La aplicación contra el despilfarro de alimentos

Cada segundo son desechadas en el mundo cerca de 50 toneladas de alimentos aptos para el consumo humano. Según representación en la repartición de estos desperdicios, son el 30% de los cereales que se cultivan, entre el 40 y el 50% de las raíces, frutas, hortalizas y semillas oleaginosas producidas, el 20% de la carne y productos lácteos y el 35% de los pescados.

En América Latina, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) calcula que se pierden hasta 127 millones de toneladas de alimentos al año. Lo que equivale a 348 mil toneladas de alimentos desaprovechados. Esto sucede mientras que el 9.2% de la población, unos 400 mil latinoamericanos y caribeños, padecen hambre.

Para subsanar este derroche nace la aplicación internacional “To good to go” o “Demasiado bueno como para dejarlo escapar”, que ejecuta la máxima “la comida no se tira”. Su funcionamiento contradice la moda de pedir comida a domicilio. Pone en contacto los establecimientos que tienen excedentes de comida con personas que están dispuestas a rescatarla y consumirla, pero son los usuarios los que se desplazan hasta el restaurante o establecimiento para recogerla.

Por un precio más barato (máximo 5 dólares) se compra un pack sorpresa con los alimentos que hayan sobrado en el día. La única regla es que los alimentos estén en buen estado y hayan pasado los controles sanitarios para ser consumidos.

Una combinación en la que todos ganan. “Al empresario le ayudamos a sacar todo el excedente que tenía al final del día. Recupera parte de los costes de producción y atrae a un nuevo cliente que quizás no conocía ese local y que a partir de ahora va a ir. El usuario, por su parte, puede comer muy económico, conocer nuevos sitios y además, saber que está ayudando al medio ambiente”, asegura el country manager en España de esta tendencia, Oriol Reull.

Todo comenzó en 2016, en Dinamarca. Un grupo de amigos expatriados disfrutaban de una plácida cena en un bufé libre. Cuando acabaron, vieron con asombro, como el personal del local tiraba al cubo de la basura toda la comida que había sobrado.

“Entonces pensaron: ‘la comida es perfecta, la acabamos de comer y estaba buena. ¿Por qué la desperdiciáis?’. Y realmente era la única solución. Por ello se plantearon: ‘¿Cómo podemos hacer que todas las personas, a la hora de cierre, vayan al local y legalmente salven esa comida de que acabe en un cubo de la basura?”, explica Reull.

Cada uno de los amigos desarrolló la aplicación en su país de origen y por ello, en sus seis primeros meses de vida, fue implantada también en Gran Bretaña, Alemania, Noruega, Estados Unidos y Francia. Tres años después, ha generado más de 15 millones de dólares y ha logrado atraer a más de 7.5 millones de usuarios en nueve países de Europa, implicando a más de 15 mil establecimientos colaboradores. Este año, tiene pensado saltar a América.

Nada más descargarla, la aplicación geolocaliza al usuario y le muestra los restaurantes y comercios a su alrededor que van a tirar los alimentos al final del día.

“El cliente no elige, le damos nosotros lo que en ese día tenemos de sobrante. Siempre es comida del día y que al día siguiente no podemos utilizar, y por supuesto, comidas con fechas de caducidad enormes, y que pueden comerse perfectamente”, señala por su parte Maurizio, que regenta una trattoria a las afueras de Roma. “Tengo muy interiorizado en mi cabeza de cuando nuestros abuelos o mi madre, dejabas algo en el plato y te decían: “Niño, que la comida no se tira”, agrega.

Todo se paga en línea y luego se pasa por el establecimiento, con un recipiente propio para evitar el uso de bolsas de plástico, a recoger la compra. Para financiarse “Too good to go” cobra un euro por cada transacción realizada.

Esta aplicación también ha sido impulsada en redes sociales con el movimiento “La comida no se tira”. La valoración de la importancia que tienen los alimentos ha hecho que cada vez más la tecnología se ponga al servicio de la lucha contra el desperdicio alimentario.

En Panamá, la desnutrición afecta a 315 mil personas, según cifras de la FAO. Lograr la plena seguridad alimentaria es un desafío pendiente contemplado en el marco de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible que el país firmó en 2016.

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