La antorcha

Barista, tostadora y apasionada por el cacao y el café. Es Victoria Koyne

Tiene 18 años de edad y encarna la cuarta generación de productores de café de las tierras altas chiricanas. En las manos de jóvenes como Victoria Koyner recae el futuro de una actividad que derribó el mito de Panamá como economía basada solo en los servicios.

Al margen de la edad, Victoria acredita sus propios logros. Es la juez más joven del concurso Best of Panamá, cata anual organizada por la Asociación de Cafés Especiales de Panamá. Obtuvo el segundo puesto en el concurso nacional de baristas. Conoce al detalle cada estadio del proceso de producción cafetalera “de la montaña a la taza” como reza el eslogan de las cafeterías Kotowa.

Tras la incursión de los Koyner en la producción de cacao en su finca ubicada en Changuinola, la joven convenció a su familia de establecer una fábrica en Boquete para producir barras de chocolate caracterizadas por sabores y aromas tan excelsos como los del geisha. “Me motiva ofrecerle al panameño una barra hecha con su cacao puramente de Panamá”.

Dice que bebe café desde niña. “A los cuatro años lo tomaba con leche, y con el tiempo fui aprendiendo a saborear otras versiones de la bebida”. Precisamente la disposición natural de los jóvenes para conocer nuevos sabores y vivir nuevas experiencias catapulta el posicionamiento del café, sobre todo en mercados con un componente de juventud relevante. Es el caso de Asia donde las nuevas generaciones se hacen lenguas con el café de Chiriquí.

Victoria es barista y da gusto verla preparar una taza de café con rigor científico y estilo puramente boqueteño, de provincia. En su quehacer se citan el poder de una industria moderna, de tipo exportación, y la magia de un pueblo entronado en medio de una montaña. Conoce de primera mano varios de los triunfos cafetaleros de su familia. El más reciente de ellos, el haber obtenido el premio nacional a la producción más limpia concedido por la Autoridad Nacional del Ambiente. Los Koyner dieron en la diana en aprovechamiento de la broza del café para convertirla en abono. Mediante un proceso de infinidad de detalles fijaron 23 toneladas de carbono impidiendo el regreso de desechos al medio ambiente.

“En septiembre voy para el estado de Oregón a iniciar mis estudios universitarios en viticultura y enología”.

Serán cuatro años clave para la actividad de los cafés especiales de Chiriquí, definida por haberse trazado la meta del trabajo en equipo. “Allá aprenderé de agronomía. Después, de vinos y cepas, y más adelante sobre fermentación, levadura, sistemas de producción anaeróbica” y una serie de conocimientos asimilados para introducirlos en la industria caficultora nacional. ¡Buen viaje y feliz regreso!