El paraíso digital de Europa

Vive en Syllicon Valley pero fue presidente de Estonia durante dos periodos continuos, y ayudó a gestar la revolución tecnológica más afortunada de todas.

Se llama Toomas Hendrik Ilves y estuvo de visita en varios países de América Latina, en los que explicó las virtudes de la digitalización contra la corrupción y en favor del bienestar ciudadano.

Visto a través de internet y en los reportajes publicados en la web de medios de comunicación europeos, Estonia es un enclave sobre el mar Báltico donde se citan bosques de vieja data y son frecuentes los depósitos de pizarra bituminosa y de piedra caliza.

La vida de este país se desenvuelve entre la humedad combi-nada de veranos templados e inviernos congelados que ocurren en sus llanuras esparcidas en 45 mil metros cuadrados de territorio. Tiene una parte continental y otra todavía mayor, repartida entre islas e islotes frente a Finlandia.

Nada extraordinario pareciera suceder en este lugar báltico habitado por 1 millón 300 mil estonios. Nada, salvo que Estonia ocupa las noticias por su conversión en la sociedad digital más avanzada de Europa. (Posiblemente del mundo).

Y uno de sus expresidentes de dos mandatos sucesivos, valorado además como un promotor fundamental de dicho avance tecnológico, estuvo de visita en Panamá el pasado miércoles para explicar la manera como su país se volvió un referente global de la revolución 4.0.

Toomas Hendrik Ilves llegó a nuestro país invitado por el Banco Interamericano de Desarrollo. Sostuvo audiencias con representantes del Centro Nacional de Competitividad, en la mañana, y de la Ciudad del Saber, al mediodía, y con el presidente Juan Carlos Varela. Al final de la tarde se reunió con el Consejo de Innovación Gubernamental y la comisión asesora de la Autoridad Nacional para la Innovación Gubernamental.

La agenda del exmandatario estonio centró buena parte de su atención en el desarrollo de Estonia. Su exposición tuvo en cuenta estadísticas que ponen a este país báltico en lo más alto de la tabla de las naciones líderes en gobierno digital y ciberseguridad, con Israel, Nueva Zelanda, Corea del Sur y Reino Unido, según la enumeración de Irving Halman, administrador de la Autoridad Nacional para Innovación Gubernamental.

Estos son algunos de los datos más relevantes sobre el país de Ilves: el 90% de la población usa internet de manera regular; el 86% de los hogares tiene banda ancha; el 37% de la población ejerce el voto electrónico; el 88% de las casas de familia cuenta con al menos una computadora; funcionan más de 476 millones de firmas electrónicas, y debido a esta última facultad se logran ahorros equivalentes al 2% de su producto interno bruto; y tiene 1 millón 296 identificaciones digitales. (Ver en la página 17 los recuadros: Indicadores sociales y e-government).

“El desarrollo digital no es un asunto que atañe solo al gobierno. Para que funcione este cambio debe tenerse la participación de la sociedad civil y del sector privado. En el caso de mi país, los jóvenes estaban muy interesados en la tecnología y en que cambiaran las cosas.

Pero es importante que el gobierno esté dispuesto a asumir estos riesgos. No puede ser algo que permee de abajo hacia arriba”, comenta Ilves, exmandatario de Estonia de 2006 a 2016.

ESTONIA PULSA “ENTER” 

¿Por dónde empezamos?, se pregunta Linnar Viik, economista estonio considerado un artífice de esta transformación, en un reportaje publicado por el diario El País de España hace seis meses.

En el artículo, Viik sostiene que cuando su país se independizó de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, aquella era la pregunta que acosaba a quienes lideraron la transición.

No había Constitución ni instituciones legales. Las infraestructuras eran obsoletas y además estaban en malas condiciones, y el sistema bancario se hallaba a años luz del sistema occidental.

La crisis económica noqueó de inmediato al país, que pronto pasó de una relativa prosperidad bajo el paraguas soviético, a un escenario de inflación disparada y producto interno bruto en declive.

“En realidad, nosotros no quisimos crear un estado digital, era una cuestión de supervivencia. En seguida nos dimos cuenta de que la administración pública y la burocracia gubernamental eran muy caras”, recuerda Viik.

La digitalización tomó fuerza con el deseo de los estonios de hacer las cosas de manera diferente de como se actuaba en otros países después de décadas de socialismo. Según el artículo citado, Viik alude a que en Polonia los movimientos postsoviéticos quedaron en manos de los sindicatos.

En Checoslovaquia, en algunos intelectuales. Y en Estonia resultó de la mixtura de músicos, poetas, escritores y científicos. Los ingenieros, agrega, estuvieron muy de cerca en la creación de las leyes y de la administración.

Tllin, la capital de Estonía

A principios de la era postsoviética, Toomas Ilves había establecido contactos con organizaciones políticas encargadas de fijar los pilares de la República de Estonia. Los aportes de Ilves a la construcción política de su país se posibilitaron después de haber pasado su vida en el exterior.

Según Wikipedia, Ilves nació en Estocolmo en 1953, en el seno de una familia de refugiados que abandonó Estonia tras la ocupación soviética del Báltico durante la Segunda Guerra Mundial. Él tenía tres años de edad cuando partió con su familia para Estados Unidos.

