Vientos de cambios desde la Superintendencia

Amauri Castillo, superintendente de Bancos, adelanta que se trabaja en un marco jurídico para modernizar el pago electrónicos e incentivar las fintech.

Hace algo más de un mes, Amauri Castillo asumió la titularidad de la Superintendencia de Bancos de Panamá. Este abogado sumó primero más de una década continua como secretario general de esta institución financiera.
Castillo dedicó durante varios años a gestionar su propia firma de consultorías en asuntos financieros y legales. Esa combinación de conocimiento del mercado y de haber estado antes en la entidad rectora bancaria, deben darle la receta justa para hacer una gestión con retos tan complejos como el de ayudar a reactivar la economía del país y de llevar a la industria bancaria a la era de la transformación digital.

¿Cuáles son los desafíos del regulador bancario, que acaba de pasar un quinquenio complejo?

Comparto su criterio: fueron cinco años de temas reputacionales de marca mayor que han afectado la imagen del país y su condición de plaza financiera, no solo en términos bancarios, sino más bien de la plataforma de los servicios internacionales, que incluye los servicios legales.

Ahora: más allá de lo que hemos vivido, esta administración pondrá mucho énfasis en otros asuntos sin abandonar la meta de recuperar la imagen correcta del país, es decir, recuperar la confianza pública, tanto de los actores locales como de los internacionales. En eso no vamos a trabajar solos, la Cancillería lidera el proyecto Misión Panamá, que es un esfuerzo en conjunto con agentes de los sectores público y privado para unificar criterios y presentarnos al mundo.

Es contar una historia fresca pero real de que Panamá sencillamente estuvo en una coyuntura pero que ha hecho los ajustes que requería para prestar servicios sobre la base de los mejores estándares internacionales.

$124,074.35 millones es el total de activos del Centro Bancario Internacional al cierre de noviembre de 2019..

79 es el número de bancos que operan en el Centro Bancario.

También tenemos un ciclo de crecimiento de menor ritmo. Debemos prestar mucha atención a la calidad de la cartera de crédito. Cuando uno ve una economía creciendo a más bajo ritmo y observa indicadores como el de desempleo, eso se alinea con elementos que aconsejan ser mucho más prudentes en el otorgamiento de créditos y en el seguimiento de esas carteras crediticias.

Hay sectores que han mostrado cierta desaceleración, como el de la construcción, la cual si la mezclamos con los negocios inmobiliarios, hace un peso muy importante en el producto interno bruto.

Por otro lado, el turismo y sectores de comercio al por mayor, entiéndase Zona Libre de Colón, dan ciertos avisos de que hay que estar con mucho cuidado en el seguimiento de la calidad de la cartera de crédito.

Otro elemento en el que estamos muy enfocados es la calidad de la liquidez del sistema bancario.

Buscamos asegurarnos de que la calidad de la liquidez del Centro Bancario Internacional en su conjunto, y de los bancos individualmente, sea la adecuada para el regulador.

Usted habla de liquidez, no de activos. ¿Por qué la diferencia?

En términos generales han seguido creciendo los activos, probablemente a menor ritmo. Más allá de un tema cuantitativo de los activos, queremos asegurarnos en la parte cualitativa. No es cuántos activos tengo sino qué tanta calidad de activos tenemos en el Centro Bancario Internacional (CBI). Es una diferencia importante en términos de estadística y de reportes. Por supuesto, el total de activos seguirá siendo un indicador, pero donde queremos poner más énfasis, en una coyuntura económica como la que vivimos, es en la calidad de la cartera.

¿Cuál será el rol de los operadores bancarios?

Para cualquier economía, la banca es uno de sus principales apoyos. Es de los principales dinamizadores de las actividades productivas en sus procesos de expansión o desde el punto de vista de reactivar la economía. Es fundamental que la banca recupere confianza y que apoye los proyectos que necesita este país para reactivar la economía. Esto lo vemos desde el punto de vista de los agentes de la economía; hay actividades que muestran cierto grado de desgaste porque atraviesan un ciclo de ajustes, y ahí hay que ser muy prudentes.

