Felicidad y trabajo van de la mano

Al celebrarse el Día Internacional del Trabajo, y ante la situación actual de país que vivimos, se hace imprescindible reflexionar acerca del trabajo y la importancia de disfrutarlo y sentirse feliz, lo cual no es una utopía y mucho menos resultan términos incompatibles.

Muchos de nosotros invertimos gran parte de nuestra vida en la actividad laboral, dedicados con esmero y esfuerzo a cumplir nuestras funciones. Resulta imprescindible invertir estas importantes horas siendo felices, aun ante los retos, dificultades y situaciones particulares de nuestro entorno profesional, laboral y personal.

La buena noticia es que nuestra felicidad al trabajar está, en un alto porcentaje, en nuestras manos. Y aunque hay factores externos organizacionales de peso (cultura y ambiente, jefes, dinámicas de funcionamiento, políticas, etc.) que influyen en esa felicidad, es nuestra reacción ante esos factores lo que también determinará la felicidad que alcancemos.

En fin, debemos admitir que cada uno de nosotros tenemos nuestra propia responsabilidad con relación a la felicidad y bienestar en el trabajo. En muchos casos, de manera un poco equivocada, esperamos que sea la empresa la que nos proporcione dicha felicidad o satisfacción laboral, dejando en ella nuestra felicidad (similar al caso de relación de pareja: esperamos que el otro nos haga felices).

Abandonemos esas interpretaciones crudas de lo que representa el trabajo, y pensemos en el trabajo con sinónimos positivos.

Nuestras decisiones, forma de ver e interactuar con la vida, los hábitos que tenemos, nuestras relaciones y la visión que tenemos de nosotros mismos, acondicionan nuestros niveles de felicidad.

Ser feliz en el trabajo es posible . Para alcanzar la felicidad en el contexto laboral es de gran importancia un enfoque de justa perspectiva acerca del significado o sentido que le damos al trabajo, a nuestro trabajo.

Es comprensible que la concepción que tengamos del trabajo no sea la más positiva si nos remontamos al origen etimológico de este término que lo caracterizaba como tortura y sufrimiento (Roma, latín tripalium).

Abandonemos esas interpretaciones crudas de lo que representa el trabajo, y pensemos en el trabajo con sinónimos positivos y deseables que nos conduzcan a un estado interior de satisfacción, felicidad, bienestar o plenitud. Concibamos el trabajo como una actividad enriquecedora en experiencias, conocimientos, relaciones interpersonales y aplicación de talentos.

La definición del concepto de trabajo puede ser analizada desde perspectivas distintas: valoración del esfuerzo mental y físico realizado por un ser humano; uno de los tres elementos que determinan toda producción, como sucede con la tierra y el dinero; y ejecución de funciones, retribuidas económicamente, que tienen como objetivo la producción de bienes y servicios para atender las necesidades humanas.

El trabajo no constituye un fin en sí mismo, sino que es un instrumento para conseguir otro fin: el sostén de un hogar, la crianza de los hijos, la mejora material, pero también nuestra propia autorrealización. En este sentido, el trabajo es un modo de hacer digna y ennoblecer nuestra propia existencia para vivir bien, pasando ese nivel rígido de sobrevivencia y subsistencia.

Considero que independientemente de las circunstancias particulares de nuestro trabajo, exceptuando casos extremos, por supuesto, todos tenemos la posibilidad de hacer que este aporte a nuestra felicidad en la vida.

Esto puntualmente significa, nuevamente, que somos nosotros mismos los que a través de nuestros pensamientos, actitudes y comportamientos, somos capaces de influir en la felicidad que se experimenta en la organización.

Sí es posible ser feliz en el trabajo, y te propongo algunas reflexiones para que lo logremos: trabajemos en lo que realmente disfrutemos, desarrollemos nuestros talentos, seamos optimistas, rodeémonos de personas positivas, descubramos nuestro propósito de vida, seamos flexibles frente a los cambios, seamos resilientes, identifiquemos y logremos metas, y aprovechemos el momento presente.

En la medida en la que avanzamos en cada uno de estos factores, la satisfacción y el éxito en el trabajo se ven significativamente incrementados, y también la sensación de plenitud y felicidad general de vida.

Lograr ser feliz al trabajar no es cuestión de suerte, ni es tan fácil. Hay que invertir tiempo a pensar, reflexionar, asumir cambios, actuar y despojarnos de creencias limitantes e irreales acerca de lo que es el trabajo.

Trabajemos para vivir y así disfrutar todo lo bueno que hay en la vida.

La felicidad en el trabajo debe posicionarse como uno de los temas de mayor relevancia para todos los actores del entorno laboral. Debemos aprender a gestionar de manera efectiva nuestra felicidad en el trabajo.

Igualmente, las empresas han de facilitar este aprendizaje vital y atinada introspección (no olvidemos que por lo general colaboradores más felices presentan un mayor rendimiento y logran mejores resultados).

En un artículo leí el siguiente mensaje: reivindiquemos el valor del trabajo honrado y volvamos a creer en el sano esfuerzo que debe sustentarlo.

Les comparto estas cinco frases que nos ayudan a dar valor al trabajo:
• Si cuesta trabajo el trabajar, piensa cuánto te costaría el no trabajar.
• Busca siempre un quehacer; cuando lo tengas no pienses en otra cosa que en hacerlo bien.
• El mejor remedio contra todos los males es el trabajo.
• El pan más sabroso y las comodidades más gratas son las que se ganan con el propio esfuerzo.
• El trabajo hecho con gusto y con amor, siempre es una creación original y única.

Mi reconocimiento y agradecimiento a cada trabajador panameño en este conmemorativo Día Internacional del Trabajo. Les extiendo una invitación sincera a que sigamos entregándonos a esta gratificante actividad con pasión y entusiasmo.

Demos lo mejor de nosotros mismos para sentirnos satisfechos y con esa sensación de felicidad que contribuye a un mejor hogar, comunidad y a un país más justo, equitativo y en paz.

¡Adelante la pica y la pala,  al trabajo sin más dilación!

Roberto Moreno De León

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