Acelerando la innovación latinoamericana

Acelerando la innovación latinoamericana

El conocimiento en inteligencia artificial, computación cuántica y robótica es clave.




Para acelerar la revolución económica Latinoamericana, se necesitan muchos más Hipsters, Hackers y Hustlers que puedan llevar sus ideas inconformistas hasta la innovación. Veamos algunas características propias de estos tipos de personajes y por qué son relevantes para el avance de la región.

Si se hiciera un estudio sobre los fundadores y aquellos primeros equipos de ejecutivos de startups exitosos, este revelaría que todos ellos tienen principalmente tres personalidades: El Hipster, un equivalente a la figura de Steve Jobs, que se abre paso en la mezcla como diseñador o genio creativo, y se asegura de que el producto final sea más genial que cualquier otra cosa. El Hacker aquel que responde a la importante pregunta de “¿cómo?” la nueva idea o iniciativa puede hacerse realidad, este se asemeja más a un Bill Gates. Y el Hustler, un personaje como Beto Pérez, fundador de Zumba Fitness, que encuentra la manera correcta de empaquetarlo todo y llevarlo a las masas en forma de ventas y asociaciones, una combinación difícil de superar. Son ese tipo de equipos de ensueño los que pueden ayudar a Latinoamérica a dar un paso al frente para liderar el camino a seguir y los cambios de paradigmas necesarios para el progreso.

Luego de este análisis, surge la pregunta: ¿cómo pueden los gobiernos latinoamericanos crear un entorno para apoyar a más y más equipos de ensueño que construyan empresas exitosas? La respuesta es obvia, brindándole a las personas la oportunidad de asumir riesgos, fracasar y pivotar mientras aprovechan las tecnologías emergentes que pueden impulsar soluciones a problemas globales. Hay varias tecnologías emergentes que solo están parcialmente en el mercado pero que tienen un potencial significativo para la innovación. Estas incluyen, entre otras, inteligencia artificial (IA), computación cuántica, robótica, genómica y nanotecnología.

Una nueva organización dirigida por la persona adecuada con la libertad de hacer el delivery necesario, escanearía y evaluaría importantes tecnologías emergentes; tendría la tarea de identificar lo que otras naciones, incluidos los adversarios, están haciendo en estos espacios; evaluaría los esfuerzos generales en Latinoamérica para apoyar las tecnologías; y, en su caso, financiar I+D.

Pero para que los países en América Latina se adapten y mejoren las lecciones de crecimiento que pueden recibir de otros países, necesitarán no solo un enfoque local de “todo el gobierno” de un país determinado sino más bien de un enfoque de “todos los gobiernos” de la región. Al lograr que los diversos gobiernos de Latinoamérica se involucren se podrá hablar de un verdadero esfuerzo cooperativo. Si bien prácticamente todos los organismos gubernamentales tratan de considerar medidas que impactan el avance de la competitividad tecnológica en los países latinoamericanos, las preocupaciones sobre esta competitividad rara vez son el centro de la conversación.

Esta nueva organización necesaria para el avance de la innovación a nivel regional se encargaría de poner en el centro de las agendas gubernamentales el tema de la competitividad y estaría encargada de ser una voz para las industrias de tecnología avanzada y para la innovación tecnológica. También entre otras acciones, realizaría evaluaciones profundas de industrias y tecnologías clave y revisaría cómo varias acciones de agencias gubernamentales (o la falta de ellas) afectan su competitividad.

Si la creencia económica es que todas las industrias son iguales entonces no hay necesidad de datos o análisis económicos, más allá que para hacer un seguimiento de la producción que le permita al Gobierno responder a los altibajos del ciclo económico. Pero si partimos de la idea de que algunas industrias y tecnologías son críticas para el futuro de América Latina, entonces los gobiernos deberán tener capacidades analíticas sólidas, o en su defecto prepararse para alcanzar estas capacidades.

La necesidad de desarrollar inteligencia económica estratégica, para comprender completamente la posición competitiva de sus sectores comercializados es clave para adaptar y mejorar el crecimiento de las naciones en desarrollo. Si los gobiernos latinoamericanos van a desarrollar políticas más efectivas para estimular la competitividad del sector comercializado, incluso en nuevos productos y servicios, deberán ser mucho más inteligentes.

La existencia misma de las políticas gubernamentales (impuestos, comercio, regulación, gasto, etc.) significa que el gobierno influye inevitablemente en la innovación, a veces para bien, a veces para mal, pero casi siempre por accidente.

Los gobiernos en América Latina estarían mucho mejor posicionados para apoyar de manera efectiva la competitividad si fueran más estratégicos y tuvieran más conocimientos. Es más, una mejor preparación es, definitivamente, la forma de garantizar que las regulaciones causen un daño limitado a la competitividad del país. Cada nación debe ser capaz de comprender la posición competitiva local frente a otros países y reconocer cuáles son sus tecnologías e industrias clave, así como las fortalezas y debilidades que tiene en el sector tecnológico y dónde se necesitan políticas específicas.

Finalmente, los programas de tecnología y competitividad de América Latina deben, en la medida de lo posible, estar alineados con sus aliados. Dada la complejidad de los sistemas tecnológicos existentes y emergentes, incluso una economía tan grande como la de los Estados Unidos no puede aspirar a ser un líder mundial en todas las tecnologías clave. En este sentido, América Latina necesita no solo una estrategia de innovación común entre los países del continente, sino también una estrategia de innovación unificada para garantizar que, como grupo, las naciones democráticas aliadas puedan producir productos innovadores a precios competitivos en un conjunto de áreas clave. Entre otras cosas, esto significa que las empresas en Latinoamérica celebren acuerdos de reciprocidad con aliados de modo que las empresas locales obtengan acceso a sus programas de apoyo a la política tecnológica a cambio de que sus empresas puedan participar en los programas de América Latina como grupo.

Por otra parte, la pandemia ha traído cambios necesarios y muy esperados en las prácticas de gestión y recopilación de información en todas las industrias. Podemos ver el sistema cambiando frente a nuestros ojos. Y eso es muy emocionante y crea oportunidades increíbles para aprovechar la experiencia de innovadores disruptivos en busca de experiencia y orientación para construir el mejor ecosistema de innovación para América Latina.

Jay Jayamohan

Director ejecutivo del Centro de Innovación y Emprendimiento de Harrisburg University
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