Habrá siempre oportunidades para cualquier actividad bancaria de acompañar a ciertas actividades aun cuando no marquen una situación de crecimiento per se, por las razones que sean. En la medida en que los bancos entiendan los riesgos que están tomando y las posibilidades de éxito en términos de recuperación de esos créditos, creo que siempre habrá un apetito de cualquier agente financiero interesado.

Pero que no sea necesariamente el regulador bancario el que disponga, y de hecho no lo dispone así, que no se metan en tal o cual actividad.

Desde el punto de vista de la regulación, que muy probablemente tiene un vínculo, ella debe enfocarse en que los bancos puedan asumir efectivamente los riesgos bajo el conocimiento adecuado de estos y no necesariamente porque la regulación disponga una especie de desincentivo.

Los bancos son los naturales tomadores de riesgo y es importante que hagan sus análisis sobre la base de políticas de crédito muy bien estructuradas. Es muy importante que la comunidad entienda que nuestro rol no es crear obstáculos sino que en un momento de crecimiento de más bajo ritmo, hay que ser muy prudentes.

Lo debe entender el consumidor: existe una exposición importante de los bancos respecto de los créditos de consumo, en los que entran tarjetas de crédito, préstamos personales e hipotecas.

¿Cómo se reforzará la competitividad bancaria?

Ese es un asunto de absoluta prioridad en esta administración. No solo de la Superintendencia de Bancos, quiero aclararle. Vamos a ser facilitadores de ese mejoramiento de la competitividad de Panamá como CBI.

Es una prioridad del Gobierno que el país recupere la competitividad que fue perdiendo en los últimos años, y no solo en el sector financiero. Esto hay que verlo en su conjunto: como reguladores nos corresponde revisar unos acuerdos bancarios que posiblemente por su tema, [en este caso] el riesgo electrónico y la banca electrónica, parecieran desfasados en un lapso de cinco años.

Hay que hacer un análisis y ver qué otros medios de pago y productos y servicios se han originado, para realizar una regulación acorde con la transformación digital. El regulador debe hacer su parte y no quedarse rezagado.

El sector privado va a una velocidad mayor de la que pueden tener el sector público o los reguladores, pero debemos anticipar este tipo de posibilidades, que en el sector financiero es muy dinámico. Un objetivo fundamental de esta administración es la aplicación de un proyecto de modernización del sistema financiero panameño, pero eso lleva un orden. En primer lugar, contratamos una consultoría, con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo, para tratar los temas de medios y sistemas de pago que son un aspecto con el que nosotros no contamos hoy.

“Es fundamental que la banca recupere confianza y que apoye los proyectos que necesita este país para reactivar la economía”.

Al no tener Panamá un banco central, no ha habido un liderazgo claro en quién debe impulsar estos temas. La Superintendencia de Bancos ha tomado la decisión -no necesariamente en mi administración sino desde la administración anterior, la del superintendente Fernández-, de buscar los mecanismos para modernizar, desde nuestra área de influencia, el sistema financiero panameño.

Esta consultoría de medios y de sistema de pagos debe arrojar al menos un proyecto de ley que articule con muchos detalles cuáles serían esos elementos que pudiera contener un sistema de pagos electrónico, y yo agregaría: inmediatos.

El sistema financiero tradicional, e incluso las nuevas tecnologías, tal es el caso de las fintech, requieren algún marco regulatorio para asegurarse de que su actividad en la jurisdicción en la que los inversionistas decidan participar, se cumpla sobre la base de reglas claras, y que no van a estar a la arbitrio de una determinada institución o un determinado funcionario. En ese estadio, la Superintendencia desempeñará un papel muy importante en cuanto a dictar políticas y acuerdos para poder regular, e incentivar el establecimiento de nuevas tecnologías y servicios.

Por ser un tema de política pública, el MEF tendrá un rol que jugar. Desde el punto de vista operativo de un sistema de pago electrónico inmediato, posiblemente el jugador natural para ello sería el Banco Nacional de Panamá.

