Hacia un nuevo capitalismo

Cuando Adam Smith publicó su libro La Riqueza de las Naciones en 1776, en el que comenta sus ideas  sobre la libre competencia y expresa que es el interés de cada persona por mejorar su propia situación la que conduce al bienestar general, posiblemente no tenía idea que se lo iba a recordar como el padre del modelo económico conocido como capitalismo.

Han pasado más de 200 años y si bien nadie discute que el capitalismo ha permitido la creación de riqueza, desarrollo y progreso para muchos países en diferentes lugares del mundo, hoy cuando se habla de capitalismo, muchos piensas no en un empresario que genera con su trabajo, capital y esfuerzo diario, empleos y productos y servicios necesarios para que la sociedad sea mejor, sino mas bien se piensa en un tipo como Bobby Axelrod, que encarna en la serie de ficción Billions al líder de un fondo de inversión   dispuesto a hacer todo lo necesario por tener más dinero y poder que sus rivales.  La interrogante que surge es: ¿qué ha pasado con el capitalismo?

John Mackey, uno de los fundadores de Whole Foods Market, y Raj Sisodia, investigador universitario en Babson College, fundaron el movimiento denominado Capitalismo Consciente. Esta filosofía corporativa en palabras de sus propios creadores, “es una forma de pensamiento empresarial más consciente de su propósito superior, de su impacto en el planeta y de las relaciones que tiene con todos los implicados y las partes integrantes”. Se basa en cuatro principios: el propósito superior; la integración de los agentes implicados; el liderazgo consciente; y una cultura y dirección conscientes.

Como no pretendo hacer aquí una apología del libro, el cual, sí recomiendo leer, permítanme centrarme en el punto referente a los colaboradores de las empresas conscientes —Capítulo 6 del libro Capitalismo Consciente—, el cual plantea interesantes y desafiantes ideas.  Un primer punto en el que me parece estamos todos de acuerdo es que las “empresas conscientes” buscan colaboradores interesados en un estándar conceptual más alto posible en comparación con lo que puede ofrecer un trabajo.

Es decir, que no sea solo un empleo por el cual yo como empleado doy unas horas y recibo a cambio dinero, una simple transacción comercial. Tampoco que sea solo una carrera con la que aspiro a ir asumiendo responsabilidades y por ende mayores ingresos, movido puramente por intereses personales.
Lo que buscan es que el trabajo sea una vocación que les “proporciona valor y satisfacción más allá del dinero. Nos conecta con algo por lo que sentimos pasión, algo que de verdad es necesario”.

En mi opinión, esto va más allá de una motivación intrínseca (disfruto lo que hago), sino es claramente tener una motivación trascendente: hago algo porque que es bueno y beneficioso para otros.  Tocan otros temas que suenan muy bien, pero sin duda no están libres de polémica. Por ejemplo, al reconocer que la selección y posterior retención del talento es un asunto crítico, su principal objetivo en el proceso de contratación es contar con personas que “creen en el propósito y que [se] sintonizan con los valores y cultura”.

Por eso, toda persona recién ingresada pasa por un periodo de prueba de 90 días al final de los cuales su contratación permanente pasa por la votación necesariamente a favor de al menos los 2/3 de sus compañeros.

En mi opinión, esta metodología suena interesante pero no está exenta del riesgo de que haya algún tipo de interés por parte de algunos compañeros capaces de sesgar la votación, o peor aun, que se use para justificar cierto nivel de autocomplacencia y quien pretenda romper esto no sea aceptado.

A Whole Foods Market por lo visto le funciona bien porque declara que para sus trabajadores de tiempo completo la rotación es menor al 10% anual.

Un último punto que vale la pena destacar radica en su política de evaluación interna y de desarrollo de carrera. Pareciera que no son admiradores del modelo de meritocracia. Es más, son bastante críticos con la política patrocinada por Jack Welch, legendario CEO de General Electric, quien cada año “engreía” al 10% de sus mejores colaboradores, cuidaba y motivaba al 80% siguiente e invitaba a buscar opciones fuera de GE al 10% de menor rendimiento.

Sobre esto, por ejemplo, los autores señalan: “si todos trabajan bien, no hay porque despedir a nadie”. Esto último sin duda suena bien, es lógico y deseable, pero ¿qué se hace si ese ‘trabajar bien’ está muy por debajo del rendimiento promedio de otros competidores?

El tema no es menor si pensamos que la productividad es una base importante de la generación de riqueza. El punto es que, para el capitalismo consciente, lo mas importante es la sostenibilidad y que en el largo plazo todo tenga un efecto positivo sobre las personas, por encima de la optimización absoluta de los resultados.

En mi opinión, el Capitalismo Consciente es un modelo que pone al empresario en el nivel que debió mantener siempre: un emprendedor dispuesto a arriesgar su capital, tiempo y esfuerzo por sacar adelante una empresa que a través de sus productos o servicios genera riqueza y bienestar para la sociedad.

Para hacer esta empresa sostenible en el tiempo necesitas tener en consideración a todos tus stakeholders, comenzando con tus colaboradores y clientes, sin olvidar a los inversionistas y la sociedad en la que operas.

Si solo te mueve el afán de lucro, sin importar formas ni fondos, tu actividad será insostenible y las tentaciones para jugar el partido como Bobby Axelrod estarán a la vuelta de la esquina. ¿Usted lector qué opina?