Conozca los desafíos que enfrenta la banca panameña en el 2021

Conozca los desafíos que enfrenta la banca panameña en el 2021

El regulador bancario ha venido aplicando una variedad de medidas regulatorias y de supervisión a fin de proteger la estabilidad financiera del sistema. Corprensa /Elysée Fernández


El desafío de los bancos para este año 2021 es tener claras las expectativas de recuperación y conocer la evolución puntual del flujo de caja de sus clientes, continuar apoyando a las empresas a esquivar la crisis.

El sector bancario juega un papel vital en la reactivación económica, generando soluciones bien estructuradas y sostenibles para aquellos clientes que se encuentren afectados por la crisis sanitaria. El Estado también debe ofrecer condiciones como facilitador entre los agentes económicos con políticas públicas orientadas a estimular la economía.

En la actualidad, según información presentada por el regulador bancario, se refleja una caída de las utilidades de la banca, no obstante, ello no ha afectado la solvencia y liquidez del Sistema Bancario. Sí se muestra una disminución de los ingresos por operaciones y también un aumento de gastos de provisiones a raíz de la pandemia.

Se han actualizado los modelos de pérdidas esperadas bajo NIIF 9 para cubrir los riesgos inherentes y fortalecer la gestión del riesgo de crédito, también la constitución de provisiones específicas en conformidad a la regulación vigente bajo el Acuerdo 4-2013 sobre la cartera de crédito, reflejando gestión conservadora y prudencial para contrarrestar los efectos adversos potenciales sobre la cartera de préstamos, derivados de la situación del Covid-19.

El regulador bancario ha venido aplicando una variedad de medidas regulatorias y de supervisión a fin de proteger la estabilidad financiera del sistema, brindando herramientas para modificar los términos y condiciones originalmente pactados en los préstamos bancarios, y permitir periodos de gracia, cambios en los plazos y ajustes en las tasas de interés de aquellos créditos impactados por la crisis sanitaria (e.g. créditos modificados).

No obstante, el desafío estructural prevé agudizarse con el previsible incremento de la morosidad, lo que resulta en que la calidad de la cartera se pueda deteriorar, la probabilidad de incumplimiento sea mayor, se aumenten las provisiones con impacto directo en la cuenta de resultados y la rentabilidad de la entidad bancaria se afecte.

Con ello en mente se debe poner atención a la capacidad de los bancos en la absorción de pérdidas lo cual se relaciona directamente con el deterioro en la calidad de las carteras y la presión que puede darse en el sistema bancario. El impacto se puede producir en aquella concentración de carteras a largo plazo y carteras colocadas en sectores y segmentos de alto riesgo crediticio, debido a que las estimaciones pueden ser más complejas y cualquier diferencia en los juicios y supuestos puede generar un incremento importante en las provisiones.

El desafío de los bancos para este año 2021 es tener claras las expectativas de recuperación y conocer la evolución puntual del flujo de caja de sus clientes, continuar apoyando a las empresas a esquivar la crisis, observar el desempeño del sector de la empresa en la actividad económica que se desenvuelve, la capacidad y fuente de repago, aunado a otras variables cualitativas y cuantitativas que aseguren una mejor calidad de la cartera, a fin de evitar el costo del riesgo de impago.

Si bien los bancos han establecido mayores provisiones para estar mejor preparados en el contexto actual, es importante revisar los modelos de gestión del riesgo de crédito, la capacidad de pago de los deudores, mantener políticas de crédito cautelosas con el desafío de administrar la calidad de sus carteras.

A fin de impactar favorablemente la rentabilidad del banco, la calidad de la cartera y evaluar la liberación de provisiones es importante llevar a cabo reestructuraciones financieras que optimicen los pasivos, principalmente las deudas y aseguren el repago de las obligaciones comprometidas.

Se debe apoyar y asesorar a los clientes que están enfrentando dificultades y deterioro en su operación, manteniendo el alcance de estabilizar el flujo del negocio y mejorar la estructura de capital.

El proceso debe constar de un diagnóstico ágil, análisis e implementación de medidas rápidas que busquen reestructurar la deuda de forma sostenible, donde se identifique capacidad de pago y se defina una estrategia de financiamiento adecuada. El propósito es obtener un balance de beneficios para todas las partes interesadas en el proceso de reestructuración (equipo administrativo, los acreedores y los accionistas).

Mediante la reestructuración financiera se identifican áreas o líneas de negocios que tal vez deban ser reformuladas a través del diagnóstico y análisis rápido de las operaciones del negocio, actividades de soporte y financiamiento que optimicen la posición financiera de la empresa antes y posterior a la reestructuración. Se deben examinar las condiciones del financiamiento a estructurar con diferentes escenarios que favorezcan el cumplimiento del servicio de la deuda.

Hay que desarrollar opciones para un plan rápido de reestructuración que este enfocado en las oportunidades de mejora tanto en el desempeño financiero como en el operativo de la empresa. Las soluciones que se le brinden al cliente deben resultar en valor tangible, trabajar con análisis crítico, prestando atención al flujo de caja y que la estructura financiera este alineada al giro del negocio.

Es importante en el proceso de reestructuración trabajar en estrecha colaboración con el cliente para que este sea parte de la evaluación. El diseño y la implementación corresponde al Banco, pero en línea con una propuesta de términos y condiciones que revitalice la posición financiera de la empresa y que permita estabilizar y preservar el valor de la empresa.

La propuesta mencionada, debe estar orientada a obtener oportunidades de mejora en la estructura financiera de los activos, tal es el caso particular de analizar de forma eficiente el manejo eficiente de los activos corrientes. Estos deben servir de apoyo para el ciclo de conversión de efectivo definiendo la agilidad de convertir los inventarios en ventas y las ventas en efectivo, y así obtener una visión clara en el cumplimiento de las obligaciones corrientes.

Es de utilidad también que la reestructuración financiera brinde alternativas que permitan aliviar los flujos de efectivo, logrando un mejor equilibrio entre los recursos internos y externos, reducir el apalancamiento e incrementar la productividad financiera, generar mejores márgenes de rendimiento. Lo mencionado, a través de la administración de balances, indicadores de repago, proyecciones del flujo de caja, pronóstico de efectivo a corto plazo, presupuesto mensual, etc., todos estos elementos sirven como sustento de análisis y diseño para la propuesta de reestructuración.

En el entorno actual todos los sectores se están enfrentando a disrupciones, existiendo ciertos eventos que hacen que la interrupción se convierta en problemas críticos para el negocio. Por lo que una reestructuración financiera bien planificada con propuestas definidas apoya al cliente a desarrollar resiliencia para prepararse y responder a estos eventos, antes de que las opciones se agoten y aumente el riesgo de insolvencia.

El banco y sus clientes necesitan resultados rápidos, donde la entrega sea de calidad, donde se brinde asesoramiento especializado con un enfoque práctico y pragmático que sea de alto impacto durante todo el proceso, que genere transformación y valor agregado a la reestructuración de los activos y pasivos, fortaleciendo la estructura financiera.

Carlos Derteano

Consultor senior de Estrategia y Transacciones de EY
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