De excursión por el planeta Huawei

La compañía abre las puertas de su casa en Shenzhen para contarle al mundo sobre qué aguas navega. Un colosal poder tecnológico edificado en un pueblo de pescadores.

Dicen los chinos que para entender a China hay que visitarla. Agregaría que para conocer en qué anda China, ahora toca recorrer las entrañas de Huawei.

El país le ha apostado en los últimos años por el conocimiento y la educación de excelencia. Las compañías se enfocan en la investigación y el desarrollo y derriban aquel prejuicio según el cual si algo dice “made in China”, resulta de mala calidad.

Huawei bien puede retratar el enfoque de esa nueva China, que intenta preservar costumbres milenarias en una sociedad tecnológica. Hasta hace poco esta empresa tecnológica era conocida por el común de los mortales como un proveedor de teléfonos celulares que ganaba más espacio frente a competidores como Apple o Samsung. Pero Huawei se volvió viral en titulares y discursos políticos al compás de sus avances en el desarrollo de la red 5G.

Se trata de una nueva etapa tecnológica que promete cambiar el mundo. Una revolución que estaría liderada por Huawei y que Estados Unidos no querría dejar en el seno de China.

La ventaja más visible del 5G es que promete transformar la velocidad en la que se transportan los datos. Este será un factor clave para los consumidores en busca de rapidez y eficacia al instante. La tecnología 5G soporta millones de sensores capaces de rastrear el comportamiento y el entorno.

Esta plataforma permite la conexión de más dispositivos al mismo tiempo. Es decir, por ejemplo, si hay aglomeraciones como en un juego de fútbol, no habrá problemas para el envío de fotos y vídeos.
La red 5G es tan potente, que de acuerdo con The Wall Street Journal descargar por completo un playlist de Spotify de una hora de duración suponía 7 minutos con 3G; 20 segundos con 4G; y 0.6 milisegundos con 5G.

Pero más allá de la velocidad para descargar todas las temporadas de una serie de televisión o un documental, un factor clave es lo que se conoce como “latencia”, o la capacidad de respuesta de la red a una petición del usuario. Los ejecutivos de Huawei remarcan esta virtud en reiteradas ocasiones.

En la práctica, con menos latencia un cirujano en China o situado en equis país de Europa puede controlar en tiempo real y con un limitado margen de error, un par de brazos robóticos encargados de un procedimiento médico en cualquier lugar del mundo. Así mismo podrán conducirse vehículos de forma remota.

Washington, por su lado, considera que Huawei está vinculada al gobernante Partido Comunista de China y a sus fuerzas amadas, y en consecuencia son una “amenaza a la seguridad nacional” de Estados Unidos. No ha puesto en duda la capacidad técnica de Huawei, aunque sí ha advertido de que desconfía en que la compañía pueda mantener la seguridad de sus redes y la confiabilidad de la información.
Fue así como Huawei terminó en una lista negra y se restringieron sus negocios con firmas de Estados Unidos.

Pero al hablar con un ejecutivo de Huawei, estos argumentos serán derrotados con diplomacia de estilo chino: con tono pausado, palabras bien medidas y mensaje de línea dura.
La carta de presentación es que por más de 30 años ha brindado servicios a más de 3 mil millones de usuarios en más de 170 países, con un historial óptimo de seguridad.
Voceros de la compañía enfatizan que se trata de una empresa independiente del gobierno de China, comprometida con la ciberseguridad y que nunca dañaría a ningún cliente o país.

Huawei trabaja en el establecimiento de ciudades inteligentes, mediante informes y análisis de situación en tiempo real que combinan internet de las cosas, big data e inteligencia artificial. Foto Yolanda Sandoval.

Huawei no es una empresa pública y por ende no cotiza en bolsa. Su información financiera y estratégica es de uso y conocimiento exclusivo de sus ejecutivos. Pero no ha tenido otro camino que intentar disipar las sospechas y acusaciones de Estados Unidos y establecer un plan para “abrir sus puertas”.
El mismo Ren Zhengfei, fundador de Huawei, y toda la plana mayor de la compañía dividen sus días y programan agendas para recibir a grupos de periodistas y medios de comunicación en la casa matriz de la empresa ubicada en Shenzhen, China, un antiguo pueblo de pescadores que se equipara ahora al Silicon Valley, solo que ubicado en Asia.

Lo de abrir las puertas es más que una expresión trillada. La empresa habla de su estructura accionaria en detalle y muestra los minuciosos pasos que humanos y robots dan para armar un teléfono celular y repasa todas las cifras operativas que hablan de su liderazgo. Apenas si es obvio que sobre la tensa situación con Estados Unidos, las respuestas sean telegrafiadas aunque nunca se evade este asunto que convoca a todo el planeta.

