La razón de ser de la desigualdad en Panamá

Desde mediados de la década pasada, la economía panameña ha sido una de las más dinámicas del mundo. Entre 2004 y 2018 el país tuvo un crecimiento promedio anual del 7.0%, frente al 3.3% de América Latina.

Como consecuencia de este dinamismo, el producto interno bruto (PIB) per cápita de Panamá, en paridad de poder adquisitivo, ha recortado en ese tiempo más de 20 puntos su distancia con el promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y se ha convertido, junto con Chile, en el país de mayor ingreso per cápita de la región.

Todo ello ha supuesto que Panamá sea considerado hoy un país de ingreso alto.

Sin embargo, este notable progreso económico no se ha reflejado en la misma medida en avances en la distribución de esos ingresos.

Panamá sigue siendo hoy uno de los países más desiguales de América Latina. El índice de Gini, el indicador más habitualmente empleado para medir la desigualdad, muestra un valor de 49 en Panamá frente a 46 en la región, según datos del Ministerio de Economía y Finanzas y del Banco Mundial, respectivamente.

Además, pese al mayor crecimiento económico de Panamá, la desigualdad se ha reducido menos que en la región: 2.4 puntos desde el año 2007 frente a 4.5 en América Latina. Por cada punto de crecimiento del PIB, la desigualdad ha disminuido a un ritmo dos veces y media inferior en Panamá que en América Latina.

Ante este panorama, cabe preguntarse por qué se produce esta diferencia respecto a la región; ¿cuáles son las razones que nos pueden ayudar a entender por qué la desigualdad no solo es comparativamente superior en Panamá, sino además mucho más resistente a reducirse?

Puede pensarse que la explicación se encuentra en la elevada pobreza que existe en las comarcas indígenas, con tasas superiores al 80%. Sin embargo, no es así.

Si se calcula la desigualdad dejando fuera a las comarcas, el índice de Gini es prácticamente el mismo. La desigualdad seguiría siendo muy alta en Panamá incluso si no se tuviera en cuenta a las comarcas.

Más aún, tampoco el porcentaje de población indígena dentro de cada provincia está vinculado a la desigualdad.

Algunas de ellas, como Bocas del Toro, tienen un porcentaje muy elevado de población indígena (59%) y una baja desigualdad (un índice de Gini de 43), mientras que otras, como Veraguas, con poca población indígena (4%), tienen una fuerte desigualdad (índice de Gini de 51).

Por el contrario, la desigualdad en Panamá y su resistencia a bajar se encuentran estrechamente relacionadas con los fuertes desequilibrios territoriales que existen en el país.

El promedio del índice de Gini para las provincias de Panamá es 46; el mismo que el de América Latina. Es decir, la desigualdad en el interior de cada provincia es, en promedio, la misma que en la región e inferior a la nacional.

Lo que diferencia a Panamá, por tanto, no es la desigualdad que existe al interior de cada provincia, sino las diferencias que hay entre ellas.

Estos desequilibrios territoriales en Panamá no solo son muy grandes, sino que, además, han ido en aumento. Entre 2011 y 2015, años para los que se cuenta con datos, la desigualdad de ingresos ha caído alrededor de dos puntos, tanto en el conjunto del país como en el interior de las provincias. Por el contrario, entre ellas ha aumentado cerca de un punto.

Si observamos el PIB per cápita en lugar de los ingresos, es decir, la actividad económica, la desigualdad también ha crecido, e incluso lo ha hecho a mayor ritmo. La fuerte concentración del producto nacional en la provincia de Panamá, que ya existía antes del período de expansión, se ha intensificado aún más desde entonces, acompañada, más recientemente, de Colón, debido a la mina de cobre.

En términos de producto per cápita, las provincias de Panamá y Colón están muy por encima del resto, las cuales ni siquiera llegan al 35% del promedio del país.

Panamá es hoy el segundo país con mayores desequilibrios territoriales de América Latina, lo cual resulta doblemente llamativo, habida cuenta de la dimensión del país.

Se esperaría encontrar grandes desequilibrios territoriales en países de gran tamaño, pero no tanto en un país pequeño, como es el caso de Panamá, que, además, no tiene grandes accidentes orográficos que dificulten los vínculos económicos entre sus territorios.

En Uruguay, por ejemplo, las desigualdades territoriales no llegan ni a una tercera parte de las que existen en Panamá.

En suma, puede decirse que en términos de desigualdad se han generado dos fuerzas opuestas en Panamá.

Una al interior de cada provincia, que ha favorecido la reducción de las desigualdades; otra, en sentido contrario, que ha aumentado las diferencias entre los habitantes de los distintos territorios.

Alcanzar mayores logros en la reducción de la desigualdad pasa, por tanto, por un mayor equilibrio territorial de la actividad económica del país; por expandir el dinamismo de la economía panameña más allá de la cuenca del Canal.

Conviene señalar, no obstante, que las fuertes diferencias territoriales no son la única razón que explica la persistencia de altas desigualdades en Panamá.

Otro factor que nos ayuda a entender este fenómeno se encuentra en el gasto social. Este es comparativamente bajo, casi tres puntos inferior al promedio de América Latina y cerca de la mitad de Chile o Uruguay.

Además, a diferencia de la región, donde ha aumentado, en Panamá ha permanecido relativamente constante en términos de PIB.

En cualquier caso, es importante que el crecimiento de Panamá en los próximos años tenga un carácter inclusivo, que incorpore a mayor población y territorios al éxito de un país que ha alcanzado la categoría de altos ingresos.

Carlos Garcimartín
Economista Jefe del BID | + artículos

Economista jefe del BID

Jhonatan Astudillo
+ artículos

Consultor del BID

martesfinanciero.com exclusivo como los socios de
Club La Prensa

Adquiere un plan de suscripción Hazte socio

Gracias por valorar y respaldar el periodismo responsable e independiente.

Olvidé mis datos de acceso / Quisiera recuperar mis datos