Se venden empresas

Se venden empresas

En la ficción empresarial del Monopolio los negocios mejor valorados, los de mayores rendimientos y con ubicaciones más estratégicas, se encuentran en las dos avenidas antes de pasar por Go. Llevado este juego de mesa a la realidad del norte de América Latina y el Caribe, el sector corporativo panameño se hallaría precisamente en esas franjas tan atractivas para los inversionistas. Así lo confirman varias de las operaciones de compra de empresas del istmo durante este año, de diversos segmentos económicos, por parte de conglomerados de otros países.

En la tendencia de inversión extranjera directa mediante la adquisición de negocios o por lo menos de parte de sus activos, los compradores se han dado gusto valorando, justipreciando, los solares panameños con una propuesta de empresas sin igual en la región. Por este motivo los analistas anticipan una prosecución en este tipo de transacciones tras la huella dejada por otras de gran calado. Basta mencionar algunas de 2018: el español Grupo Hospiten anunció en marzo la adquisición del Centro Médico Paitilla; en octubre ocurrió lo propio con el europeo Tigo (Millicom) y el 80% de las acciones de Cable Onda; y hace dos semanas correspondió el turno al ecuatoriano Corporación Favorita y al 60% del paquete accionario del Grupo Rey.

La tendencia sucede en otros países aunque cabe la posibilidad de que en Panamá se estén viendo las transacciones más grandes, sostiene Julio Giraut, director de la firma McKinsey & Company. Una comparación permite ejemplificar la valoración de Giraut teniendo en cuenta las diferencias entre los mercados. A mediados de agosto en República Dominicana, país de 10 millones de habitantes, se anunció la compra de Banco del Progreso por parte de Scotiabank. Los activos de la institución dominicana ascienden a mil 134 millones de dólares. Se la considera la operación del año en la isla.

La entidad canadiense formalizó con el vendedor un acuerdo de compra por 330 millones de dólares. En el ranking por activos de la banca dominicana, Progreso ocupó en febrero la quinta casilla, detrás de Scotiabank, según los registros del regulador de ese país. En Panamá, en cambio, la operación bancaria más importante del año se produjo entre dos entidades de capital panameño. En octubre, Global Bank anunció su disposición de pagar 245 millones de dólares por el 99.97% de las acciones de Banvivienda, entidad que se sitúa en la casilla 17 de la tabla por activos del Centro Bancario Internacional, los cuales ascienden a mil 878 millones de dólares.

Frederick Obediente, socio consultor de la firma Indesa. Cortesía

“Las transacciones de venta de empresas de capital privado a consorcios o inversionistas extranjeros han existido a lo largo de la historia de Panamá y del resto del mundo en diferentes sectores”, enfatiza Frederick Obediente, socio director de la firma de consultoría Indesa.

Estos movimientos, complementa Giraut, se relacionan con los ciclos económicos mundiales, como el actual. “Muchos jugadores empiezan a buscar opciones. Líderes globales y regionales [exploran] posibilidades que se concretan a través de adquisiciones. (…) En ese afán de crecimiento se dan las consolidaciones de jugadores internacionales con participantes locales de mercados, que como el panameño tiene industrias con un número importante de agentes”, detalla el director de McKinsey & Co.

Los inversionistas extranjeros valoran de Panamá varios de sus pilares económicos. Reunidos tales puntales como un todo, convierten al istmo en un mercado atractivo por sí mismo y en un faro de operaciones regionales. “La última ola de ventas tiene su justificación en factores que hacen atractivo el país para los consorcios extranjeros interesados en hacer sus inversiones [en una plaza] donde está el dólar, se tiene grado de inversión, hay estabilidad política y jurídica percibida y se valora la proyección estratégica de este hub para apoyar a la región con perspectivas de crecimiento”, enumera Obediente.

El país ofrece, además, facilidades de operación para las empresas y mantiene un comportamiento monetario estable.

En un reportaje publicado por la periodista Katiuska Hernández en esta publicación bajo el título “Todo sobre la venta del Centro Médico Paitilla”, el CEO del Grupo Hospiten, Juan José Hernández Rubio, destaca los motivos por los cuales Panamá se constituyó para dicho holding en el primer destino de inversión en América Central.

Hernández adujo el gran potencial del país, sustentado por ejemplo en el crecimiento de su producto interno bruto (PIB) de los últimos años o en el desarrollo inmobiliario. “El Canal y su expansión, el centro financiero y de telecomunicaciones y otras cualidades consolidan una gran proyección, muy equilibrada a la vez en comparación con el resto de la zona geográfica”, detalló el artículo periodístico.

Una declaración de Mauricio Ramos, CEO de Millicom, contenida en el reportaje “Cable Onda y Tigo potencian la red” de Martes Financiero, pondera la importancia de nuestro país en las operaciones aludidas. “La expansión de la red” de ambas corporaciones busca “conectar en el mediano plazo a 15 millones de hogares con las operaciones en Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Honduras, Nicaragua, Colombia, Bolivia y Paraguay”, adelantó Ramos en esa ocasión. Y agregó que el conglomerado se propuso un mayor crecimiento en la penetración de banda ancha fija y de banda ancha móvil. La operación se cifró en mil 460 millones de dólares.

