Ritmo de economía panameña se equipara ahora a las asiáticas

Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), traía una maleta cargada de noticias, que abrió para los lectores de Martes Financiero.

Desde la oficina del BID, a un costado de la transitada calle 50, Moreno —de visita en Panamá para asistir al Global Business Forum Latin America— hizo un alto en su apretada agenda y pasó revista a la economía panameña y de la región, y de las posibilidades del sector financiero de transformación digital.

Moreno es un diplomático, graduado en administración y economía y hombre de negocios colombiano que ha sido ministro de Desarrollo Económico en Colombia y que desde 2005 ocupa el cargo de presidente del BID, con sede en Washington. El trabajo en el organismo multinacional lo ha llevado a recorrer el mundo y a saber de primera mano el diagnóstico no solo financiero sino social de las economías de la región. Sobre Panamá, aclara que “ya no es un país con tasas de crecimiento latinoamericanas, sino asiáticas”. Se le debe tratar como un país con una economía que va en vías de desarrollo, pero que aún alberga muchas desigualdades y problemas propios de la región que debe resolver cuanto antes.

En entrevista con Martes Financiero, Moreno, como si fuera el médico de cabecera de Panamá, ausculta los desafíos que este enfrenta como sede del Centro Bancario Internacional y como cluster logístico y destino de inversiones millonarias.

“La vocación como centro bancario y financiero seguirá, pero hay que adaptarse”, sentencia, al recordar los recientes episodios por los que pasó Panamá para salir de la lista gris del Grupo de Acción Financiera (GAFI) y las exigencias de adoptar nuevas regulaciones para evitar el banqueo de capitales y el financiamiento del terrorismo, sin perder de vista las constantes evaluaciones a la que es sometido el país por parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

La cartera en ejecución del BID en Panamá al cierre del 31 de diciembre de 2018, asciende a 2 mil 700 millones de dólares aprobados y costa de 20 proyectos para obras y líneas de asistencia técnica. Bajo su sello de financiamiento se han levantado obras como la ampliación del Canal y programas de asistencia técnica, para la mejora del sistema educativo, y de la salud, proyectos de energía y programas de agua y saneamiento de la bahía entre otros.

¿Cómo valora el comportamiento de la economía de panamá?

Es importante destacar que Panamá dejó hace mucho tiempo de ser una economía que crecía a tasas latinoamericanas para convertirse en un país más de tasas asiáticas, como dicen nuestros economistas en el BID. Panamá desde hace 15 años prácticamente dobló el ingreso per cápita y el ritmo de la economía panameña se mantuvo y se ha mantenido como la primera y ahora como la segunda que más crece en la región. Creemos que seguirá esta tendencia por más tiempo.

¿Cuáles son los retos para que ese crecimiento sea sostenible?

La gran pregunta que se tienen que hacer los panameños es qué necesita Panamá para ser un país desarrollado. Y me refiero a un país que tenga un ingreso en torno a los 30 mil o 35 mil dólares al año por habitante, que son ingresos parecidos a los países de Europa, como Portugal. Pues bien, para que esto suceda hay un conjunto de retos que tiene Panamá y tareas por solucionar.

El primero tiene que ver con los temas institucionales. La fortaleza institucional de un país es la que le permite poder pasar con éxito a tener no solo una base que le abre espacio y le da reglas certeras al sector privado para que invierta, sino que también le permite atender las necesidades de la población. Entonces debe fortalecer las instituciones.

El segundo reto del país es atender la calidad de la educación, y es algo que curiosamente, por el tamaño de Panamá, lo puede hacer rápido. Independientemente de que hoy el 20% de la población panameña esté en situación de pobreza, esa gente solo va a poder salir de la pobreza con buena educación. Aquí no hay un problema de demanda de la oferta laboral; por el contrario, lo que hay es un déficit de carreras vocacionales en áreas técnicas que obliga en algunos casos a que el país importe talento. Panamá debería poder subsanar eso.

Entonces estos dos puntos, la educación y la institucionalidad, permitirán que mejore la competitividad de Panamá y que pueda ser un país desarrollado en una década.

