Cartas económicas contra el COVID–19

Aun sin medir el impacto de la pandemia en la economía local,  el país goza de la reputación necesaria para obtener recursos financieros de diferentes fuentes.

La avalancha de eventualidades por causa del coronavirus conduce a una sola pregunta: ¿De dónde saldrán los recursos para paliar la crisis por venir? La inquietud gana dramatismo con la valoración del economista Felipe Chapman en cuanto a que se está escribiendo la teoría.

Muchos países acuden a sus bancos centrales para fijar un “relajamiento monetario” y obtener inyecciones de liquidez para sus sistemas financieros. En el ámbito fiscal, muchos gobiernos aspiran al estímulo de distribuir recursos. “Esta posición es más limitada, pues a diferencia de la monetaria, puede crearse masa monetaria con el riesgo de producir inflación pero que ahora es más fácil de contenerla”, profundiza Chapman.

El Banco Central Europeo se constituyó en un manguera de chorro grueso con su anuncio de compra de bonos por $805 mil millones, para contrarrestar los riesgos del virus en su política monetaria. Un ejemplo más cercano es el de Colombia. El Banco de la República ha ido dictaminando una serie de medidas cuyo campanazo inicial fue poner a disposición de las entidades financieras $4,125 millones ante un estadio de iliquidez.

El caso panameño es excepcional: no tiene banco emisor y su economía transcurre en dólares, por lo que las tasas de interés siguen la suerte de índices como la FED y el Líbor. “Economías como la nuestra y las de algunos países de la Unión Europea carecen de una banca central, luego deben ser más creativas”, añade el experto.

Especialistas valoran la condición crediticia del país para una situación tan excepcional que combina dos crisis en una: la gripe de 1918 y el crash financiero de 1929.

Verónica Zavala, responsable del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el istmo, estima “comparativamente mejor” la situación de Panamá respecto de otros de sus pares regionales cuando se trate de medidas orientadas a impedir en lo posible la “afectación de sus economías”, y para que la reactivación sea dinámica.

“En Panamá no se han cerrado los mercados. Aunque el país tiene liquidez; debe trabajar en incrementarla para no cerrar la posibilidad de financiamiento. Y tiene el espacio fiscal para tomar medidas importantes”, anticipa Zavala.

El espacio fiscal se rodea, en términos de liquidez financiera, de un perfil de riesgo muy saludable, apunta Chapman. De modo que el país podría ir directamente a entidades multilaterales, léase BID, CAF o el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).
O acudir a los mercados de capital, lo cual será una decisión “valiente”. Y usar una alternativa de alcance limitado, como el Fondo de Ahorro de Panamá (FAP).

En situaciones como la actual, los organismos multilaterales abren líneas crediticia bajo un interés preferencial y con periodos de gracia. En tal caso, deberá verse cuáles son las condiciones de estos préstamos, que a la larga reflejarán en la deuda externa del país.

La banca multilateral

El estatus crediticio de Panamá favorece la obtención de créditos con bancos multilaterales, y la extensión de aquellos ya contratados o su reformulación. Zavala detalla los dos préstamos del BID con Panamá, que son “útiles para tratar el Covid-19”. El primero de ellos fue otorgado al sector de la salud por $50 millones.

El segundo es un préstamo con el Ministerio de Desarrollo Social. De este último, “una parte hasta por $20 millones podría enfocarse la emergencia”. Por otro lado, el banco dispuso que hasta un 10% de la cartera sin utilizar se redirija desde sectores como energía, infraestructura vial o instituciones.

El BCIE otorga una cooperación financiera no reembolsable por $8,000 millones. Cada país de Centroamérica recibió $1,000 millones “para atender la emergencia”, explica Dante Mossi, presidente BCIE. “El uso de estos recursos se hará según las normas del BCIE y se sujetará a las reglas de transparencia y rendición de cuentas. Esta es la cooperación financiera no reembolsable más grande aprobada por el BCIE”, dice.

Consultado sobre la posibilidad de que los bancos busquen apoyo financiero extra, el economista Rolando de León pondera la fórmula del ministro de Economía y Finanzas, Héctor Alexander, sobre la base de que “el país no tiene de dónde sacar recursos extraordinarios”.

Dicha falencia estructural se subsanaría con “las líneas de contingencia con bancos multilaterales” expuestas por el ministro. Según De León, “Panamá hace tiempo que no utiliza” esta gama de préstamos para casos de extrema necesidad, que le “brindan el confort de acceder a fondos foráneos para ponerlos a trabajar en la economía a través de bancos”.

El impacto

Es prematuro saber el efecto económico del virus. A estas alturas de la pandemia, los gobiernos fijan su atención en detectar los contagios y cortar las cadenas de infección.

El BCIE no tiene datos preliminares del impacto económico del coronavirus en la región, reconoce Mossi. Sin embargo, en conjunto con las otras entidades del Sistema de Integración Centroamericana, la entidad trabaja en una metodología para evaluar los impactos y elaborar una propuesta para un Plan de Contingencia Regional.

Necesariamente las proyecciones de crecimiento económico de Panamá deben corregirse por completo. Se habla de tasas negativas.

Y si bien es cierto se trata de una situación extraordinaria, no debe olvidarse ese otro escenario excepcional tras la intervención militar en 1989. “Tengo esperanzas de que como en aquella ocasión, todos rememos en la misma dirección y lo hagamos a la vez”, recuerda De León.

“El gobierno actual, como el de aquel entonces, unificó criterios y tomó decisiones en conjunto con la empresa privada y poco a poco el sistema bancario pudo abrirse hasta llegar a un estado de sostenibilidad”. El aditamento fue la “confianza” del público.