En la economía de la República de Panamá del siglo XXI, la educación superior es clave

En la economía de la República de Panamá del siglo XXI, la educación superior es clave

Panamá está situado en el centro del mundo, o por lo menos en el centro del Hemisferio Occidental. El Canal ofrece evidencia simbólica de esto. Construido hace más de 100 años, el enlace acuático es esencial para el comercio global y la economía panameña, la cual se basa en servicios bancarios, legales, de seguros, transporte y turismo. La logística vinculada con el Canal y la ubicación geográfica del país son básicas para todos estos negocios.

En años recientes Panamá se ha convertido también en un hub aéreo importante conectando América del Norte y América del Sur. Todos estos motores económicos tienen algo en común: requieren una fuerza laboral altamente formada con habilidades basadas en conocimientos sofisticados. Sin embargo Panamá tiene uno de los sistemas educativos más débiles de la región y poco reconocimiento de que el pensamiento crítico es fundamental para el futuro de la nación.

A pesar de esto, Panamá ha avanzado sorprendentemente bien hasta la fecha. El crecimiento económico en la última década muestra un promedio anual de 7% y el desarrollo infraestructural de la ciudad de Panamá ha sido impresionante. Aun sin las inversiones apropiadas y necesarias en la educación, Panamá ha crecido exponencialmente en términos físicos, financieros y comerciales. Pero no es probable que esta trayectoria sea sostenible.

A Panamá le gusta compararse con Singapur. Ambos países tropicales cuentan con poblaciones pequeñas y diversas, recursos físicos limitados y una posición global privilegiada que ha facilitado la creación de valiosos nichos basados en los servicios internacionales.

La diferencia es que desde el principio Singapur ha cultivado la educación para promover el crecimiento económico y el desarrollo sostenible, ambos basados en gran parte en los recursos humanos. Panamá, no. De hecho, este país es más similar a los Emiratos Árabes Unidos, el cual dependió por años de un solo recurso natural y reconociendo relativamente tarde la necesidad de diversificar la economía y comenzando a hacerlo con una sobredependencia en talento y productos importados. Solo en años recientes se han dado cuenta de la importancia de fortalecer su sistema educativo para mejor preparar su fuerza productiva nacional. Ojalá que Panamá tome nota.

Dificultades

Igual que muchos países latinoamericanos, Panamá ha bajado el financiamiento y ha descuidado las necesidades de sus escuelas. La inversión que sí ha hecho se ha concentrado en cobertura mas no en aprendizaje. Como resultado, las escuelas públicas son, en general, de baja calidad e incapaces de proveer a sus jóvenes las habilidades básicas necesarias para seguir a la educación postsecundaria o participar directamente en una economía basada en servicios. Aquellos que pueden asumir el costo, mandan a sus hijos a escuelas privadas para prepararlos para mejores oportunidades de empleo. Esto ha contribuido a altos estándares de desigualdad económica en la República y una estructura social más y más polarizada.

Los sectores de educación superior y investigación han sido particularmente perjudicados, mal gestionados y desnutridos. Como consecuencia, la calidad de la educación superior pública es bastante débil. Similar a lo que ha ocurrido en los niveles primarios y secundarios; los proveedores privados y otros programas no gubernamentales han entrado al mercado para intentar tapar los vacíos. Aunque ahora hay una sobreabundancia de universidades en Panamá, pocas son de calidad razonable y ninguna se acerca los estándares de instituciones mundiales.

Estas tampoco se comparan favorablemente con otras instituciones latinoamericanas. No es sorprendente dada la asignación tan modesta de recursos. Panamá invierte solo 0.7% de su producto interno bruto (PIB) en la educación superior, menos que la mitad del porcentaje invertido por Estados Unidos y otros países de la OCDE.

La mayoría de esta inversión va a la Universidad de Panamá (UP), el centro de educación superior público más grande del país. También notorio por su historia de corrupción, administración ineficiente y currículo obsoleto. En investigación nacional, Panamá invierte menos de 0.2% del PIB o alrededor de 20 veces menos en promedio que los países de la OCDE. La base panameña de recursos humanos académicos es otra limitación al desarrollo de la investigación. Solo el 2% de la población tiene una maestría, mientras un mero 0.3% posee un doctorado.

