Modelo para aplicar

Un pasaje natural ubicado en el ascenso de Volcán Barú.

En territorio, Holanda es apenas un grano de mostaza. Ocupa el puesto 134 en la tabla de países según su superficie. Esta dimensión nunca fue un impedimento para convertirse en una potencia agrícola mundial, como tampoco el hallarse en una región donde transcurren las cuatro estaciones. Su desempeño agrario garantiza el estado de bienestar de más de 17 millones de holandeses. Una buena parte de ellos se dedica a actividades campesinas, mientras que otro tanto trabaja en servicios afines como el turismo, la gastronomía, la educación y la logística.

Países Bajos es la muestra utilizada por Ricardo Koyner para ilustrar cuál futuro le espera a Panamá si Chiriquí y las otras provincias ístmicas de tradición agrícola eslabonan dos puntales económicos, el sector agrícola y el turístico. “Debemos acabar con este dicho panameño: ‘Somos pequeños y no podemos competir y [por eso] estamos atrasados’. Eso es un error mental. Holanda es un país chico pero produce vegetales para exportar en una cantidad equivalente a cinco veces la nuestra. Todo es cuestión de tecnología y educación”, sostiene Koyner.

En David, Chiriquí —donde nació este agroempresario— se realiza el encuentro “Café con La Prensa” de mañana. Es la tercera cita de esta índole que se efectúa en esa ciudad. Koyner expondrá los pilares que sustentan el futuro de esta región en el próximo lustro. La presentación se enmarca en la tendencia de desarrollo integral en boga. Ahora se habla de progreso, sobre una base territorial para generar bienestar en la mayor cantidad posible de población; y de la necesidad de los gobiernos de hacer una redistribución de las inversiones públicas en áreas diferentes de las capitales de los países.

Dedicado por completo a la actividad cafetalera durante 30 años, el expositor habla por experiencia propia acerca de las prioridades de trabajo para sacar adelante una provincia contagiada también por el virus de la pobreza. En Chiriquí, 39 mil 757 niños y adolescentes viven en condiciones extremas, según el Índice de Pobreza Multidimensional de 2018, publicado por la Unicef.

La primera prioridad estimada por el panelista tiene en cuenta los factores educativo y tecnológico, como ya se dijo. En educación, la mayoría de los jóvenes tiene una visión acorde con el agro, pero este sector
“ha dejado de formarlos para trabajar” en él. Muchos padres prefieren que sus hijos sean médicos, ingenieros o abogados.

“Empecemos por dignificar el campo. La gente tiene que saber que el campo puede darle una vida digna y buena”. Tanto como la de cualquier profesión liberal. La propuesta del expositor reducirá la brecha generacional retratada en el hecho de que “la mayoría de los productores son de edad avanzada”. La solución radica en la apertura de centros de desarrollo y reforzamiento de los programas académicos universitarios en los lugares donde se cumple la producción de alimentos.

Urgencias

Las soluciones formativas se convirtieron en una necesidad apremiante para el país. Todo por cuenta de los tratados de libre comercio firmados desde hace 20 años y cuyas cláusulas establecen la eliminación paulatina de barreras protectoras. “De forma paralela, el país debía capacitar y formarse para que el sector agrícola estuviera preparado. Pero ningún gobierno hizo nada”.

Sin embargo, pondera, todavía hay tiempo de reversar esta realidad. “Empecemos por enseñarle al productor que él en definitiva es un agroempresario”. La diferencia radica en que más allá de “sembrar tomate”, el productor sepa cómo venderlo en consonancia con las exigencias del mercado. Para ello es necesario articular con la industria los últimos avances tecnológicos, para garantizar el inventario de un producto en tiempos diferentes de los de cosecha. “Es en estas épocas en las que debe producirse”.

El sector oficial tiene la misión de ser un aliado del empresario agrícola. Un facilitador presto a aportar soluciones. Sus respuestas se inician con la elaboración de “una base de datos”, inexistente por el momento según Koyner, y la valoración de una región segmentada por microclimas para la actividad agrícola, y “promover también el turismo”.

“La razón de ser de los gobiernos municipales consiste en brindar apoyos”. En sentido empresarial, este respaldo comienza con la estipulación de cifras ciertas en número de locales, estacionamientos, vías de tránsito, bancas y parques… Y se cumple además con la construcción de caminos de producción capaces de integrar los diferentes negocios de una región pensando en el número de empleos que puedan generarse y en el bienestar de esos trabajadores.

Boquete es el segundo punto gastronómico del país, estipula Koyner. Esta condición revela el posicionamiento turístico alcanzable de una región afamada por sus granos de café. Su aroma atrae a visitantes de todo el mundo dispuestos a recorrer los caminos de los cafetos, observar aves, montar en bicicleta, practicar deportes extremos y comer delicias en las cantidades deseables. A Koyner le preguntan cada tanto si Chiriquí se saturará con el turismo, y él responde negativamente: “eso no ocurrirá, siempre y cuando se desarrollen las infraestructuras y haya orden en las calles y en los negocios. De lo contrario, el turista no vuelve”.

Y si el turista no regresa, Chiriquí será tan solo una promesa de bienestar para cerca de 40 mil niños y adolescentes…

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