El comunicado oficial de Corporación Favorita acerca de su operación con Grupo Rey plantea el alcance que representa Panamá como mercado: “La compra abrirá una gama de oportunidades para incrementar la producción local y exportar servicios y productos ecuatorianos. Esto significará una nueva fuente de ingreso de divisas y la posibilidad de que el talento ecuatoriano trascienda fronteras”, dice el boletín. La transacción supone un monto de 560 millones de dólares.

Salta a la vista la diferencia entre los montos de estas operaciones y las realizadas hace más de una década o a principios de este siglo cuando sucedió la venta de empresas a consorcios internacionales. Salvo la excepción de los 300 millones de dólares pagados por Bavaria para adquirir la Cervecería Nacional en 2001, las sumas de entonces rondaban las decenas de millones de dólares.

“Varios factores impactan el valor de las transacciones. En gran medida están ligados con los resultados arrojados por las operaciones; las inversiones que requiere el negocio; el valor de los activos que se están adquiriendo y el riesgo percibido del negocio”, explica Obediente quien añade los muchos casos de negocios con resultados históricamente altos, el valor de los activos, “sobre todo los de tipo inmobiliario”, y el comportamiento “robusto” de la economía en los últimos 10 o 15 años.

Julio Giraut, director de la firma McKinsey & Co. LP–Roberto Cisneros

“El país ha apuntado años de crecimiento económico sostenido, en algunas ocasiones a dos dígitos, con lo cual se triplica o cuadriplica la economía. En las cifras actuales de las transacciones, y esto es una hipótesis, también puede incidir que las valoraciones del mercado estén más altas”, aduce Giraut. Solo para tenerlo en cuenta, en el año de la venta de Cervecería Nacional el producto interno bruto de Panamá ascendía a 11 mil 810 millones de dólares. En 2017, el PIB se acercó a 62 mil millones.

‘Habla’ el mercado

La venta de empresas de capital panameño a conglomerados foráneos suelen presentarse, al igual que en otros lugares, cuando son incentivadas por el mercado. Este solo elemento traza la ruta de las transacciones en mención, o por lo menos señala su inicio. De vez en cuando pesan factores generacionales. “Sobre todo en empresas de muchos años y de índole familiar en las que se llega a un punto donde se reduce el apego al negocio según lo visualizó la generación fundadora”, apuntala Obediente.

El consultor de Indesa profundiza, por otro lado, en el comportamiento del mercado como antorcha de la inversión extranjera directa canalizada en el sector empresarial. Apunta primero cómo en la búsqueda de mayores escalas de negocio típicamente pueden lograrse más eficiencias, lo cual se traduce en mejores resultados. “Ha sido el caso, en su momento, de las adquisiciones y fusiones realizadas en el sector bancario”.

El experto prosigue con los ejemplos motivados por planes estratégicos o para alcanzar una integración de mercado con el propósito de aumentar una participación, tal cual sucedió con cervecerías y cementeras. O la necesidad de optimizar operaciones para fortalecerse competitivamente, como ocurrió con el sector cable–operador y de telecomunicaciones y tecnologías de la información. En la búsqueda de estos objetivos, Obediente hace alusión a “las empresas que buscan socios estratégicos que compren una parte de ellas o su totalidad”.

Al margen del factor mercado y a diferencia del acontecer del Monopolio en el que solo se compra y se vende y se gana y se pierde, estas operaciones se supeditan al éxito de la subsecuente integración corporativa. “Cuando las compañías ven un activo para comprarlo, sobre todo en una subasta, se buscan supuestas sinergias capaces de captar” un beneficio o una ventaja, comenta Giraut.

El consultor de McKinsey & Co. añade que parte de esas sinergias se ponen en el valor de transacción y tienen que ver con costos o con ingresos, estás últimas las más difíciles de captar. “Y lo son porque el comprador a veces se pregunta: ¿Comprando ese activo lograré vender más, o podré hacer una expansión de la operación?”.

Sobre los aspectos más complejos en adquisición o fusiones corporativas, Obediente sostiene que debe cumplirse un proceso de integración con la empresa o los accionistas que la adquieren, en el cual se requiere, típicamente, lograr una adecuación organizacional, operativa, comercial y financiera según los estándares de la nueva empresa.

Esto se hace gradualmente aprovechando la organización y las mejores prácticas de la empresa local, sostiene el experto de Indesa, quien agrega que no hace mucho sentido desmontar la compañía adquirida porque se estaría destruyendo potencialmente el valor. “En la medida en que esto se logre en el menor tiempo posible, la adquisición tiene mayores oportunidades de preservarse y de aumentar su valor”.

De manera que si bien es cierto que Panamá está de nuevo en la ola de venta de empresas de capital local a inversores extranjeros, ellos saben también que estas operaciones nada tienen que ver con el azar de unos dados, como ocurre con el Monopolio. Más bien se relaciona con el análisis de un tablero cada vez más competido.

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