La nuevas lecciones de convivencia en propiedad horizontal que deja el 2020

Sonaron los últimos cohetes del años 2019 para su despedida y a la vez recibimos con alegría y entusiasmo el año 2020. Por ser número repetido muchos lo consideraron años de buena suerte. Hicimos planes profesionales y familiares con bastante anticipación, nos llenamos el corazón de optimismos y vimos el mejor panorama en todos los ordenes de nuestra vidas. Muy a los lejos oímos hablar de un problema en China, pero tan tan lejos de nuestro continente y de nuestras vidas que no le dimos importancia.

En Panamá, el 6 de marzo iniciamos el Primer Congreso Nacional de Propiedad Horizontal, todo un éxito, superando las expectativas del grupo organizador. Al terminar ese primer congreso, hicimos los planes para el segundo congreso. Diez días después el mundo había cambió radicalmente y de una manera que las presentes generaciones y hasta la de nuestros abuelos no habían vivido jamás. No hubo persona en que no fuera alcanzada por las noticias y la situación de salud del virus del covid-19.

La vida personal en la propiedad horizontal ha sido afectada en todos los ordenes, principalmente porque más de dos tercio de la población de las ciudades viven en este tipo especial de propiedad. Cambiaron muchas reglas, a la libertad individual se impuso la seguridad colectiva de la salud.

Debimos aprender nuevos códigos de conducta, nuevas reglas para relacionarnos, reglas para desplazarnos dentro de nuestro PH, aprender que por muy común que sean ciertas áreas, estás no forman parte de la unidad inmobiliaria privada y que no podíamos circular libremente por ellas.

Salió lo hermoso del ser humano y los feo de ese mismo ser humano. Entre lo primero, la solidaridad entre vecinos que muchas veces ni se relacionaban y entre lo segundo, el egoísta, el indiferente, el que viola las reglas, el que irrespeta a los seguridad, el que se cree inmune. El ser humano es de por si complicado, complejo, por lo general no sabe vivir en comunidad, pero tampoco puede vivir fuera de ella.

A medida que transcurrieron los meses, la vida en propiedad horizontal dejó de ser la vida conocida para transformarse en nuevas formas de conducta, de convivencia, de relaciones, comenzó a tomar un ritmo distinto, se comenzó a vivir una nueva normalidad a la cual todos sin excepción debimos adaptarnos y aceptar.

De ahí nacen las nuevas lecciones de convivencia, las cuales deben perdurar así termine esta pandemia. Pues han sido más las cosas buenas que las malas que no está dejando como seres humanos.

Nos demostró que todos somos seres humanos frágiles, expuestos a los mismos peligros y que la única forma de protegernos es la seguridad que cada uno de nosotros puede brindar a otro semejante.

Nos enseño que lo más valioso del ser humano es la vida en familia, a valorar las cosas pequeñas de la vida y no las grandes ambiciones.

Nos ha enseñado que estar más en contacto con nuestros hijos y nuestros padres es más valioso que una fortuna; que el amor más importante del ser humano está en su familia. Que es más importante la calidad del tiempo que la cantidad del tiempo; que podemos trabajar desde casa y ser también productivos. Esto último nos lleva a nuevas formas de trabajo, tan productivas o quizás más que pasar ocho o diez horas en una oficina.

Aprendimos a valorar al personal que nos da servicios, ese que cada día se traslada en transporte público para llegar el inmueble a ejercer con heroísmo sus labores diarias y que muchas veces las pasamos desapercibidas. Ellos también tienen familia, corren riesgo, pero cumplen con honor sus labores.

Nos dimos cuenta que son mal pagados, que no están bien protegidos, que necesitan protección al igual que nosotros y que no son un “algo” del inmueble, que son tan vitales como cualquiera de nosotros. De alguna forma nos equiparamos a ellos bajo los mismos riesgos y necesidades; aprendimos a ser empáticos con ellos.

Nos deja también este 2020 de pandemia otra importante lección: ser responsables con el pago de las cuotas de gastos comunes.

El inmueble sigue funcionando, sus necesidades ahora son mayores. No hay un presupuesto que haya contemplado medidas de bioseguridad permanentes. No solo hay que desinfectar permanentemente el inmueble y sus espacios comunes, hay que dar medidas de protección a sus usuarios y a su personal.

Las asambleas de propietarios virtuales se transformaron en un medio estándar, el inmueble como materialidad debe seguir funcionando, la persona jurídica denominada asamblea de propietario no está en pandemia y necesita actuar y ahora más que nunca debe tomar urgente decisiones.

En el segundo Congreso Latinoamericano de Propiedad Horizontal realizado en el año 2017 en Barranquilla mi disertación versó sobre ese tópico y dije que era una realidad que estaba por venir y que será inevitable, a pesar de no estar muy de acuerdo con ella, pues si normalmente los propietario son van a las asambleas presenciales, ahora tendrán excusas para no ir a las virtuales o simplemente no conectarse.

Como ventaja vi que se evitarían las discusiones personales y frecuentes y que bien llevadas podrían ser muy productivas, pero todo esto en el campo de la especulación en ese momento. Hoy tenemos las asambleas virtuales y mixtas, como una forma para que el inmueble siga funcionando, tome decisiones y lleve a cabo el destino previsto.

Aun quedan más lecciones por aprender, vendrán más y más y como seres pensantes nos adaptaremos y sobreviviremos que es nuestra principal misión en la tierra.