Acciones para reducir la desigualdad en Panamá

El anterior escrito concluía que la desigualdad en Panamá proviene, entre otros, de las diferencias de productividad entre sectores económicos, limitaciones en la cantidad y calidad de servicios sociales (educación, formación laboral, salud, agua y transporte), la desaceleración del crecimiento económico, y de las rigideces del mercado laboral.

Para enfrentar las carencias sociales es imperativo aumentar y mejorar los servicios de salud, educación, agua y transporte público asignándoles más recursos y gestionarlos con eficiencia. En salud, hace falta unos 3,000 médicos adicionales y un número similar de enfermeras, parteras y camas de hospital para estar a la par de países con niveles similares de ingresos y las recomendaciones de la OMS.

La provisión de medicinas y servicios médicos y hospitalarios por la CSS exige una reingeniería integral de la institución para reasignar los recursos disponibles a estas necesidades y ajustar el número y calificaciones de burocracia a las necesidades reales del ente. La educación también necesita de ingentes recursos para crear una institución de primera categoría que eleve las calificaciones de los nuevos docentes y de los actuales, mejorar la remuneración a niveles cónsonos con las mejores calificaciones y adecuar las instalaciones. Sólo con salud y educación de primera calidad podremos superar la desigualdad.

Lograr que tanto la educación como la salud tengan presupuestos del orden del 6% del producto interno bruto (PIB) cada una, que se recomienda internacionalmente, el sector público tendría que incrementar en este año el gasto en salud y educación en 3,500 millones de dólares, un salto de 62% sobre el total de los impuestos que recauda el Ministerio de Economía y Finanzas. Dada la imposibilidad práctica de un aumento en impuestos de esa magnitud, la alternativa sería un acuerdo nacional sobre políticas públicas para la educación y la salud con una visión a mediano y largo plazo (una política de Estado que trascienda el período de un gobierno) para implementar las reformas e incrementar la asignación de recursos en forma gradual.

La creación de nuevos y mejores empleos es una forma eficaz de reducir la desigualdad y para ello se necesita que la producción nacional se expanda al ritmo de entre el 5% y el 6% anual, que es el potencial de crecimiento de nuestra economía. Un camino útil sería la adopción de políticas públicas encaminadas a promover nuevos motores de crecimiento orientados hacia la exportación. Puesto que no tenemos un mercado interno como el de China, nuestro principal potencial de crecimiento es hacia el exterior. Sugiero tres sectores que podrían ser objeto de estas políticas: la logística para el procesamiento y redistribución de carga internacional, el turismo y la agricultura especializada de la que ya tenemos algunas muestras exitosas.

Las propuestas de mejorar los servicios sociales y promover el empleo no podrían sustituir los subsidios existentes para grupos de menores ingresos. Estos deben mantenerse durante el período que requieran las nuevas políticas sociales en tener efecto. Pero, si será necesario focalizarlos, racionalizarlos y condicionarlos para que sean efectivos en mejorar la capacidad de los beneficiarios para valerse por sí mismos.

Las reformas sociales sugeridas deben venir acompañadas de medidas eficaces para la racionalización del mercado laboral, simplificación del sistema tributario (amén del incremento necesario para poder pagar por las reformas sociales), redefinición del papel del poder legislativo a fin de que se dedique a la adopción de las leyes que necesita el país y a ejercer su función controladora del poder ejecutivo, y la depuración del sistema judicial para que sea eficaz, expedito, transparente y justo.

Se trata en esencia de modificar el modelo de economía patrimonialista al estilo latinoamericano, en la que los gobiernos otorgan concesiones, leyes especiales y contratos-ley a un grupo selecto de rentistas. Para el diseño de un nuevo modelo, propongo que nos inspiremos en los países con los mejores índices de transparencia e igualdad, justicia transparente y eficaz, altos niveles de ingreso per cápita y libertad y democracia. Miremos, entre otros, a Nueva Zelanda, Finlandia e Irlanda por ser economías pequeñas que tienen esos atributos y valores.

Superar la desigualdad histórica y los efectos de la pandemia nos obligan a crear un modelo económico muy competitivo en un Estado de bienestar.

Puede leer los artículos anteriores en estos enlaces:

Los factores que han determinado la desigualdad en Panamá

Radiografía de la desigualdad en Panamá

Guillermo Chapman

Presidente de la Junta Asesora y fundador de INDESA con más de cuarenta años de experiencia en consultoría a los sectores público y privado.