Jiang Xisheng, secretario de la junta directiva de Huawei —está en la compañía desde 1989—, hace un poco de historia para darle contexto a estos días de presión. “Estados Unidos era potente. Sus compañías eran competitivas, pero debido a su aislamiento en la etapa del 3G, Estados Unidos insistió en sus estándares, mientras que Europa conseguía más mercado. Y a través de ese proceso, Estados Unidos perdió su posición en el mercado”.

“Con esta reducción de cuota de mercado, Estados Unidos va perdiendo su control y su capacidad de supervisión. Dicho país no está dispuesto a aceptar este resultado”, dijo Jiang.
Él y todos los ejecutivos de Huawei hablan de la compañía con orgullo, aunque sin arrogancia. Muestran con sutileza la grandeza de sus edificios, los campus de las oficinas centrales, las fábricas, los centros de investigación y desarrollo y su propia universidad.

Shenzhen, la ciudad de pescadores que ahora es una gran metropolis de rascacielos y 50 mil millonarios. Foto Yolanda Sandoval.

Todo está pensado con la elegancia que impresiona, sin que medien las palabras sobre las aparentes superficialidades y que en realidad reflejan poder.
Techos altos, vitrales enormes, pisos de marmol y extensos jardines. Sus instalaciones son colosales y la cantidad de gente que trabaja allí es enorme, como todo en China.

La compañía escogió como sede una ciudad originalmente de pescadores y la convirtió en un hub tecnológico.

Shenzhen tiene el tercer puerto más activo del planeta. Está muy cerca de Hong Kong. En 1979, el gobierno chino eligió ese lugar como la primera zona económica especial del país.
¡Bingo! Su ubicación y el establecimiento de políticas de libre mercado y normas más flexibles que en el resto de China fueron claves para el desarrollo de Huawei, que es hoy el corazón de la vibrante ciudad.

Allí la riqueza sobra. Se estima que ahora hay 12 millones de habitantes, en su mayoría atraídos por el brillo de las luces led, la tecnología y las oportunidades labores. Se calcula que en esa ciudad habitan unos 50 mil millonarios, de acuerdo con Hurun Rich List of China. No es de extrañar que las tiendas de Louis Vuitton y Chanel tengan asidua asistencia, y luego las jóvenes con pieles de porcelana se pasen por las plazas vestidas de diseñador, en medio de la humedad de Shenzhen.

Por ahora tanto crecimiento no ha hecho que la ciudad pierda su verdor. Entre uno y otro rascacielo se cuelan parques, ciclovías y pequeños café, muy al estilo europeo.

En los días de esta visita por Shenzhen la gente circulaba por las calles disfrazada a razón del Halloween. De alguna manera la ciudad refleja el espíritu de Huawei y viceversa: muy moderna, internacional y en un entorno de auge económico enorme.

Estructuras arquitectónicas que demuestran el empuje económico de la empresa tecnológica. Foto Yolanda Sandoval.

Durante los primeros tres trimestres de este año, la compañía reportó ingresos producto de ventas superiores a los 86 mil millones de dólares, lo que representó un incremento de 24.4% en comparación con el mismo periodo del año pasado, con un margen neto de ganancia de 8.7%.

Cada año invierte de 15 mil a 20 mil millones de dólares en investigación y desarrollo, un área vital en su carrera de liderazgo. Es tanto el énfasis que se le ha dado a esta área, que para los empleados que trababan en dicha división se ha creado una pequeña Europa. Sí, una ciudadela en la que dan ganas de trabajar y hasta de vivir.

Los ojos occidentales no dejan de admirar tal hazaña. La movida fue estratégica: quién no trabaja feliz en un lugar con lagos artificiales, edificios barrocos y una estación de tren. Es como un parque de diversiones para adultos, que nada tiene que ver con el toque medio infantil de Silicon Valley, en el que abundan los puff, las mesas de billar o de ping pong.

La ciudad europea que construyó Huawei para sus genios en tecnología e innovación. Foto Yolanda Sandoval.

Acá la cuestión fue apoteósica. Se recrearon edificios de París, Oxford, Verona o Luxemburgo, entre otras urbes de catálogo, comunicados por un tren de 7.8 kilómetros de recorrido.

Los empleados de Huawei, en especial los “genios” y creadores, pasan muchas horas en sus lugares de trabajo, por lo que necesitan un salario emocional que compense las largas jornadas.

Huawei reconoce que las ventas fuera de China se han visto afectadas debido a las sanciones por parte del Departamento de Comercio de los Estados Unidos durante la primera mitad del año. Pero las operaciones y los negocios se mantienen estables.

Y así transcurren los días en sus instalaciones. Sin mayores sobresaltos y cada quien en enfocado en lo que debe hacer.

La compañía planea invertir más de 100,000 millones de dólares en innovación durante el próximo lustro y crear su propio ecosistema para no depender de algún proveedor de Estados Unidos.
Pasaron del made in China, al “designed in China”.

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