Estudiar en Estados Unidos la primera opción de la élite asiática

(Bloomberg) — Philip Tsuei tenía solo 12 años cuando sus padres lo enviaron a más de 11.000 kilómetros de su casa para que asistiera a la secundaria en las colinas del oeste de Massachusetts.

«Fue puro temor», comentó Tsuei, que ahora tiene 23 años. “Fue como si fuera sentenciado a muerte. Simplemente contaba los días”. Aun así, sabía que era su «deber» estudiar en la escuela de niños Eaglebrook en Deerfield. Su hermano también se matriculó allí como parte de lo que Tsuei, oriundo de Taiwán, describió como el primer paso a fin de prepararse para competir por la admisión a la universidad.

Hace mucho tiempo que las familias asiáticas ven a las universidades de Estados Unidos como un boleto dorado para asegurar el futuro de sus hijos, pero un número creciente busca obtener una ventaja temprana en la competencia. Más y más familias, cada vez más de origen chino, envían a sus hijos a través del océano Pacífico para asistir a internados «júnior».

Si bien son pocas, estas escuelas intermedias exclusivas, que pueden cobrar hasta $74 mil  al año, ofrecen una ruta potencial hacia las mejores escuelas secundarias privadas que abastecen a las universidades más prestigiosas.

Crecimiento constante

El tamaño de este nicho de mercado es difícil de cuantificar. En el internado Fay School, el número de solicitantes extranjeros ha crecido constantemente en los últimos años, según datos aportados por la institución con sede en Southborough, Massachusetts, mientras que los postulantes estadounidenses se han mantenido relativamente sin variación.

El mismo «crecimiento exponencial» se ha visto en la Bement School de Deerfield, según el director Chris Wilson. En tanto, Eaglebrook experimenta una afluencia tan grande desde China que estableció un programa para evaluar el dominio del idioma inglés y filtrar a los postulantes chinos, indicó el director de admisiones, Christopher Loftus, quien rehusó dar cifras específicas.

John Rao, ahora de 21 años, fue uno de los pioneros. El sistema educativo rígido y basado en exámenes de China no era el adecuado para Rao cuando tenía 13 años, por lo cual su padre, que dirigía una empresa de tecnología, buscó opciones en el extranjero. Hace una década era raro que las familias enviaran a sus hijos al otro lado del mundo tan jóvenes. Pero para Rao, ir la escuela Hillside en Marlborough, Massachusetts, parecía una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar.En su escuela local en Shenzhen, «mis calificaciones eran buenas, pero no me veía haciendo muchas cosas que me gustaban hacer», explicó Rao, quien se inscribió en la Westminster School en Simsbury, Connecticut, y ahora asiste al Instituto de Tecnología de Massachusetts.

Los estudiantes de Asia oriental constituyen la mayoría de los secundarios internacionales, pero el crecimiento está impulsado principalmente por China y Corea del Sur. En 2018, a pesar de la desaceleración de su economía, los estudiantes chinos representaron el 37% de los estudiantes secundarios internacionales en Estados Unidos., según una presentación del Institute of International Education.

El alma mater de Tsuei cuenta con $100 millones en donaciones, según el sitio web Boarding School Review, y un campus de sobre 300 hectáreas que incluye su propia pista de esquí. Otras escuelas, como Fay, Bement y Rumsey Hall, también tienen donaciones que alcanzan los ocho dígitos y campus bucólicos que no tienen nada que envidiar a los de algunas universidades. Fay, el internado júnior más antiguo de Estados Unidos, tiene 10 campos, 8 canchas de tenis, 4 canchas de baloncesto, dos piscinas climatizadas al aire libre, dos gimnasios, una instalación con césped bajo techo y un muro de escalada en roca, según su sitio web.

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