En ese contexto, ¿cómo percibe al sector bancario y financiero?

Aquí hay un centro financiero que ha sido muy importante y ha servido al país en términos de bancarización. Cerca del 82% de la población tiene acceso a financiamiento y eso es muy importante para el comportamiento de la economía. Es cierto que Panamá ha tenido problemas que ha venido sorteando. El BID ha ayudado mucho en temas como salir de la lista gris. Igualmente el país suscribió acuerdos para cumplir estándares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) —como el common reporting standard—. Estas normativas le permiten a Panamá desarrollar los temas regulatorios acordados por los países europeos, y ha venido avanzando en esta materia.

Estos eran temas que Panamá debía atender desde hace tiempo, y la buena noticia es que ya se han hecho importantes reformas. Hay que aclarar que este no es un tema exclusivo de Panamá, otras economías y países, por ejemplo, de las islas del Caribe, están en la misma situación, y han tenido que hacer los mismos sacrificios que hizo Panamá para salir de todas esas listas, porque dañan la capacidad de atraer inversión de largo plazo.

¿Qué otros cambios debe ejecutar el sector bancario y financiero?

Yo creo que Panamá tiene la vocación de seguir siendo un centro financiero por excelencia. Aquí hay muchos bancos internacionales, de Colombia y otros países, que han establecido en el istmo sus sedes regionales. Hay países con problemas de doble tributación, lo que hace que mucha gente quiera tener sus depósitos en Panamá y por una multiplicidad de razones, yo creo que Panamá seguirá siendo un centro financiero atractivo.

Ahora bien, lo que deben hacer el país y el sector bancario es actualizarse y adaptarse a las tendencias del sector financiero global y a los temas regulatorias internacionales, lo que le va a permitir a Panamá seguir siendo un país que atraiga muchas inversiones.

¿Qué papel juega la tecnología para impulsar al sector financiero y de otros sectores?

Panamá tiene la capacidad de hacer un gran salto en este sentido. Primero, porque es un centro logístico por excelencia y eso le ha permitido, con la expansión del Canal, movilizar las inversiones de centros de distribución en toda la región que se han adecuado y preparado justamente por la ampliación del Canal. Vemos el caso de las inversiones en puertos en Costa Rica y en Colombia. Pero de la mano con el potencial logístico, hay otro sector que puede aprovecharse más: el tecnológico. Tanto para el sector financiero con las fintech como para que Panamá se convierta en un centro que atraiga innovación. El país tiene una gran infraestructura en cuanto a acceso a internet y a banda ancha que, si permite acceso a bajos costos, puede impulsar la creación de un hub tecnológico.

Creo que una de las áreas es crear un centro de innovación tecnológico que atraiga a empresas y emprendedores que se instalen en Panamá para que ofrezcan y desarrollen sus soluciones para múltiples sectores como el financiero. Panamá puede ser tierra fértil para que se instalen muchas startup. Esto debe ser una política de Estado, para que el país sea un punto de conexión de las diferentes plataformas y emprendedores de la región. En fintech hay muchas innovaciones en la región y es importante que Panamá pueda atraerlas para modernizar su centro financiero y no quedar rezagado.

¿Cómo ve el pulso del comercio regional?

El comercio, como lo conocemos de bienes y servicios, ha venido cambiando y seguirá evolucionando. El comercio de servicios crecía a tasas de 1 o 2 puntos por encima del crecimiento de la economía global. Pero la naturaleza de las cadenas de valor ha ido mutando hacia encadenamientos más en los países y el gran impulso que estamos viendo proviene del comercio electrónico, que yo creo que es donde hay un gran espacio para que Panamá pueda aprovecharlo para su crecimiento. Para esto, lo que se necesita son grandes centros de distribución capaces de movilizar cargas con mucha velocidad a distintos países. Yo creo que esa es la ola que apenas comienza en América Latina, el e–commerce. Ya en países como China e India, donde viven miles de millones de personas, el teléfono inteligente se ha convertido en la principal herramienta para comprar desde una nevera, un vehículo, hasta el mercado del día. Eso todavía no pasa en la región, pero llegará.