Panamá lucha contra un ambiente legal altamente burocratizado y politizado que restringe la innovación y el desarrollo a todos los niveles. El Ministerio de Educación es la más grande y disfuncional de todas las agencias gubernamentales. La Constitución Nacional pone toda la autorización para la programación universitaria bajo el control directo de la UP, y el Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria de Panamá (Coneaupa), presentado en 2006, justo ahora está comenzando a establecer una presencia en el sector. El efecto negativo de estas múltiples debilidades es inmenso.

Recursos

Aun así, Panamá también tiene varios recursos importantes que podría aprovechar mejor para revertir estas tendencias decepcionantes. La Ciudad del Saber, una zona libre académica–económica ubicada en la antigua Zona del Canal, es un recurso valioso y poco utilizado. Esta área es la base del centro de Naciones Unidas para América Latina y el Caribe y muchas otras organizaciones internacionales y de varios centros de investigación, escuelas y universidades extranjeras, incluyendo una sucursal de Florida State University de Estados Unidos.

La mayoría de estas instituciones cuentan con pocos profesores permanentes, dependen de instructores de tiempo parcial y llevan a cabo poca investigación. Pero aun así ofrecen un complemento internacional al sistema nacional de educación superior.

Por ley, la Ciudad del Saber está libre de la regulación del Ministerio de Educación y de la UP, una ventaja enorme, y contiene la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt), la entidad autónoma encargada de promover la investigación científica y la innovación panameña. Senacyt opera con presupuestos y recursos humanos limitados, pero en los últimos años ha empezado a institucionalizar protocolos y procesos para la promoción de actividades investigativas.

Otra entidad autónoma público–privada ubicada en la Ciudad del Saber es el Indicasat, el primer centro panameño de investigación biomédica. Indicasat está logrando avances importantes en la investigación, el entrenamiento de doctorados y el desarrollo de capacidades nacionales. Mucho de esto en conjunto con importantes socios internacionales.

Podría hacerse más con estos activos de la Ciudad del Saber con más apoyo del Gobierno y del sector privado. Y con más colaboración estratégica entre las varias instituciones de la Ciudad del Saber, se podría incrementar la productividad.

Mejor futuro

El camino hacia una educación superior relevante y de alta calidad en Panamá es duro mas no imposible. Tres elementos macro y varias otras iniciativas son claves para seguir adelante. Antes que nada existe una necesidad de que el Gobierno y la sociedad reconozcan la importancia de la educación superior para el desarrollo sostenible del país.

Segundo: es urgente desarmar los obstáculos políticos, legales y burocráticos endémicos en los sistemas de la nación. Debemos retirar a la UP de la responsabilidad de supervisar toda educación superior y separarla del sistema de evaluación y acreditación.

Tercero: la provisión de recursos adecuados a la educación superior es de importancia vital, y la economía de Panamá deja que el país tenga más que suficiente para invertir en el desarrollo de instituciones e investigaciones de calidad que sirvan a las necesidades económicas y sociales de la nación. Minimizar esta obligación, especialmente dado el éxito económico de Panamá, sería irresponsable y miope.

El sector privado puede jugar un papel clave en el desarrollo de la educación superior panameña, y varias instituciones ya lo están empezando a hacer en diferentes maneras. Para toda institución, los controles relevantes de calidad y la autonomía son imprescindibles para innovar, aunque ninguno de estos está bien gobernado en este momento.

Finalmente: la internacionalización es igualmente importante al futuro académico de Panamá, como ha sido para su desarrollo económico y debería ser avanzado de la misma manera. Socios institucionales potenciales para la educación superior e investigación son diversos y disponibles en todas partes del mundo. Lo que se requiere del lado panameño es más planificación estratégica, inversión adicional y un esfuerzo para impulsar el país en esta dirección.

La Ciudad del Saber es un activo nacional bien posicionado para avanzar esta agenda y debería ser mejor utilizado a este fin. Panamá siempre ha sido un cruce de caminos crucial regional y global. Utilizar esta ventaja geográfica para empujar y transformar sus sectores de educación superior e investigación es de máxima importancia y debería ser una prioridad nacional.

 

Nanette A. Svenson

Consultora en educación y desarrollo global basada en Panamá.

 

Phillip G. Altbach

Profesor investigador y director fundador del Center for International Higher Education en Boston College.

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