Profesionales de la felicidad

Profesionales de la felicidad

La Academia de la Felicidad panameña se diferencia de otros institutos de formación, en que las clases se dictan en el lugar donde se encuentran los estudiantes. La institución, anticipa su director, Roberto Moreno de León, iniciará labores en marzo, precisamente en el mes de la celebración del Día de la Felicidad, instituido por Naciones Unidas, y las conferencias se ofrecerán en hogares, comunidades, escuelas, universidades, gremios y empresas.

“Esto es tocando puertas poco a poco”, explica el director sobre el know how de una corporación y su pénsum de materias o módulos, 12 en total, creado para llevar a los alumnos a redescubrir, asimilar, aceptar y comprender el significado de la materia, lo que es objeto ya de estudios acuciosos en las más reputadas universidades del mundo. El “rector”, si así puede llamarse a Moreno —y si lo permite—, menciona las de Harvard, Stanford y Pensilvania. Sus estudiantes se cuentan por miles y los profesores han asumido el compromiso de adentrarse en esta filosofía con la misma pasión y seriedad con las que otros lo han hecho con Marx o el neoliberalismo.

Con el Dr. Saamdu Chetri, quien fuera el primer director encargado de crear y desarrollar, en 2012, el Gross National Happiness Institute del Reino de Bután. Cortesía

La plataforma programática de la academia es la psicología positiva que, según Wikipedia, estudia las bases del bienestar psicológico y de la felicidad. “Se distingue de la otra psicología, la tradicional, en que aquella busca rescatar a esa persona que sufre trastornos mentales y procura solventarlos para poder vivir una vida placentera en lo posible, más tranquila”. Sin embargo, interroga el rector, ¿qué sucede con las personas, como tú o como yo, que no tenemos afectaciones mentales delicadas?

Para nosotros, tú o yo, reportero y amigo lector, está la posibilidad de inscribirse en un programa de estudios estructurado en los cinco pilares de manejo de emociones, fortalecimiento de virtudes, mantenimiento de relaciones sanas y óptimas y establecimiento de metas. Moreno hace la salvedad de que el propósito, ¡ojo!, no implica cambiar el mundo. Un soporte adicional es el de lograr el significado de la vida.

EXPERIENCIA. Los casi 25 años continuos en el sector de la salud le permitieron a Roberto Moreno comprender cuáles son las necesidades espirituales prioritarias en las personas. LA PRENSA/Ana Rentería

Moreno suma dos años en el desarrollo de la Academia de la Felicidad. Para ello, ha trabado contacto con gurús como Tal Ben–Shahar, estadounidense de raíces israelíes, considerado el primer profesor de la psicología positiva. Pero, además, ha profundizado en los conocimientos de otros expertos en humanidades, quienes ponderan la importancia de la materia.

Menciona las concepciones de felicidad de Aristóteles, “el bien supremo del ser humano es ser feliz”. De Platón: “La felicidad es concebible únicamente en el mundo inteligible, más allá de la ilusión que pueden darnos los sentidos”. De Sócrates: “…la hace solamente uno mismo con la buena conducta”. Gandhi: “La consigues cuando lo que piensas, dices y haces está en el mismo nivel, es decir, que eres congruente”. O Cantinflas y su segmentación de los deberes del ser humano: ser feliz y hacer felices a los demás.

Con Martin Seligman, el fundador de la psicología positiva, la ciencia de la felicidad. Se conocieron en el primer evento del International Positive Education Neetworking (IPEN), en 2015 (Dallas, Texas, EU). Cortesía

Roberto es hijo de Rodrigo Moreno, fundador del Centro Médico Paitilla, y tras haber laborado allí por casi 25 años como director administrativo, y haber visto “el dolor y las tragedias humanas”, aunque también la emoción del bebé recién nacido o de la mujer que se sana, optó por dedicarse por completo a la fundación de una “carrera universitaria” llamada a poner en su sitio las prevalencias de las personas.

“El Reino de Bután cambió su índice de producto interno bruto (PIB) por el de felicidad interna bruta (FIB), inventado allá para auditar la felicidad como uno de los objetivos primordiales del ser humano, como uno de los anhelos universales”.

El promotor panameño de la felicidad recorrió el año pasado tres pueblos de Bután, considerado el país más feliz de todos, y pudo identificar los valores que lo llevaron a encabezar la lista. “Tiene una mística especial, una belleza natural, la gente valora sus tradiciones y el medio ambiente, que es de donde nace la vida, y sus habitantes son suaves al hablar”. Salvo esta última característica, Panamá comparte y promueve los mismos valores de la nación de Asia del Sur.

Cuando un estudiante de la Academia de la Felicidad se gradúe una vez haya cursado los módulos, estará en capacidad de entender que si bien es clave sentirse a gusto en el trabajo, lo realmente importante radica en “saber amar y perdonar y ser agradecido y resiliente y tener una vida simple (que es la parte del minimalismo) y ser compasivo, que no es lo mismo que tener lástima”.

El rector pone de ejemplo a su primo Rolando de León de Alba, gerente general del Banco Nacional de Panamá: disfruta su labor de banquero, pero su felicidad está en el rock and roll. Y con su guitarra cumple el segundo mandamiento de Cantinflas: hace felices a los demás.

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