El impulso de unas Fintechs cada vez más globales

El contexto de la creciente digitalización de todos los sectores de la economía está produciendo fuertes disrupciones que han cambiado el mapa de prácticamente a todas los sectores a nivel global, en un periodo de tiempo muy corto.

Al mismo tiempo, las fronteras entre las industrias se han difuminado, permitiendo que actores que iniciaron sus actividades en un área concreta, hayan ido expandido muy rápidamente su ámbito de actuación hasta ofrecer, por ejemplo, servicios financieros, antes reservados a los  bancos tradicionales.

Empresas como Amazon, Google, Apple o Facebook (las llamadas Big Techs) están pasando a ser compañías que abarcan el más amplio espectro de actividades económicas.

Sin embargo, la innovación en la provisión de servicios financieros de la última década no se entendería sin el impulso y emprendimiento de compañías de menor tamaño, pero elevada ambición, que han ido surgiendo, especialmente desde 2007, las llamadas Fintechs,

Dentro de los factores que a nivel global supusieron el despegue de las Fintech, están la simultánea madurez de determinadas tecnologías (Big Data, Inteligencia Artificial, capacidad de procesamiento, tecnología en la nube, etc.) y el contexto regulatorio y de mercado surgido a raíz de la crisis financiera.

Ambos factores actuaron, por diversas razones, de manera mucho más rápida en las principales economías mundiales (Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, etc.), haciendo de estos países los principales valedores y motores de Fintech.

Posteriormente, algunos países consiguieron convertirse por méritos propios en verdaderos líderes punteros en el desarrollo de soluciones y en la rápida adopción de éstas. Cabe destacar el dinamismo y la rápida adopción de Fintech en países como China, India, Singapur y Australia.

La relación de las Fintechs con la banca tradicional ha ido evolucionando en el tiempo. De un contexto inicial en el que podría decirse que los bancos incluso ignoraron la aparición de estas startups, por considerarlas pequeñas y no muy relevantes como competidores, la banca pasó progresivamente, y generalizando, a considerarlas competidoras en ciertas actividades.

La reacción, en muchos casos, fue la adquisición de algunas de estas compañías por parte de los bancos, en un intento también de acelerar con ello los procesos de innovación internos. Algunas de estas experiencias iniciales de integración resultaron complejas, especialmente por las diferencias culturales entre la banca tradicional y los nuevos jugadores.

De manera más reciente, hemos visto como, cada vez más, los bancos a nivel global ven en las Fintechs un potencial colaborador. Es más, las alianzas entre bancos y actores provenientes del mundo de la tecnología son cada vez más variadas, dando lugar a un complejo mapa de relaciones y acuerdos (con Fintechs, proveedores de tecnología, fabricantes de móviles, empresas de reparto a domicilio, etc.)

Por otro lado, las políticas públicas y las actuaciones de reguladores y supervisores no están siendo ajenas a todos estos acontecimientos. El objetivo tradicional del regulador y supervisor es potenciar la integridad de los mercados, la protección a los consumidores y la estabilidad financiera.

No obstante, cada vez más, supervisores de todo el mundo están viendo cómo la utilización de tecnologías y su adecuada aplicación en los servicios financieros puede permitir alcanzar en muy breves periodos de tiempo objetivos ambiciosos en términos de inclusión financiera, reducción de costes y acceso a mejores y más variados servicios por parte de los consumidores.

Por las anteriores razones, se han intensificado las actuaciones de los supervisores para fomentar y facilitar la innovación. Entre las herramientas más comúnmente utilizadas para lograr este fin están: los sandbox regulatorios, las oficinas de innovación, el uso de soluciones de tecnologías por parte de los propios supervisores (que se ha agrupado bajo la denominación de Suptech), los cambios regulatorios y la cooperación internacional.

Precisamente, en este ámbito de cooperación internacional y con objeto de dar unos principios homogéneos a estas actuaciones, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial publicaron bajo cuatro grandes objetivos los principales guías que deben seguir las actuaciones de supervisoras y reguladores en estos cambios.

Estos cuatro objetivos son:

  1. Fomentar un ambiente que permita aprovechar las oportunidades que brinda la tecnología,
  2. Fortalecer los marcos regulatorios del sector financiero,
  3. Hacer frente a potenciales riesgos
  4. Reforzar la resistencia de los mercados financieros y profundizar en la cooperación internacional.

De todos los anteriores factores, se desprende un ambiente muy positivo para el surgimiento y desarrollo de nuevos emprendimientos en Fintech. Es más, la ambición de estas compañías es cada vez más global.

La reciente celebración del Fintech World Challenge en la Ciudad de Saber en Panamá es un ejemplo, no sólo de programa exitoso para la detección de algunos de los proyectos más innovadores, sino muy especialmente del claro interés que compañías de muy diverso origen geográfico (aplicaron Fintechs de más de 12 países), tienen por posicionarse en un mercado de elevado potencial para convertirse en hub regional, como es el caso de Panamá.

Luis Maldonado

Profesor IE Business School