Un estudiante profesional

La semana pasada, representantes del sector financiero de los ámbitos público y privado comentaban el estatus de la futura ley panameña para regular y promover las startups disruptivas denominadas fintech, o emprendimientos dedicados a combinar las finanzas con la tecnología. El borrador de la norma avanzó hasta convertirse en un proyecto de ley, aunque es objeto de nuevos análisis según han dicho varios voceros que reconocen la importancia de estas innovaciones en un país ávido de facilitarles a sus ciudadanos el crédito en condiciones más expeditas.

Pues bien: existen dos obras bibliográficas relativas a esta materia, sin otra aspiración que la de haber cumplido el requisito de tesis de grado de un joven panameño doblemente titulado en Derecho y Contabilidad. Los dos tomos están resguardados en la biblioteca jurídica de la Universidad Santa María la Antigua (USMA) y versan sobre el alcance de las fintech en el ejercicio de las profesiones mencionadas en Panamá. Una de las obras se titula Propuesta de regulación de las fintech en Panamá y comprende 122 páginas. La otra lleva el nombre de Parte práctica de las fintech en Panamá y se desarrolla en 126 páginas.
“En nuestro país existe muy poco material informativo sobre las empresas financieras tecnológicas. El tema es reciente, así que basé mi investigación en noticias informativas locales e internacionales. En la técnica del derecho comparado, y para el caso, analicé las legislaciones en el exterior que ya regulan el fenómeno y dan resultado. Y también en normas tributarias que puedan chocar con estas startups”, dice el autor de las dos tesis calificadas con A en la USMA.

El joven se llama Roberto Barsallo y tiene 24 años, y en 10 días comienza una maestría en Leyes, en inglés Master of Laws, en la Universidad de Pennsylvania. Al mismo tiempo buscará acreditarse en la escuela de negocios Wharton, en Negocios y Leyes o Business & Law, según el argot empleado en las centros de estudios más encumbrados del derecho.

Roberto Barsallo dice en un lenguaje llano y, sin embargo, sabio, que tiene “los pies en el presente y la mirada en el futuro”. Bajo este axioma sustenta su esfuerzo de volverse abogado y contador antes de hacer fortuna o de alcanzar alguna fama y que por cierto, en una buena parte de los casos juveniles, son atributos fugaces carentes de un respaldo veraz.

El abuelo paterno de Roberto Barsallo, es decir el “profesor” Pedro, fue un abogado procesalista experto en civil y comercial y catedrático de la Universidad de Panamá. El padre, el también letrado Carlos Barsallo, termina siempre por ser la fuente informativa sobre los yerros éticos en los casos de la corrupción corporativa del país. El tercer jurisconsulto de la familia llega con otros conocimientos sobre los que asegura, sin dudarlo, que los pondrá a disposición del país una vez culmine sus estudios en Pennsylvania.

Los centeniales panameños —aquella generación nacida entre mediados de la década de 1990 y el primer lustro de este siglo— proyectan sus propias luces. Traen sus improntas. Basta mirar hacia el Órgano Legislativo, los medios de comunicación, el sector de las pequeñas y medianas empresas o la industria agropecuaria. Y ante la pregunta sobre si este país puede salir adelante en medio de tantas adversidades, el abogado y contador dice que sí, que sin duda, porque “la nueva generación de jóvenes está capacitada para seguir adelante, asimilar por sí sola lo bueno de los otros países y dejar a un lado las prácticas nocivas” de aquí y de allá.

El ‘ki’

Roberto Barsallo es cinturón negro en taekwondo. Practicó esta arte marcial en las tardes durante sus estudios de primaria y secundaria. A medida que ascendía de categoría y su ki adquiría el equilibrio de un bambú, se fue disciplinando en dialéctica, redacción y pensamiento. “Empecé a esforzarme por conversar y escuchar opiniones adversas”.

Este ejercicio, tan habitual en su casa, pero cada vez más frecuente en las escuelas, le permitió asimilar la técnica de la disección de los argumentos y contrarrestarlos uno a uno con datos y valoraciones de terceros o interpretaciones propias. Quiso aprender a redactar ensayos y textos con perfil periodístico y pudo publicar, después de muchas prácticas, artículos en dos diarios locales y una publicación universitaria.

Terminó la escuela y al mes siguiente empezó sus estudios universitarios de derecho. En el año siguiente se inscribió en contabilidad. Muchas trasnochadas y reiterados fines de semana delante de los códigos y las calculadoras anticiparon el grado en ambas profesiones, con las máximas distinciones. Fue el mejor en las dos promociones.

Desde hace un año y medio trabaja como oficial de inspección y análisis de la Dirección de Investigaciones Administrativas de la Superintendencia del Mercado de Valores, y al mismo tiempo, fiel al estilo de los centeniales, cursó docencia para impartir clases universitarias.

Ha tenido la oportunidad de viajar a varios países de América y Europa. Expediciones en las que dedica parte del tiempo a observar conductas, leer diarios y conversar con gente nueva.

Hablar de Panamá para indagar cómo ven a este país en el exterior.

“Soy una persona con un pensamiento de centro. No me gustan los extremos. Me interesa la política, pero no debe olvidarse qué se le puede aportar al país desde los sectores público y privado. La clave está en la preparación, la organización y la pasión”. Solo así se explica que sea becario Fulbright y que vaya al gimnasio y lea literatura de ciencia ficción. La historia de Roberto Barsallo parece una obra de Julio Verne, solo que es tan real como la llegada de la generación más joven de panameños. Que tienen los pies en el presente y la mirada en el horizonte. Ellos nos llevarán al desarrollo.

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