El poder de la visibilidad en la cadena de suministros

¿Cómo resolvemos un problema que no sabemos que tenemos? La respuesta es que no podemos o al menos es casi imposible. La velocidad de los cambios en los patrones de consumo que vivimos forzados por acelerados cambios radicales en la forma de hacer las cosas o como ahora les llamamos, disrupciones, ponen a prueba la fortaleza de las organizaciones, su capacidad de ajustarse al cambio, a su recurso humano, los valores y objetivos bajo los cuales fueron fundadas así como la capacidad y calidad de los líderes que las administran.

Dicen que las disrupciones son causadas por dos elementos una crisis la cual puede ser de diversos tipos: desastre natural, guerra, huelgas, terrorismo, cambios políticos o económicos y por supuesto una pandemia, este tipo de crisis era casi ignorada en los planes de contingencia y continuidad de negocio, o bien era la última preocupación de las empresas. Sin embargo desde hace muy poco está de número uno en los mismos.

La segunda causa de una disrupción es la tecnología o los cambios creados por ésta, la cual a través de los años ha ido transformando al mundo a una velocidad la cual veces siquiera percibimos.

Hoy vivimos algo así como la tormenta perfecta de las disrupciones en la que una crisis sanitaria global nos obligó a cambiar nuestro estilo de vida y una explosión de acelerados cambios tecnológicos e innovación ocurren segundo a segundo en la mayoría de los casos para nuestro beneficio.

Ahora debemos utilizar mascarillas y demás material protector para evitar contagiar y contagiarnos, con el aumento sin precedentes en la demanda de éstos artículos se convirtieron en un preciado producto el cual permitió generar ganancias astronómicas a sus fabricantes e intermediarios.

Además, se abrió la puerta para que también se introdujeran artículos falsificados o bien de dudosa procedencia, los cuales no ofrecen la protección que requerimos o bien no son lo que dicen ser, al no conocer su origen o composición verdaderos pagamos al precio que el mercado nos ofrece y confiamos que estamos adquiriendo un producto que nos protegerá del temido contagio.

Según cifras de la Organización Mundial de la Salud y entidades relacionadas, al menos el 30% de los insumos médicos que consumimos en América Latina son falsificados, sin mencionar las altas cifras de personas que enferman producto de ingerir alimentos contaminados o bien utilizar artículos hechos con materiales textiles que pueden generar riesgos de salud, todo esto sucede porque tendemos a confiar en lo que el vendedor o la información en el empaque, y no nos preocupamos por saber si es cierto, asumimos que pasó por los controles pertinentes.

La confianza inicia con la visibilidad, la visibilidad nos la da la transparencia de la información y ésta viene de la capacidad de aplicar trazabilidad a un producto o bien una cadena de suministros específica.

En un canal de comunicación hablar el mismo lenguaje es básico, no se puede establecer una conversación efectiva si los interlocutores hablan idiomas diferentes, parece simple sentido común, sin embargo esta condición no siempre se da en las cadenas de suministro, en estas ocurren procesos críticos que deben ser registrados y éstos datos registrados deben contener elementos o atributos de información que permitan su lectura y su debida interpretación por otro participante en la cadena permitiendo saber que ocurrió en ese punto o eslabón de la misma, es decir saber que, quien, cuando, donde y porque ocurrió dicho proceso.

Ya sea la cosecha de una lechuga, el manejo de una vacuna o la fabricación de una mascarilla hasta el pase de un contenedor por un puerto o control aduanero todos son procesos que deben ser registrados apropiadamente y compartidos.

Para facilitar la comunicación entre todos los eslabones de la cadena y permitir su debida identificación, captura, intercambio de información y utilización existe un lenguaje único en el mundo el cual es aplicado a través de estándares, éste “idioma” es administrado mundialmente por una organización global sin fines de lucro llamada GS1 que se encarga de su custodia, enseñanza y mejora continua en base a los requerimientos del comercio y la humanidad.

Con la utilización y comprensión de estos estándares los gobiernos, las entidades de salud, aduanas, agricultura, seguridad, puertos y aeropuertos empresas privadas de toda índole e incluso a nivel personal pueden hacer validaciones de origen y demás atributos de un producto, los que nos permite confiar que lo que adquirimos o consumimos es lo que dice ser.

Hoy en día existen herramientas tecnológicas tremendamente avanzadas capaces de no solo capturar, interpretar y compartir los hitos o estatus de un proceso sino que integrar la información generada por todos los participantes en una cadena de suministros, desde el fabricante hasta la entrega del producto al cliente final, éstos sistemas son llamados Torres de Control ya que ofrecen visibilidad pero mucho más allá del horizonte permitiendo rastrear y ubicar el producto dándole a las partes interesadas información confiable acerca de la misma, con ésta información se pueden tomar decisiones en caso de un cambio abrupto en la ruta, se pueden detectar manejos inadecuados de la carga entre muchos otros elementos relevantes para el movimiento de la misma.

En nuestra región son muy pocas las integraciones a este nivel; sin embargo nos encontramos en la implementación de una que tal vez sea la primera en su clase.

Cada día se hace más relevante tener información correcta en el momento requerido, información que genere confianza, información que puede evitar grandes afectaciones de salud pública o hasta económicas. Recordemos que la base de esa información es poder intercambiar datos entre diferentes actores y para ello los datos deben estar “escritos” en el mismo lenguaje, sino seguiremos operando en silos de información y pagaremos el costo de ello.

El autor es estratega de la cadena de suministros con más de 20 años de experiencia en operaciones logísticas de distribución regional y servicios de valor agregado para empresas globales.

Foto principal de Markus Distelrath en Pixabay