El mercado común iberoamericano que impulsa la tecnología

El mercado común iberoamericano que impulsa la tecnología

Las grandes empresas de la región se han convertido desde entonces en uno de los actores más relevantes, por la vía de los hechos, de la integración económica regional moviendo capitales, servicios, productos, y también profesionales, entre los países del subcontinente.




Durante la última Cumbre de las Américas el presidente Joe Biden anunció la creación de la Alianza para la Prosperidad Económica en las Américas cuyo objetivo, según el propio comunicado de la Casa Blanca, es " la recuperación y el crecimiento de la economía de nuestro hemisferio, y ofrecer resultados a nuestros trabajadores”. Un nuevo acuerdo regional, en el que queda todo por definir, que se uniría a la miríada de intentos regionales de integración política y colaboración económica impulsadas desde finales de los años 50 y que abarcan todo tipo de instituciones con estructuras de lo más diversas.

Desde las más etéreas como la Alianza del pacífico, que no cuenta con estructura ni secretaría propia, y que afirma haber eliminado el arancel al 90% de los productos que se comercian entre los cuatro países miembros, hasta otras como el Mercosur, más institucionalizada pero cuyos avances en la creación de una zona de libre comercio o de una unión aduanera son limitados y con conflictos recurrentes.

Otras iniciativas para impulsar la integración económica de la región son la zona de libre comercio impulsada por la CAN (Comunidad Andina) desde hace 50 años, la centroamericana SICA entre cuyos objetivos están la creación de una unión aduanera , el SELA un organismo cuyo objetivo es promover un sistema de consulta y coordinación para concertar posiciones y estrategias comunes de América Latina y el Caribe, o ALADI cuya finalidad es la convergencia progresiva de acciones parciales hacia la formación de un mercado común latinoamericano.

No hay olvidar tampoco el proyecto del ALCA que se concibió en la primera cumbre de las Américas, pero no llegó a nacer, ni a su antagonista el agonizante ALBA cuya escasísima actividad se limita a declaraciones política de apoyo a los países autocráticos que la componen y su posterior publicación en la web del organismo.

Tanta actividad política y diplomática por parte de los Estados latinoamericanos, y por las entidades creadas para promover la integración económica regional, no ha generado por el momento resultados comparables a las iniciativas similares de Asia o Europa. Con la excepción del tratado de libre comercio entre Canadá, EEUU y México, que paradójicamente solo cuenta con un miembro iberoamericano.

Según un informe del propio Banco de desarrollo de América Latina (CAF), uno de los tres bancos multilaterales de la región junto con el BID y la BCIE, el comercio intrarregional entre países de América Latina se mantiene en el entorno del 15% de las exportaciones , muy lejos de la Unión Europea donde supone el 60% o de la comunidad asiática del ASEAN con un 35%. De hecho, a nivel regional las exportaciones al resto del mundo han crecido en las dos últimas décadas a mayor rapidez que el comercio interno.

Multilatinas y tecnolatinas impulsan la integración económica regional

Esto no significa que el comercio y la integración regional no hayan progresado en las últimas décadas. Las reformas económicas aperturistas de los años 80 y 90, la tendencia mundial hacia la globalización hasta la pandemia del COVID y las nuevas infraestructuras físicas y digitales de la región hicieron posible un aumento de los intercambios a distintos niveles.

A estos factores se le unieron los acuerdos de libre comercio e inversiones bilaterales, así como los concebidos a través de las instituciones regionales anteriormente citadas, que facilitaron la creación de las primeras “multilatinas”. Un término acuñado en ese periodo para designar a aquellas empresas de gran tamaño operando en dos o más países latinoamericanos. Cementeras, bancos, grandes almacenes, empresas de energía y constructoras son algunas de las más destacadas según informe como los elaborados por Boston Consulting Group (BCG )o América Economía.

Las grandes empresas de la región se han convertido desde entonces en uno de los actores más relevantes, por la vía de los hechos, de la integración económica regional moviendo capitales, servicios, productos, y también profesionales, entre los países del subcontinente.

Ya en el último lustro, las tecnolatinas se han sumado a esta tendencia, pero de una forma más rápida y con mayor intensidad aún. A las pioneras como Globant, Softtek, Mercadolibre, Totvs o Stefanini se han unido en la última década muchas startups, algunas de ellas convertidas ya en “unicornios” valorando en más de 1000 millones de dólares, que abordan Latinoamérica como un mercado común digital.

El informe Tecnolatinas de Ignacio Peña y publicado por el BID LAB identificaba en 2021 más de 1005 startups latinoamericanas con capital superior al millón de dólares, de las cuales 340 (34%) tenían una estrategia de mercado regional o global. Una de cada tres startups tiene en sus genes atender al mercado regional, y no solo el local. Según el mismo informe, este enfoque de mercado digital común tiene el beneplácito de los inversores ya que estos emprendimientos tecnológicos con una propuesta de valor supranacional captan el 56% del venture capital, casi el doble que las que apuestan por centrarse en su mercado de origen.

