La sinfonía laboral de los independientes

La sinfonía laboral de los independientes

La rápida adopción de nuevas tecnologías, como las aplicaciones móviles de conexión de consumidores con empresas de servicios de movilidad, educación, alojamiento, delivery, arreglos a domicilio y otras actividades, marca un antes y un después en el mercado laboral.

Las relaciones de trabajo entre empleadores y empleados está cambiando a una velocidad nunca antes vista. Surgen nuevos modelos de contratación y lo que antes era una alternativa, como las modalidades freelance y cuentapropistas, se convierten en una tendencia con más adeptos.

Impacto. Las generaciones ‘Millennials’ y ‘Centennials’ buscan empleos más flexibles. Ricardo Iturriaga

En la era de la revolución 4.0, de la robótica y la automatización de los oficios, el gig economy o trabajo temporal por tareas entra con fuerza en la escena mundial y hace tambalear relaciones tradicionales y legislaciones vigentes y pone a pensar a los analistas sobre el futuro del trabajo tal y como lo conocemos.

El término gig era muy usado entre los músicos de jazz en Estados Unidos que tocaban por contratos para determinados eventos, y pasaban de un lugar a otro en sus diferente presentaciones. Se ha adaptado ahora a un modelo económico aplicado a trabajadores temporales contratados para determinados proyectos y a los que lo hacen a través de las plataformas tecnológicas.

¿Desaparecerá el empleo fijo? ¿Todos serán temporales? ¿Es esta tendencia una informalización de la mano de obra? ¿Serán sustituidos por máquinas los empleos actuales? ¿Qué pasará con la seguridad social de estos trabajadores?

Un cúmulo de dudas que los analistas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y firmas de análisis del mercado laboral tratan de resolver, mientras se alerta que el trabajo tal y como lo conocemos tiene los días contados. “Ya no es solo el mundo del trabajo el que está cambiando, sino la forma como vive la humanidad, se relaciona, estudia y se educa, compra e intercambia bienes y servicios. Hay una nueva ola de cambios tecnológicos que impacta al mercado laboral”, reconoció José Manuel Salazar–Xirinachs, director regional de la OIT en un taller dado en Panamá a periodistas latinoamericanos.

No es nueva la discusión sobre el reemplazo de unos oficios por otros. Cuando llegaron los carros, desaparecieron los carretilleros arrastrados con tracción animal; cuando apareció la electricidad, se acabó el uso del aceite de ballena y el trabajo de quienes encendían manualmente las farolas en las calles. Así ha evolucionado el mercado en cada revolución. Se eliminó el oficio de las operadoras de teléfonos con los avances tecnológicos y sigue pasando hoy con las casillas de estacionamientos y las garitas de peajes de los corredores y las autopistas, que se operan automáticamente.

“Hay una presión enorme sobre los sistemas educativos, que deben estar al día con sus currículos, métodos de enseñanza y carreras, para adecuarlos a las habilidades que el mercado está demandando y capacitar a los trabajadores en nuevos oficios”, apunta el director de la OIT, al indicar que hay varias corrientes de pensamiento, las más pesimistas y apocalípticas que dicen que desaparecerán miles de empleos por los robots y otros que dicen que se complementarán, además de los que señalan que será el tiempo para que se demuestren las verdaderas cualidades humanas en las relaciones de trabajo y prevalecerán acciones que solo pueden hacer las personas y no las máquinas.

El informe el Futuro del Trabajo en América Latina y el Caribe, publicado por el BID, señala que en Panamá el 65% de los trabajadores se encuentran en ocupaciones con un alto riesgo de ser automatizadas. Sin embargo, alerta que debe mirarse con atención el costo de esos procesos. La mano de obra en muchos países de la región es más económica que la inversión en tecnologías sofisticadas que reemplacen a los trabajadores. Esto reduciría el impacto de la desaparición de trabajos en el corto plazo. Aunque la amenaza sigue latente.