Se adelanta un ciclo de consolidaciones de bancos. ¿Están preparados?

Por supuesto que estamos preparados, y vemos con muy buenos ojos la consolidación. Sí, lo que usted acaba de decir es correcto sobre la base de bancos medianos adquiriendo bancos pequeños, y de bancos pequeños buscando esa alianza estratégica entre otros bancos también pequeños. Puede presentarse el caso de un banco grande buscando un banco mediano.

En la medida en que los bancos medianos miren hacia los bancos pequeños, y que los bancos pequeños entiendan que deben buscar volumen, buscar masa crítica, complementariedades de sus servicios, lo ideal es eso. A pesar de operar muchos bancos en el mercado doméstico, lo tengo que decir, y los números así lo reflejan, hay mucha concentración de bancos grandes, y por lo tanto lo que queda se reparte entre un número plural de bancos en los que probablemente no se genera el volumen deseado entendiendo que los costos de operar un banco son altos.

Puedo mencionar solo los costos operativos, los asuntos de cumplimiento y de gestión de riesgos propios del negocio bancario, y súmele los costos regulatorios para asegurar que esos asuntos sean atendidos de forma adecuada. Esta es una opinión personal: la idea no es buscar mayor concentración de la banca, sino que los bancos pequeños y medianos logren un volumen adecuado y que puedan consolidar sus operaciones sobre la base de cierta complementariedad. Son reglas del mercado, y en eso no nos metemos. Lo ideal sería no concentrar más la banca.

Con tantos frentes de trabajo y múltiples objetivos, la Superintedencia de Bancos va a requerir un mayor presupuesto, más tecnología, más personal idóneo…

Más que incorporar personal adicional, debemos buscar la eficiencia. Una manera de lograrla sería revisando nuestros procedimientos para asegurarnos de que sean efectivos. Por el otro lado: no hay manera de lograr eficiencias si no contamos con herramientas tecnológicas. Si nosotros como reguladores les exigimos tecnología a los bancos, más cuando les hemos dicho con mucha claridad que esto no es posible manejarlo de forma manual, pues creo que eso mismo también nos cobija a nosotros. Tenemos que revisar nuestros procesos, llevar de manera automatizada esos procesos a la SBP.

En términos de presupuesto no tengo todavía una opinión. Contamos con un presupuesto importante, pero obviamente que la base de los sujetos regulados ha crecido. Ya no se trata solo de los bancos y las fiduciarias, sino que además tenemos un grupo de actividades y de sujetos obligados como las propias financieras, y empresas de factoring y de leasing e incluso las de remesas, a las que tenemos la responsabilidad de supervisar en el ámbito de prevención de operaciones ilícitas. Eso ha llevado a que la Superintendencia de Bancos tenga un presupuesto mayor del que yo dejé hace siete años cuando era secretario general de esta entidad. Por lo tanto no tengo una opinión formada respecto del monto del presupuesto ni tampoco del número de supervisores.

En la medida en que nosotros contemos con procesos mucho más eficientes y efectivos y que la tecnología nos ayude a automatizar esos procesos, tendremos que estar más enfocados en una supervisión basada en riesgos, utilizando esa mayor tecnología.

Una supervisión más inteligente en términos de apalancarnos con herramientas tecnológicas que sean un poco más prospectivas en temas como análisis de la data y en hacer un poco más de inteligencia o de explotación de los datos que hoy recibimos de bancos y fiduciarias particularmente. Pero no puede ser que nosotros lo veamos con fines estadísticos. Creo que esa información debe ser analizada, moldeada, y que debe jugar en favor de la responsabilidad del regulador bancario con el ánimo de procurar, en la medida de lo posible, una regulación no tan invasiva como lo es hoy, sino una supervisión con análisis realizados por la propia Superintendencia, y que las visitas a sujetos obligados -y que no vamos a eliminar- sean lo más puntuales posible y focalizadas en los riesgos que hemos determinado y que el banco respectivo está gestionando de manera adecuada.