¿Qué valoración tiene la economía naranja?

Justamente estamos trabajando en Panamá un programa de crédito para la economía naranja, que consiste en entender que hay una gran creatividad en nuestros países. Puede que la región sea pobre, pero somos millonarios en cuanto a nuestra cultura, diversidad, ideas e innovación y todo lo que nos ayude a nutrir ese potencial es clave, como el Festival Internacional de Cine de Panamá, el Festival de Jazz, ustedes tienen grandes músicos en Panamá, artistas, diseñadores, creadores, y el hilo conductor de todo esto es la tecnología que potencia que todas esas innovaciones se conozcan y traspase las fronteras.

¿Cómo cerrar esa brecha entre el gran crecimiento económico y la desigualdad social?

Ese es un reto que no solo tiene Panamá, sino todos los países latinoamericanos. Obviamente, en un país como Panamá, que ha crecido a tasas altas, siempre se generan problemas de concentración de la riqueza y allí lo que se necesita es invertir mucho más en políticas que redistribuyen esos ingresos. Por eso hablaba de la educación. Creo que esa es una asignatura pendiente para este país. Todo ese crecimiento económico hay que volcarlo, y no solo hacerlo en el capital físico y de creación de nuevas infraestructuras como el Canal, sino dirigirlo también a capacitar al capital humano que son los panameños.

¿Qué proyectos de infraestructura analiza el BID para apoyar en Panamá?

Es impresionante la velocidad con la que han hecho las líneas del Metro. Panamá, en la medida que vaya aprovechando esa capacidad logística, que ya tiene, para conectar a todo el país y que no esté solo enfocada en el mar, le permitirá ser más competitivo como país. Todo lo que sea obras para integrar al país con el resto de Panamá con la mejora de la movilidad en las ciudades es un gran tema en el que el BID está interesado en apoyar.

¿Un pincelazo de cómo ve la economía en la región?

Ciertamente estamos creciendo menos y ese es el reto no solo para Panamá, sino para todos los países de América Latina. Es menos grave en el caso panameño porque, como dijimos, es un país que crece por encima de la media regional. Pero el resto está registrando menores crecimientos. El gran reto es cómo encontrar esas nuevas fuentes de crecimiento. Creo que una de esas opciones es el comercio entre nuestros países, que sigue siendo muy poco cuando se compara con los países de Asia, donde cerca del 60% del comercio es dentro de esa región y en América Latina es solo 20%.

¿Cómo aprovechar el comercio con otros bloques económicos como el del Golfo Árabe?

Al tener Panamá un centro financiero global, tiene una gran capacidad para atraer como sitio de destino a muchos inversores del golfo árabe. El comercio de esa región con América Latina está muy concentrado en Brasil, Argentina y México, pero es mucha la oportunidad para otras economías, incluyendo la panameña. No solo comercializar bienes, sino servicios, y aprovechar esa exportación y el interés que tienen los países árabes en negocios logísticos, agroalimentarios y otros sectores como el bancario. Por ejemplo, Dubai Ports, con quien el BID ha trabajado mucho, tiene varios puertos en la región y quiere incrementar su participación en América Latina. Igualmente, la conectividad aérea que puede aprovechar también Panamá como hub de las Américas.

¿Cómo ve el futuro del mercado laboral?

El trabajo del futuro implica cambios drásticos. Le pongo un ejemplo: si nuestros padres tuvieron 2 o 3 empleos en su vida, y nosotros tenemos si acaso 6 o 7, nuestros hijos van a tener 6 o 7, pero al mismo tiempo. El futuro del trabajo va a ser muy diferente a como lo conocemos. La tecnología facilita el tipo de cosas que podemos hacer y nos hace más productivos y da más comodidad. Con el teléfono inteligente ya la oficina física no es una limitante. Van a crearse nuevos oficios y empleos, por eso nuestra insistencia en que mejore la calidad de la educación. Escribir códigos de programación y tener habilidades STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) será crucial para abordar los desafíos laborales.

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