La cerveza y los estilos de vida saludable: ¿Son compatibles?

Dentro de las recomendaciones para llevar estilos de vida saludables, la nutrición, la actividad física y el evitar el consumo de bebidas alcohólicas son premisas con las que nos identificamos.

La nutrición, como ciencia relativamente joven, ha pasado por etapas en las que hemos “satanizado” algunos alimentos, “endiosado” otros y al final nos encontramos con la disyuntiva de qué debemos o no comer.

Si recordamos que la nutrición tiene leyes (completa, equilibrada, suficiente y adecuada) y las cumplimos, habremos descubierto lo más hermoso de la vida: el acto de alimentarnos con todos los nutrientes, en las proporciones adecuadas —por edad, estado de salud o enfermedad— y hacer de este proceso, un acto consciente de autocuidado, cuidado a los demás y darle valor como acto social.

Estudios científicos han evidenciado que la cerveza tiene propiedades que pudiesen ser beneficiosas para la salud. Su consumo moderado —volvemos a la ley del equilibrio— en dosis determinadas ha sido asociado con la disminución del riesgo de aparición de enfermedades cardiovasculares, osteoporosis y ciertos tipos de cáncer debido al contenido de polifenoles o sustancias con efecto antioxidante.

Las sustancias antioxidantes que contiene la cerveza son las isohumulonas, presentes en el lúpulo, confiriéndole su característico sabor amargo, y el xantumol. Por otra parte, el lúpulo se ha estudiado por sus efectos sedantes, pudiendo favorecer un mejor descanso y relajación. También la cerveza contiene vitaminas del complejo B y magnesio.

Recientemente se han empezado a hacer estudios para determinar el efecto que tiene sobre la microbiota y el sistema inmune. Se ha observado que puede actuar como inmunomodulador (sube las defensas), sobre todo en las mujeres.

En cuanto a las cantidades recomendadas, se estima que puede ser de 200 mililitros, unas 6 onzas aproximadamente, para las mujeres y no más de 400 mililitros, 12 onzas aproximadamente, para los varones. En este sentido es importante destacar que no es lo mismo poder tomarse una dosis considerada como terapéutica que beber toda esa cantidad de cerveza acumulada en una semana.

Si sabemos qué vamos a beber cerveza en la noche y queremos controlar las calorías que estamos consumiendo, desayunemos saludablemente. Por ejemplo: café, dos rebanadas de pan, huevo sancochado y una porción de fruta. Optemos por hacer un almuerzo ligero, por ejemplo, con una porción abundante de ensalada y la proteína de su preferencia al horno o a la plancha, como pollo, pescado, res o de origen vegetal, para evitar consumir azúcares simples y dulces. Para la cena, optar por opciones que no sean fritas y consumir abundante agua. Un hígado sano procesa en una hora 200 mililitros de cerveza. Por ello es importante beber sin prisa.

Una buena nutrición es un pilar fundamental para mantener estilos de vida saludables. El secreto: ¡el balance! Disfrutemos de cada sorbo y compartamos con nuestros seres queridos una buena conversación, un rato de sano esparcimiento, el regalo del presente y cuidémonos para vivir un mañana con salud y prosperidad.

Laura Turner

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