Cómo lograr un diálogo social en la era de la desconfianza

La polarización de la opinión pública, con altas dosis de vehemencia en discusiones difíciles de racionalizar, llenas de catarsis y ausentes de propuestas para resolver y mejorar, hace urgente un verdadero diálogo.

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La realidad sobre la cual todos vivimos y convivimos cambió porque, entre otras, las comunicaciones se hicieron más democráticas, las redes sociales y el creciente poder de influencia de las comunidades han aumentado la vulnerabilidad al escrutinio y la crítica.

Cualquier situación de interés de una persona puede ser comunicada y compartida masivamente a gran velocidad. Irónicamente, cuando la situación no es fácil de entender o comprender, se difunde más rápido aún. La curiosidad por lo inédito, lo insólito y lo extraño es un gran catalizador.

Tenemos la oportunidad y la necesidad de profundizar en el diálogo social entre los distintos actores de la sociedad. Un verdadero diálogo, abierto, claro y transparente en el que mediante nítidos códigos de respeto se intercambien posiciones y opiniones, para explorar diferentes opciones y así lograr el entendimiento mutuo, la credibilidad y cooperación que garanticen la licencia social para operar los negocios.

Los consumidores, los ciudadanos y la opinión pública somos cada día más exigentes. Es conocido que la gente espera empresas con un propósito social como parte de su modelo de negocio y un verdadero compromiso con un mundo mejor.

Por esto, cada día se incrementa la necesidad de implementar prácticas de sostenibilidad, asegurando un equilibrio entre el impacto económico, social y ambiental. Estamos en la era de la desconfianza, impactados por el fenómeno de la infoxicación, que dificulta lograr diferenciarse dentro de la retórica y revolución de contenidos donde frecuentemente todos decimos lo mismo y no decimos nada a la vez.

Uno de los principales desafíos es lograr diferenciarse, captar el interés de nuestras distintas audiencias de forma clara, firme y transparente.

Vivimos una gran ebullición sociopolítica, caracterizada por poca coincidencia entre los temas de discusión y los verdaderos retos del futuro de la sociedad. Se nos pasa el presente hablando y analizando el pasado, y tenemos muy poca discusión sobre las acciones que emprender para modelar el futuro que queremos.

La revolución de contenidos requiere abrir grandes espacios para facilitar el entendimiento y la comprensión. Es imprescindible seguir profundizando en la seriedad y trascendencia del rol que tienen aquellas personas que son líderes, tomadores de decisiones, o los famosos influenciadores del mundo digital actual.

Diariamente vemos la polarización de la opinión pública, con altas dosis de vehemencia en discusiones difíciles de racionalizar, llenas de catarsis y ausentes de propuestas para resolver y mejorar.
Estamos rodeados de promotores de angustias, expertos en la autocrítica, pero no evaluamos las oportunidades.

¿Qué hacer y cómo actuar ante el pesimismo, ante el derrotismo, considerando que enfrentamos la era de la desconfianza generalizada?

Desde mi modesta opinión, necesitamos rescatar lo básico, que empieza por el reconocimiento social de los empresarios y de las empresas que son grandes generadores de empleo, progreso y bienestar que permiten disminuir las desigualdades.

Para ello es clave el protagonismo activo de los colaboradores de las organizaciones que son excelentes generadores de opinión y comentarios sobre la realidad de cada una de las organizaciones.

Debemos inventariar todos aquellos elementos positivos que nos llenan de orgullo y satisfacción para, en primer lugar, cuidarlos y protegerlos para que se mantengan en el tiempo, en segundo lugar, tratar de trasladar a terceras personas la satisfacción y orgullo por aquellos temas y situaciones de alto impacto positivo.

Nos rodean ejemplos en diversos países cercanos y lejanos sobre cuáles son las consecuencias cuando no se valora y no se cuida lo que se tiene. No planteo una actitud complaciente, propongo una reflexión crítica y propositiva, donde desde el orgullo de lo que se ha logrado se desarrolle la energía creativa necesaria para lograr la transformación de los principales retos, desafíos y frustraciones que tiene la sociedad.

Es imprescindible resaltar los valores que permiten a las organizaciones trascender, donde en estos momentos de crisis de confianza hay que lograr ser ciudadanos activos y cercanos a la sociedad.

Un acertado y sincero relacionamiento de los líderes de las organizaciones permitirá facilitar el entendimiento, disminuir la incertidumbre y los niveles de conflictividad.

Las empresas deben alinear su estrategia de negocios a un propósito social para progresar en el tiempo, cada empresa no solo debe ofrecer un rendimiento financiero, sino también mostrar cómo hace una contribución positiva a la sociedad y a partir de allí lograr comunicar a cada una de sus audiencias los temas de interés de cada uno. Ya no hay discursos y contenidos que sean efectivos para todos.

A partir de los objetivos de negocio de las empresas y el conocimiento de su entorno deben revisarse las agendas de riesgos del negocio, construir el mapa
de audiencias y desarrollar contenidos diferenciadores que nos permitan mostrar el valor y el beneficio que se genera para la sociedad.

Cada día es más evidente que las estrategias corporativas deben basarse, y ser reconocidas, por la ética y transparencia que soporten con fuerza y credibilidad las acciones y contenidos que compartimos a diario. Si no logramos diferenciarnos y ser creíbles la revolución de los contenidos seguirá erosionando la confianza entre todos los actores de la sociedad y viviremos en una retórica ensordecedora.

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