atrayendo al mismo a cientos de profesionales internacionales.

-Áreas económicas especiales: Los ejemplos de transformación de antiguas bases militares en centros de excelencia empresarial que concentran a profesionales de decenas de nacionalidades al servicio de entidades tan respetadas como Naciones Unidas, universidades de prestigio o multinacionales como Dell, son auténticos casos de éxito a ser imitados por otros países de la región.

-Ley 16 de 2012 que establece el Régimen especial de la industria cinematográfica y audiovisual: esta legislación incluye incentivos fiscales, migratorios y de importación, entre otros, para apoyar el desarrollo de proyectos cinematográficos en el país.

Este fenómeno de captación de inversión extranjera no es exclusivo de Panamá, Latinoamérica ha vivido una auténtica “revolución” en materia de inversión extranjera en la última década, impulsada en gran medida por el dinamismo de los mercados de materias primas y el impulso a la demanda de los mismos, principalmente en China. Pero los países de la región cometerían un grave error si no aprovecharan este dinamismo de corto plazo para consolidar un impulso económico de largo plazo a través de políticas de fomento de la inversión y transformación estructural de sus economías nacionales.

En este sentido, para garantizar un crecimiento sostenido en el tiempo es fundamental reforzar elementos clave, muy especialmente los siguientes:

1. Estabilidad: Los inversionistas valoran las políticas públicas predecibles, estables y ordenadas que contribuyan a planificar a largo plazo. Un marco regulatorio inestable generará desconfianza de quienes toman decisiones de inversión y, por lo tanto, aleja inversiones intensivas en capital con largos períodos de retorno de la inversión, las cuales son fundamentales para la consolidación del mercado laboral y el incremento de la renta individual.

2. Competitividad: En un entorno internacional cada vez más dinámico, esta variable se torna clave para atraer flujos de inversión. Apostar por la innovación, la inversión en infraestructuras y la reducción de la burocracia es clave.

3. Fiscalidad amigable: Qué duda cabe de que quienes más ingresos generan son quienes más deben contribuir a la economía nacional a través de sus tributos. Pero como bien explica la teoría de la Curva de Laffer, a partir de un cierto nivel de impuestos, incrementos en los mismos conllevarán una menor recaudación fiscal. La eficiencia en la gestión de los recursos públicos debe primar para poder mantener un esquema fiscal atractivo para los inversionistas. Una mentalidad cortoplacista puede derivar en una “huida” de inversionistas y empresas hacia mercados donde se cuente con una fiscalidad más atractiva.

4. Capital humano: Como he comentado previamente, la disponibilidad de una base laboral competitiva es clave en el desarrollo económico de un país. Como titulaba en mi artículo de agosto de 2016, en esta misma publicación de Martes Financiero, “La inversión en conocimiento paga el mejor interés”, es por ello que los países de nuestra región deben continuar invirtiendo en sus sistemas educativos y fortaleciendo su base laboral para ofrecer un capital humano atractivo a quienes están dispuestos a invertir en Latinoamérica.

5. Fomento del emprendimiento: Es fundamental apoyar a los emprendedores en su afán de generar nuevas oportunidades de negocio y nuevas fuentes de empleo en la región. Los centros de innovación, las universidades y las entidades públicas deben trabajar de forma coordinada y garantizar que quienes tienen ideas transformadoras consigan llevar adelante sus proyectos y se consolide un tejido empresarial dinámico y alineado con la realidad económica a nivel mundial.

La reducción de trámites y barreras burocráticas juega un papel fundamental y varios países como Chile han apostado por sistemas ágiles y dinámicos para la creación de empresas.

6. Alianzas regionales: El incremento en el número y solidez de las alianzas comerciales entre países es directamente proporcional a su desarrollo económico. Ejemplos como la Alianza del Pacífico se han demostrado beneficiosos para sus integrantes, especialmente en lo que se refiere al fortalecimiento de los estándares normativos e incremento de la inversión cruzada entre los países integrantes. Hay un consenso generalizado sobre la relevancia de estas variables en la transformación de la economía regional y en su capacidad de atraer flujos de inversión externa, que se materialicen en mayor crecimiento, mayor desarrollo y, sobre todo, en mayor calidad de vida para los habitantes de la región.

Como indicaba al comienzo de mi artículo, el fortalecimiento de las políticas públicas es clave. Si conseguimos estrategias nacionales que duren más que un período presidencial (4 a 6 años en función del país), conseguiremos incrementar el grado de confianza de los inversionistas internacionales y, por tanto, reducir las expectativas de rentabilidad y hacer más competitivos a los países de la región.

Soy un fiel creyente del potencial económico de Latinoamérica, y no solo porque haya tenido la suerte de recorrer la región de esquina a esquina, sino porque esta tiene una serie de características que la hacen de gran atractivo:

-Pirámide poblacional: Latinoamérica tiene una de las bases poblacionales más jóvenes a nivel mundial. Esta realidad tiene un impacto directo en los niveles de consumo de sus habitantes y en los volúmenes de población activa.

-Recursos naturales: Latinoamérica tiene unos abundantes recursos naturales y es una de las regiones con mayor disponibilidad de materias primas a nivel mundial: petróleo, oro, litio, cobre, entre otros.

-Localización geográfica: la región tiene una localización geográfica inigualable. La cercanía geográfica y comercial con la primera economía del mundo, la comunicación con las principales economías asiáticas a través del Pacífico y la relevancia en el comercio mundial del Canal de Panamá hacen de Latinoamérica una región clave.

-Atractivo turístico: Latinoamérica tiene un alto potencial turístico. Sin embargo, solo México se encuentra entre los 10 principales países por número de visitantes a nivel mundial, por lo que el espacio de crecimiento es muy motivador. Sin duda, este sector tiene gran potencial de recepción de inversión extranjera, en cuanto se fomente la inversión en infraestructuras turísticas y se garanticen variables clave como calidad, seguridad y competitividad.

Como destacaba previamente, la inversión extranjera ha sido clave en la transformación y fortaleza de la economía panameña y lo será para el resto de las economías de la región en la medida en que sus políticas públicas y sus estrategias nacionales se encaminen a incluir como prioridad la atracción de flujos de capital externos.

Tenemos un gran reto por delante, pero por encima de todo una gran oportunidad para consolidar a Latinoamérica como un gran polo mundial de inversión y desarrollo económico.

Álvaro Villasante Losada
Experto en energía y movilidad | mf@prensa.com

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