Un análisis de los “unicornios” regionales ofrece el mismo resultado. Prácticamente todos cuentan con operaciones en dos o más países de la región, siendo Brasil, México, Colombia y Argentina los mercados donde unicornios están operando, generando un mercado latinoamericano digital, de facto, común.

Hay muchos ejemplos como Habi, la proptech colombiana opera también en México, la mexicana Nowports tiene oficinas en Chile Colombia, Brasil, Perú, Uruguay y Panamá, la plataforma de pagos Kushki opera en cinco países o Rappy que se ha convertido en líder regional. ¿Están logrando las tecnolatinas, las startups y las scaleups latinoamericanas una integración de los mercados en la región de una forma más rápida que los instituciones multilaterales?

Comunidad Latinoamericana de Economía Digital

La Unión Europea es reconocida como el proceso de integración económica y política más exitosa y de mayor profundidad de la historia reciente realizada por vía pacífica, hasta haberse convertido en ejemplo a seguir por otras iniciativas que tienden a verla como modelo a imitar.

Sin embargo, no siempre se recuerda que la actual UE tuvo su germen en la muy concreta y sencilla Comunidad Europea del Acero y el Carbón en 1951. Un mercado común de seis países limitado a dos productos estratégicos y cuyo principal objetivo era principalmente evitar la guerra y facilitar la reconstrucción.

Muchas de las iniciativas de integración latinoamericanas han copiado el modelo de la UE, como el Mercosur que igual que la UE cuenta con parlamento e incluso unos fondos de convergencia para facilitar la integración regional organizada desde “arriba” es decir desde los gobiernos y los Estados. Al igual que Mercosur, otras iniciativas regionales han intentado crear uniones económicas y políticas completas, con un grado de complejidad alto por la vía rápida.

¿Tendría más posibilidades de éxito una integración regional que comenzase por una integración sectorial concreta y más sencilla entre los países de la región, como hizo Europa en 1951 con el carbón y el acero y que permitiese a futuro estructurar una comunidad más amplia?

Resulta extremadamente difícil dar respuesta a esta cuestión. Aunque quizás no tanto detectar cual sería el sector óptimo para una iniciativa de este tipo: con bastante probabilidad sería la economía digital.

Hay varios motivos para pensar en ello. En primer lugar, las tecnolatinas son ya una realidad. Miles de empresas, desde desarrolladores de software, pasando por comercios electrónicos, aplicaciones y otros tipos de emprendimientos basados en la tecnología operan en varios países de la región al mismo tiempo.

Adicionalmente, y a pesar de las diferencias entre países, tanto las empresas como los usuarios finales de las tecnologías comparten un lenguaje común o similar y unas necesidades cercanas entre sí, y muy diferentes a las de otras regiones como Europa o EE.UU.

No menos importante desde un punto de vista político es que se trata de un mercado emergente, en rápido crecimiento, en la que gran parte de la legislación, como las leyes de protección de datos, o los impuestos tecnológicos están desarrollándose en estos momentos.

Esto podría hacer más fácil para una hipotética Comunidad Latinoamericana de Economía Digital crear leyes, acuerdos y estándares comunes en aspectos como la propiedad de datos, regulación de IA, del coche autónomo o sobre el IoT (Internet of Things) u otros aspectos para toda la región desde el comienzo, cuando aún están en fase embrionaria, que unificarlos a posteriori a partir del enfoque ya ejecutado en 27 mercados diferentes.

También hay que olvidarse la creación de un mercado (realmente) común con impuestos, estándares y leyes similar formado por 500 millones de consumidores digitales ofrecería a la región la posibilidad de poder tratar a las grandes tecnológicas en un marco de mayor equilibrio. Así como la oportunidad de impulsar el desarrollo de una mayor cantidad de unicornios y campeones digitales latinoamericanos que puedan competir en una economía global que será digitalizada, o no será.

Las experiencias de integración regionales no ofrecen muchas esperanzas en que un proyecto de este tipo puede concretarse. Aunque también hay señales positivas. Desde el pasado 1 de enero de 2022 los países de la Comunidad Andina han eliminado los cargos por roaming a los 111 millones de habitantes de los países que la integran. Por el momento, los emprendedores y profesionales tecnológicos de la Comunidad Andina ya no tendrán que afrontar costes cuando se desplacen dentro de este bloque económico.

Este artículo fue publicado anteriormente en MIT SLOAN REWIEw https://mitsloanreview.mx/colaborador/impulsar-un-mercado-comun-iberoamericano/

Igor Galo

Director de comunicaciones de IE Business School para Latinoamérica
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