Una nueva guerra fría tecnológica

Un teléfono, un disco duro de computadora o el motor de un coche. Nuestra vida cotidiana está rodeada de la tierra rara: término al que se denomina una lista de 17 minerales que suelen encontrarse entremezclados y que cuesta mucho extraer.

Su aplicación es esencial para fabricar nuevas tecnologías relacionadas con la energía solar, la eólica, o para detectar si un billete es falso o no, entre otros usos. China concentra el 80% de su producción y comercialización global, por lo que podría convertirse en una de las bazas que usar, en el juego de poder, el gigante asiático en la guerra tecnológica que libra con Estados Unidos.

“China es el país que más reservas tiene y además controla varias minas de tierras raras ubicadas en África. Un contraataque que restrinja las exportaciones de las tierras raras sería brutal”, señala Bernardo Herradón, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España.

Estados Unidos también posee reservas, localizadas sobre todo en California, pero solo hay una mina funcionando. El año pasado importó tierras raras por valor de 160 mil millones de dólares y más del 80% procedía de China. De ahí el temor que suscita su posible limitación.

La visita de Xi Jinping a una fábrica de tratamiento de tierras raras la semana pasada avivó la contienda. Aunque de momento no hay nada claro.

Mina Bayan Obo que contiene minerales de tierras raras, en Inner Mongolia, China.Reuters

Mientras se espera a que China mueva una ficha, la economía mundial ya ha empezado a notar los efectos de la pugna entre las dos principales potencias mundiales. Los primeros perjudicados han sido ellos. A la hora de contar pérdidas, las del lado chino son mayoría. “Las consecuencias son asimétricas porque afectan más a China. Estados Unidos tiene más ases en la baraja. Trump sabe que Estados Unidos compra unos 500 mil millones de dólares en productos chinos al año. Y China solo 130 mil millones de productos estadounidenses”, explica Ignacio de la Torre, socio y economista jefe de Arcano Partners.

América Latina es uno de los principales damnificados por la pugna entre las dos potencias. “Más que un impacto directo, lo que se ha generado hasta ahora es incertidumbre. Y no saber qué pasará es un mal aliado para las economías de la región. Se posponen decisiones de inversión y, a largo plazo, puede ser muy doloroso”, apunta la directora del Programa Asia-América Latina del Diálogo Interamericano, Margaret Myers.

También hay países que han obtenido beneficios. “Como Brasil, que ha sacado ventaja en la exportación de soja debido a un aumento de la demanda de China. Además, hay grandes compañías tecnológicas que fabrican en China y se han mudado a países de América Latina. Por ejemplo, la empresa Gopro anunció que se llevaba la producción a México. No obstante, los positivos, son ejemplos aislados”, agrega.

En medio de esta disputa, Panamá puede perfilarse como escenario central de las represalias. En primer lugar, por el Canal. “Los dos grandes socios del Canal son Estados Unidos y China. Si hay menos productos que transiten por el océano, por la subida de aranceles, esto tiene un gran impacto económico”, dice Myers. Pero, sobre todo, porque el istmo mantiene un estrecho diálogo geoestratégico con Pekín.

“Es una batalla por la influencia estratégica en diferentes partes del mundo, que ha situado a Panamá en medio de la rivalidad geopolítica. Y nadie tiene un plan preconcebido para afrontarla”, manifiesta la experta. “Estados Unidos está muy preocupado. Teme perder la hegemonía y casi está obligando a los países de la región a elegir entre ellos o Pekín”, añadió.

En este sentido, la experta en relaciones Asia-América Latina, que ha trabajado para el Gobierno estadounidense en temas relativos a Japón y China, valoró como un “avance estratégico” la rúbrica del tratado de libre comercio con Pekín, que pretende aumentar el potencial de Panamá como centro logístico de mercancías y de productos manufacturados. “Panamá debe mirar a otros países de la región para implementarlo. Por ejemplo, a su vecino Costa Rica, que ha obtenido beneficios del comercio con China y está exportando más. La nueva administración de Panamá tiene la tarea de manejar todas las aristas y posibles problemas antes de que se generen. Panamá tiene que progresar en su relación con China, pero con los ojos muy abiertos”, concluyó.

A primera vista, los estragos de la guerra comercial entre Estados Unidos y China se palparon en las bolsas. Y no solo por la batalla de las tarifas. Es la guerra tecnológica la que ha causado una gran inestabilidad en los mercados financieros y bursátiles. La decisión de Donald Trump de incluir a Huawei en la lista de empresas chinas con un veto acarreó caídas en rojo para todo el sector tecnológico. “Estados Unidos está intentando frenar la expansión mundial de la gigante tecnológica china Huawei, como principal arquitecta del 5G, la internet del futuro”, valora de la Torre. Todo se mide en la conquista de la red de quinta generación. Y el interrogante clave es: ¿Está América Latina lista para el 5G?

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