René Quevedo, experto en el mercado laboral, enumera 12 tendencias que están impactando al sector (ver gráfico), entre ellas la desaparición de algunos empleos tradicionales y la generación de empleos nuevos, la disminución del empleo asalariado, la demanda de trabajadores del conocimiento, la reducción de empleos manuales, la decadencia de la “titulitis” y emergencia del “saber resolver”, los freelancers, y flexibilidad laboral.

“El auge de las compañías y aplicaciones de internet que ponen en contacto a trabajadores con clientes como Uber para coches con conductor, Deliveroo para entregas a domicilio con repartidores en bicicletas, Taskrabit o Cronoshare para tareas que van desde escribir un guion hasta desarrollar un software, provoca que millones de personas hayan perdido la condición de empleados, y con ello el derecho a tener vacaciones o bajas por enfermedad pagadas, conseguir un crédito o planificar las finanzas del hogar”, refiere Quevedo.

La llamada economía gig suena fuerte en el mundo del empleo y se presiente como una de las nuevas modalidades “a las que nos vamos a tener que acostumbrar o mejor dicho, a las que ya nos vamos acostumbrando”.

La discusión mundial se centra en que esta tendencia implica que el empleado asume un mayor riesgo. De hecho, cada vez más trabajadores se convierten en ‘empresarios’, fuera del ámbito de la protección social como la Caja de Seguro Social (CSS) y la legislación laboral.

Es un camino sin regreso. En Panamá, entre agosto de 2014 y marzo de 2018, tres de cada cinco nuevos empleos fueron generados por trabajadores independientes, mientras que solo 9 de cada 100 fueron nuevos empleados asalariados del sector privado, que entre 2004 y 2009 aportaron 99% de la expansión del empleo.

Existen hoy 543 mil 93 trabajadores por cuenta propia en el país, según el Instituto Nacional de Estadística y Censo, con cifras de marzo de 2018, lo que representa el 29% del empleo. Esta cifra abre otro debate en Panamá, pues se considera trabajadores informales a todos los trabajadores que no tributan sobre la renta, devengada en el empleo informal y no tienen acceso a la seguridad social. “Esto incluye a los empleados de empresa privada sin contrato de trabajo, trabajadores independientes, patronos cuyas empresas cuentan con menos de cinco empleados, personas que prestan servicio doméstico y trabajadores familiares”, resalta Quevedo.

Bajo este estándar de calificación, las más de 543 mil personas que trabajan por cuenta propia son informales y los profesionales universitarios que prestan servicios a través de honorarios profesionales tienen aviso de operación, pagan impuestos y cotizan como independientes ante la CSS, al igual que los microempresarios con menos de cinco empleados, son clasificados igual que buhoneros y empleadas domésticas.

“Esto debe cambiar para adaptarlo a las nuevas tendencias, así como flexibilizar que estos freelancers, el motor del empleo en el país, puedan cotizar a la CSS ante la inminente desaceleración del crecimiento del empleo asalariado”, propone Quevedo.

Alberto Alesi, director de Manpower Group en el Caribe y Centroamérica plantea que debe trabajarse rápidamente en transformar y adaptar las regulaciones sobre la contratación de personal, porque de lo contrario se estarán auyentando modelos de negocios que finalmente terminan en mercados laborales más flexibles.

Bertha Barrera trabajaba en una empresa de telecomunicaciones en el área de mercadeo, y quedó desempleada después de cumplir 45 años de edad. “Conseguí trabajo en una inmobiliaria por medio tiempo, así que opté por una plataforma de transporte para trabajar el resto del día, y ahora me dedico solo a eso y ha sido una alternativa de ingreso”, relata.

En muchas empresas, la automatización de los procesos está desplazando trabajadores o exigiendo empleados más capacitados. Según Manpower, las funciones de atención y servicio al cliente y las funciones de tecnología de la información (IT) registrarán más aumentos de la plantilla, resultado de la automatización. Necesitarán más personal preparado en estas áreas. Mientras que los roles de finanzas y contabilidad, así como los de recursos humanos van a experimentar la mayor disminución de empleados, porque son los roles de rutina o añaden un valor mínimo a los clientes, por lo que están bajo mayor amenaza frente a la automatización.

