El coronavirus contagió a Bélgica

El viernes 28 de febrero, del Aeropuerto Internacional de Tocumen despegó un avión a las 7.00 p.m. con destino Ámsterdam.

Llevaba un puñado de periodistas panameños que al otro día tomaron otro avión de la misma aerolínea hacia Bruselas para adelantar un curso concerniente a la Unión Europea. Sus instituciones se encuentran en esa ciudad que transpira poder y aromas de chocolate y cerveza.

Solo unos cuantos viajeros procedentes de Asia, posiblemente de China, y uno que otro panameño se tomaron la molestia de usar tapabocas esterilizados durante el vuelo de 10 horas desde Ciudad de Panamá hasta Ámsterdam, no fuera a suceder a ellos los reclutara el coronavirus.

Los otros, centenares de europeos, iban ciertamente abrigados aunque nada los inmutaba, ni siquiera los niños, que salvo durante sus horas de sueño escasamente despegaron sus ojos de los dispositivos móviles.

Las azafatas, que eran holandesas —como no podía ser de otra manera— y medían más de un metro con 80 de estatura y tenían sus cabellos de color rubio platinado, sonreían por nada y servían las comidas y las bebidas. Sus manos de dedos largos manipulaban los alimentos. Si no se dedicaran a atender pasajeros, por su actitud servicial podrían pertenecer a alguna brigada internacional de labor humanitaria.

En el aeropuerto Schiphol de Ámsterdam si acaso una veintena de pasajeros orientales caminaba con su tapabocas calzado en la cara. Las vendedoras de los comercios mantuvieron siempre su sentido cálido del servicio y así se lo transmitieron a los periodistas panameños que almorzaron en el McDonalds de esa terminal portuaria horas antes de partir para Bélgica.

Pero el lunes al medio día una holandesa vinculada con la Unión Europea se encargó de hacerles saber a los panameños la llegada del coronavirus a Bruselas. En la entrada del Edificio Berlaymont, el cual alberga a la Comisión Europea, ella se abstuvo de darle la mano a Leonardo Grinspan, reportero de radio de Panamá. No musitó palabra pero con su gesto circunstancial le notificó al periodista que era mejor evitar riesgos.

Acosa el virus

Bélgica registró dos casos de coronavirus a la llegada de los periodistas a ese país. Tal estadística no impidió su traslado a Brujas, una de las capitales de la cerveza. Varios de los reporteros acudieron a probar algunas de las más de dos mil clases de esa bebida elaboradas en Bélgica, y otros fueron a comprar chocolates y suéteres alusivos a esa ciudad todavía medieval y circundada por ríos. La llaman “La Venecia del norte”.

Al contrario de la distensión de los periodistas en Brujas un día antes de iniciar el curso en la Unión Europea, el complejo hospitalario de Navarra, España, detectó en estado grave a una paciente de 39 años de edad infectada de coronavirus. La mujer estuvo de viaje en Bélgica, una zona no catalogada hasta ese momento como de riesgo.

Durante el lunes los pacientes en Bélgica fueron aumentando progresivamente hasta totalizar 8. En la tarde de ese día la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, anunció ante los medios la decisión del organismo de elevar a “Moderado alto” el riesgo por la propagación de la enfermedad.

Los contagios llevaron a la Unión Europea —que agrupa al Parlamento Europeo, al Consejo Europeo y a la Comisión Europea—, a crear un equipo especializado con un nombre tan contundente como el virus: Corona Response Team.

Este escuadrón centraliza sus esfuerzos en el ámbito médico, con medidas de información a los ciudadanos, prevención, investigación e innovación, alivio y previsión. Dedica otro capítulo a movilidad, para contener la propagación del virus en los medios de transporte y dictaminar consideraciones de obligatorio cumplimiento para los viajeros.

Y fija su atención en un tercer componente, el económico, en sus esferas macro y en sectores como el transporte o el turismo. En este último las pérdidas rebasan, por ahora, los 1,500 millones de dólares en toda Europa.

 

La gente

Los primeros síntomas económicos del coronavirus se fueron difundiendo en las calles de Bruselas. Se acabaron los tapabocas en farmacias de Avenue Loise donde se encuentra la Embajada de Panamá para el Reino de los Países Bajos y el Gran Ducado de Luxemburgo.
La misma suerte parece correr el gel para manos, pues el de tamaño más pequeño aumentó su precio promedio de dos euros a ocho.

Las conservas, las latas de comida y el papel higiénico escasean en los supermercados. Sin perder nunca la compostura ni sus gestos pulcros, los europeos han empezado a sujetar los pasamanos en las estaciones del Metro y a girar las cerraduras con precaución arqueológica.

Razones no les faltan, ante las noticias sobre la progresión de la enfermedad. El martes de la semana pasada ascendieron a 14 los contagiados en Bélgica. El jueves eran más de 50. Y más de un centenar cuando los periodistas tomaron el vuelo de regreso el pasado sábado.

La enfermedad ocupa los titulares de los medios de comunicación, sin importar su especialidad. El diario deportivo DH Les Sports+ puso en primera página a una belga de ojos inciertos con la cara cubierta por un tapabocas. Sobre su cabeza tituló el matutino: “El coronavirus priva de descanso a los belgas”.

Por lo pronto, es sospechoso todo el que llegue procedente de otros lugares de Europa, continente donde la cepa contabilizaba casi 400 muertos y se cebó en Italia, donde el sábado iban 366 los caídos. En Francia, 19, y en España, 17.

Las cifras que acompañan al coronavirus jamás amedrentaron a los periodistas panaeños. Nunca menospreciaron el peligro, pero tampoco cancelaron entrevistas de trabajo ni las reuniones programadas por el organismo europeo.

Federico, así se llama, estuvo en Milán hace 12 días y tuvo la misión de atender a los periodistas en su visita al Consejo Europeo. “Me siento perfectamente”, les dijo con la sonrisa de una persona genuinamente sana, cuando ellos lo inquirieron por su inglés de acento italiano y le preguntaron con expectación si en él todo estaba en orden.

Respondió: Tutto benne, y con igual deferencia comentó cómo de un momento a otro se volvió “sospechoso” quién sabe de qué, siendo que las áreas italianas en cuarentena están más al sur de Milán. (Las autoridades italianas fijaron una cuarentena para todo el norte del país y por lo menos inmovilizaron a 16 millones de Personas).

Al despedirse el italiano, lo hizo de manera entusiasta, con palabras de gratitud por la visita. Pero solo uno de los periodistas le estrechó la mano.

Ninguno de los reporteros panameños presentó síntomas del coronavirus en su regreso al país el sábado 7.  Y todos continúan así…