Estudió psicología en la Universidad de Columbia, Nueva York. Hizo una maestría de la misma profesión en la Universidad de Pensilvania. Fue profesor de inglés y asistente de dirección del Centro de Educación

Abierta de Englewood, Nueva Jersey. Se trasladó a Vancouver, Canadá, donde dirigió el Centro de Artes de esta ciudad y enseñó cultura y literatura en la Universidad Simon Fraser.

Cambió de país de residencia y partió para Alemania Federal. En Múnich inició su trayectoria periodística como redactor del departamento estonio de Radio Libertad. Ascendió a jefe de sección y ahí entabló contactos con las organizaciones responsables de dar inicio a la República de Estonia.

Adquirió su nacionalidad y su ciudadanía. Más adelante asumió como canciller, ocupó un escaño en el Parlamento Europeo y llegó a la Presidencia en 2006. En ese entonces tañó ya el primer campanazo digital de Estonia. En su capital, Tallinn, tres estonios desarrollaron el software conocido como Skype, el cual permite comunicaciones de texto, voz y video mediante internet.

“Hace 15 años, Estonia empezó este proceso y lo hizo con la identidad digital. Aunque no fue algo novedoso, sí fuimos los primeros en hacerlo. Lograr estos cambios requieren por un lado tener una identidad digital y por el otro [hacer] una arquitectura del sistema.

A principios de este siglo teníamos una plataforma de fuente abierta, o sea que no es propiedad privada, que ha sido adoptada por Islandia y Finlandia, y que Panamá está acogiendo ahora”, sostiene Ilves.

El apoyo de Estonia a Panamá se aprecia en los tres viajes realizados por misiones panameñas a ese país europeo, precisamente para adquirir conocimientos idóneos para poner en marcha programas como Panamá en Línea, inaugurado hace tres semanas. A través de esta plataforma pueden adelantarse 130 trámites ante varias instituciones oficiales y se espera un total de 450 en 2019. (En Estonia están habilitados 2,375 servicios).

“En la primera misión firmamos un memorando de entendimiento. Fue un viaje de conocimiento de las aplicaciones posibles en gobierno digital. En la segunda y la tercera visitas participó personal de la Caja de Seguro Social, el Ministerio de Salud y el Registro Público y un representante de los notarios, para que pudieran valorar los avances electrónicos en las
materias pertinentes”, comenta Halman.

La arquitectura digital de Estonia deja lecciones de trascendencia global. Según un comentario de Ilves, el 99% de la población de ese país utiliza recetas médicas electrónicas. Cualquier ciudadano en cualquier farmacia puede solicitar con su documento de identidad una fórmula médica escrita electrónicamente por el médico. Si el paciente debe renovar la receta, simple y llanamente textea a su médico quien responde a través de su computadora o teléfono móvil, y autoriza la compra del medicamento.

Y solo tres trámites deben hacerse personalmente: el matrimonio —menos mal—, el divorcio —“lo cual no es muy agradable”—, y la compraventa de una propiedad. “Se dieron casos de empresas de papel que compraron bienes raíces desde Inglaterra o Estados Unidos sin saberse nada del dueño”.

Una señal de retraso son las filas. Significa que algo no marcha bien. A propósito, Ilves comenta que vive ahora en el área de Syllicon Valley, “la meca de la informática” con sus sedes centrales de Facebook,

Tesla, Apple, Google y un kilométrico etcétera. “Allá se producen cosas maravillosas como el iPhone”. Sin embargo, advierte, el ciudadano común es como si viviera en los años de 1950.

“Si uno va a sacar una licencia de conducción puede pasarse haciendo fila dos o tres días. Lo mismo para hacer un papeleo de trámite de la inscripción de un hijo en la escuela”. En Estonia, al ciudadano interesado en renovar su licencia le basta ir al oculista y presentar un examen visual.

El médico manda los resultados al equivalente de la Autoridad de Tránsito y Transporte de Panamá. En caso de aprobación, esa entidad le hace llegar la licencia. De lo contrario, se lo comunica por vía digital.

El exmandatario tiene una definición capaz de disipar cualquier enredo interpretativo sobre el blockchain. Explica además la manera como en su país se curaron en salud sobre especulaciones atinentes al alcance de esta tecnología. “Es el mayor libro digital.

En mi país lo utilizan desde 2007. Recordemos que en las criptomonedas el blockchain se vale de aproximadamente 6 millones de computadoras que dicen si la información de tal moneda es correcta. Y seis autoridades estonias se encargan de hacer este trabajo de verificación, porque sin un registro de papel al cual pueda referirse uno, alguien debe asegurarse de que el contenido informativo de la divisa sea correcto y esté intacto”.

Hace dos años Toomas Hendrik Ilves cumplió su segundo mandato presidencial. Desde entonces es considerado en su país algo así como un héroe viviente, sin otra virtud que la de saber acoplar el deseo de una nación de sacudirse para siempre de los totalitarismos, refritos cada cuánto en ciertos lugares, para dar un paso tan importante como el del hombre a la Luna. Solo que ahora se lo da en el corazón del mar Báltico.

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