Teresa Morales, directora corporativa de Softland Capital Humano, menciona que, según la consultora Willis Towers Watson, en los próximos años las compañías esperan reducir el porcentaje de colaboradores a tiempo completo, pero estiman vincular más trabajadores por tiempos cortos. Se calcula que en tres años los trabajadores independientes pasarán de un 6% a un 8%.

A la tendencia de la economía de pequeños encargos o gig economy han surgido otros tipos de trabajos como la economía colaborativa (sharing economy), economía del talento (talent economy), subcontratación masiva (crowdsourcing) y la economía experta (expert economy), agrega Laura Fuentes, gerente de asesoría en gestión de personas de KPMG en Panamá.

Las modalidades más vistas hasta ahora en Panamá tienen que ver con la economía colaborativa con el auge de plataformas de movilidad como Uber y Cabify, que conectan a conductores y dueños de vehículos con clientes, al igual que en el mundo del delivery, donde cientos de jóvenes trabajan en las principales capitales latinoamericanas, incluyendo a Panamá, llevando en moto, bicicletas, carros o a pie encargos de comida, mercado, medicamentos, regalos y otros bienes a los clientes a domicilio.

Pero hay otros empleos como los tutores educativos que se conectan por las plataformas para dar horas determinadas de clases, muchos son estudiantes y complementan sus ingresos con clases, también las empleadas domésticas, servicios de mantenimiento y arreglos en el hogar, los músicos, ingenieros en sistemas que trabajan por proyectos.

“Trabajo cuatro meses o seis en un proyecto de sistemas en un banco y luego estoy en otro proyecto, incluso puede ser en otra institución”, comentó una ingeniera que pidió la omisión de su nombre.

Las nuevas generaciones de profesionales como los mileniales y los centennial están empujando nuevas formas de trabajo más flexibles. El Sistema de Encuesta Salarial 2018 (SES), realizado por KPMG, detalla que los aspectos demandados por estas generaciones en el ámbito laboral son: contar con un balance vida–trabajo, mayor flexibilidad laboral, rápida retroalimentación, mayor control y autonomía sobre sus trayectorias profesionales y acceso a la nube o plataformas. Características que ofrecen estos nuevos modelos de trabajo.

Otros estudios, como el de Freelancers Union y Upwork, predicen que los trabajadores independientes constituirán la mayoría de la fuerza laboral en Estados Unidos, dentro de una década y que los mileniales están liderando esos trabajos.

El director regional de la OIT, José Manuel Salazar–Xirinachs, reconoce que estos nuevos modelos de trabajo abren el debate mundial sobre las condiciones de precariedad o no, en la que están los trabajadores. “En muchos casos son trabajos precarios y la pregunta es cuáles son las nuevas regulaciones y los enfoques oficiales para mantener mercados laborales inclusivos y cubrir socialmente a estos trabajadores [de la gig economy, de la economía colaborativa y otras modalidades]”, reflexiona..

Hay planteamientos como establecer pisos de protección social y que estos empleados tengan acceso a cobertura de salud y pensiones, pero aún hay mucho por hacer en la región. Países desarrollados hablan de fijarles salarios base a las plataformas tecnológicas colaborativas para garantizar ingresos mínimos a quienes se valen de ellas para trabajar.

Otros indican que estas plataformas son modalidades de microempresarios o emprendedores y que permiten la inclusión de mujeres al mercado laboral y que personas que ya no encuentran empleo formal por la edad, puedan seguir siendo económicamente activos.

Mientras tanto, 140 millones de personas en Latinoamérica y el Caribe están en la informalidad. En Panamá, el 40% de la población económicamente activa. El promedio regional de desempleo juvenil es superior al 18% y se estima que 40% de los desocupados de la región son jóvenes. Y 6 de cada 10 jóvenes solo encuentran empleo en condiciones de informalidad. ¿Será el autoempleo y las nuevas modalidades del gig economy la opción para ellos?, es la pregunta que muchos se hacen y que nadie sabe contestar.

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