Big data contra el turismo masivo

Una solución tecnológica fue aplicada en la Galería Uffizi para evitar las largas filas y la aglomeración de visitantes en los distintos museos que administra este grupo en Florencia.

La identidad de las ciudades está cambiando arrollada por el turismo de masas. Cada vez son más las personas que salen a visitar el mundo y tienen acceso al arte que durante siglos fue un privilegio reservado para unos pocos.

Si en las últimas décadas los museos se preocupaban por innovar en la narración de las colecciones para hacerlas más atractivas, ahora su principal quebradero de cabeza es cómo optimizar el tiempo de observación estética de las obras, para no convertirlo en una experiencia claustrofóbica y traumática.

El ‘Palazzo Vecchio’ de Florencia. Fotolia

El antiguo palacio de la ciudad de Florencia (Italia), cuna del Renacimiento, donde se exhiben las obras de genios como Miguel Ángel, Sandro Botticelli o Leonardo da Vinci, es uno de los museos más populares del mundo. Y las filas que tienen que hacer los que quieren adentrarse en la Galería Uffizi son igualmente famosas.

En 2018, el museo florentino fue visitado por 4 millones 153 mil 101 personas. Una media de mil visitantes por hora.

Seguramente pasar dos horas a la intemperie, soportando las inclemencias del clima, para admirar de cerca los 5.17 metros de altura y 5 mil 572 kilogramos de masa de mármol blanco de la estatua del David, que está en Galería de la Academia, administrada por la Galería Uffizi, merezca la pena. Pero la galería más visitada de Italia ha encontrado un método para hacer menos traumática la espera. Todo gracias al Big Data.

El sistema está basado en un algoritmo a través del cual se obtienen datos como el tiempo medio que se emplea en una visita, el porcentaje de gente que pasa en el museo más de dos horas o la influencia del clima.

Fotolia

La valiosa información se traduce en una predicción casi exacta (el margen de error está en los 5 minutos) de la hora en la que el propietario de la entrada debe acudir al museo para evitar las tediosas colas.

El increíble hallazgo fue concebido por un equipo de matemáticos de la Universidad de L’Aquila (centro Italia), dirigidos por Henry Muccini, presidente del Programa de Estudios de Informática.

Además de optimizar el uso también se mejora la calidad del turismo. “Se crea un turismo de sostenibilidad que visita los lugares con respeto de la cultura y la tradición. Además, el sistema mejora el posicionamiento de la ciudad internacionalmente”, apunta Muccini.

‘El Nacimiento de Venus’, de Sandro Botticelli. Google Art Project

Gracias al Big Data también se sabe que un día cualquiera de junio se venden cerca de 10 mil entradas para la Galería Uffizi, mientras que un martes de febrero apenas llegan a mil las personas que la visitan.

Con estos datos en la mano, nada más aterrizar en la dirección del museo florentino en 2015, Eike Schmidt implantó un precio mayor para la entrada durante la temporada alta como hacen los hoteles.

“Los algoritmos son una ciencia exacta, basada en las estadísticas, que también nos da una idea clara sobre el perfil social de los visitantes de la Galería Uffizi. Encontramos grupos que pasan menos de 45 minutos en el museo, es decir, entran para la foto. Pero en el otro extremo hay un 3% de visitantes que pasan dentro más de cuatro horas. Esto es muy satisfactorio porque habitualmente se piensa que el turismo de masas es superficial, pero no es así”, apunta Schmidt.

Desde octubre del año pasado, cuando se puso en marcha la maquinaria, los visitantes se han ahorrado 224 días, 5 mil 394 horas y 323 mil 656 minutos en filas para entrar al museo.

La Galería Uffizi recibió en 2018 más de 4 millones 153 mil 101 visitas. Fotolia

El sistema cuesta 200 mil euros (224.780 dólares). “Una cifra irrisoria visto el resultado”, considera Schmidt.

Su máxima es que importa más la calidad, que la cantidad y su objetivo, que todo turista pueda gozar de una visita más enriquecedora. En su empeño de repartir de forma menos aglomerada los flujos de visitantes, Schmidt, el primer no italiano en el cargo, quiere implantar bancos en las salas para que la gente pueda sentarse tranquila a debatir sobre el arte ante la majestuosa Primavera o el Nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli o la inquietante Cabeza de Medusa de Caravaggio.

Roma, la ciudad más visitada de Italia, quiere implantar el modelo de Florencia para evitar las colas en el Coliseo, el Foro Romano y el Palatino. Sin duda la tecnología es un aliado del turismo y del arte.

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