La IATA cuenta las horas para que se abran los vuelos comerciales en Panamá

Peter Cerdá, vicepresidente de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo, dijo que espera que Panamá no extienda más allá de julio las restricciones para los vuelos comerciales, y reiteró que la industria está registrando una de sus más grandes crisis.

Panamá se ha convertido en un hub para los vuelos humanitarios de América Latina, Europa y hasta de Asia y oriente medio. Sin embargo, por la pandemia del nuevo coronavirus, los vuelos comerciales siguen cerrados, y la última fecha probable es la del 23 de julio según la resolución de la Autoridad Aeronáutica Civil.

Mientras tanto, la paralización de las operaciones aéreas en la región deja una estela de incertidumbre económica y crisis que ha llevado a varias aerolíneas a acogerse bajo el capítulo 11 de Bancarrota de Estados Unidos para reestructurarse.

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo cada semana actualiza un informe sobre el impacto que ha tenido la pandemia de Covid-19 en la industria. El jueves 25 de junio, Peter Cerdá, vicepresidente de esta organización para las Américas, indicó que la situación es muy crítica y reiteró que las aerolíneas no cuentan con suficiente caja y liquidez para seguir, si no se abre lo más pronto posible los cielos, siguiendo los protocolos sanitarios que se ha acordado con las autoridades sanitarias, de aeropuertos y las aerolíneas.

Cerdá detalló que las aerolíneas de América Latina y el Caribe registran un pérdida de más de 4 mil millones de dólares. Destacó que la industria aérea genera más de 4.1 millones de empleos en la región y genera más de 98 mil millones de dólares al producto interno bruto, aportes que están en riesgo por la paralización de las operaciones por la pandemia.

Sostuvo que en el caso de Panamá el impacto de esta crisis sanitaria es la pérdida de 16 mil 100 empleos en la industria y más de mil millones de dólares en aportes al producto interno bruto que se dejarán de percibir. Además el ingreso de la industria se verá reducido en más de 890 millones de dólares, una caída de 81% con respecto a 2019.

«En este momento el epicentro del Covid-19 está en nuestra región y Panamá como otros países están extendiendo el cierre de la frontera por otros 30 días, pero esperamos que en el caso de Panamá no se extienda más de finales de julio. La industria y el aeropuerto estamos trabajando de forma alineada para implementar los protocolos que se han aplicado en la mayoría de los países y se va a  trabajar con el Ministerio de Salud para garantizar que estos protocolos van a salvaguardar la seguridad de los pasajeros», indicó Cerdá, quien señaló que se trabaja con el Gobierno en coordinar que el cierre de los vuelos no se extienda más allá de julio.

El vicepresidente de la IATA para las Américas, reiteró que la industria está lista para reactivar operaciones. «Prácticamente más de 90% de las operaciones regulares están en tierra, el resto del mundo está abriendo sus fronteras y entendemos que el epicentro de la pandemia está en América Latina, pero también tenemos la ventaja que los protocolos establecidos por la OACI y la industria están listos para garantizar que se pueda volar de forma segura y eficiente y el transporte aéreo no sea un vector de la transmisión». Agregó que se establece quienes podrán volar y quienes no siguiendo esos protocolos.

La IATA exhorta a iniciar primero los vuelos domésticos y luego seguir con los internacionales, además de aplicar medidas de seguridad por capas.

Estas son las propuestas de bioseguridad de la IATA para los viajes

Reducir el riesgo de importación del coronavirus a través de los viajes:

Evitar que viajen los pasajeros sintomáticos: Es importante que los pasajeros no viajen en caso de que muestren síntomas. Para animar a los pasajeros a “hacer lo correcto” y quedarse en casa si no se sienten bien o están potencialmente expuestos, las aerolíneas ofrecen a los viajeros la posibilidad de cambiar las fechas de sus reservas.

Medidas para mitigar los riesgos de salud pública: IATA respalda la declaración de salud exigida por los gobiernos y recomienda utilizar formularios electrónicos a través de los portales o aplicaciones móviles gubernamentales con el fin de garantizar la privacidad y evitar el riesgo de infección a través del papel.

Los controles de salud mediante sistemas no intrusivos (como el control de temperatura) pueden desempeñar un papel importante. Aunque la comprobación de la temperatura no es el método de detección más eficaz para los síntomas del COVID-19, sí es cierto que puede actuar como un elemento disuasorio para viajar en caso de presentar algún síntoma. El control de temperatura refuerza, además, la confianza de los pasajeros: en una encuesta reciente realizada por IATA a los viajeros, el 80% indicó que el control de temperatura aumenta su seguridad en los viajes.

Pruebas de COVID-19 para viajeros procedentes de países considerados de “alto riesgo”: En caso de admitir pasajeros de países donde la tasa de nuevas infecciones es significativamente elevada, las autoridades en destino son quienes deben determinar si se debe aplicar el test de detección del COVID-19. Se recomienda que las pruebas se realicen antes de la llegada al aeropuerto de salida (para evitar congestiones y evitar el riesgo potencial de contagio durante el proceso de viaje) y se presente la documentación que demuestra el resultado negativo. Se debe garantizar la disponibilidad de las pruebas, que estos tengan una fiabilidad elevada y los resultados estén disponibles con rapidez. Se debe exigir una validación independiente de los datos para el reconocimiento mutuo de los gobiernos, y su transmisión segura a las autoridades relevantes. Las pruebas deben detectar la presencia del virus (reacción en cadena de la polimerasa, PCR, por sus siglas en inglés) incluso antes de que el organismo presente anticuerpos o antígenos.

Mitigación del riesgo en los casos en los que un viajero infectado ha realizado el viaje

Reducir el riesgo de transmisión durante el viaje aéreo: IATA respalda la implementación universal deTakeoff (Despegue), una guía publicada recientemente por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) donde se subrayan una serie de medidas estratificadas para mitigar el riesgo de transmisión del COVID-19 en los viajes aéreos. Estas directrices están armonizadas con las recomendaciones de la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA, por sus siglas en inglés) y la Federal Aviation Administration (FAA), entre ellas, el uso de mascarilla a lo largo de todo el proceso de viaje, desinfección, declaración de salud y distanciamiento social donde sea posible.

Seguimiento de contactos: Esta medida se aplicará en caso de que se detecte algún viajero infectado en destino. La rapidez de actuación para la identificación y aislamiento de los contactos con este viajero contribuye a la contención del riesgo de expansión y evita la paralización de las economías y el confinamiento a gran escala. Las nuevas tecnologías permiten automatizar parte del proceso de seguimiento de contactos (siempre que no se ponga en riesgo la privacidad).

Reducción del riesgo de transmisión en destino: Los gobiernos están tomando medidas para limitar la propagación del virus en su territorio, que, a su vez, reducirá el riesgo de importación. Además, los protocolos del World Travel and Tourism Council (WTTC) Consejo Mundial de Viajes y Turismo, proporcionan un enfoque pragmático para el sector hotelero y hostelero con el fin de facilitar el turismo seguro y restablecer la confianza de los viajeros. Estos protocolos abarcan las siguientes áreas: hoteles y hostales, parques de ocio, comercio minorista, operadores turísticos y organizadores de eventos.

“La reanudación de la economía de manera segura es una prioridad. Esta tarea incluye los viajes y el turismo. Las medidas de cuarentena pueden proporcionar seguridad a las personas, pero también proporcionarán muchos desempleados. La alternativa es reducir los riesgos mediante la puesta en marcha de una serie de medidas. Las aerolíneas ya están ofreciendo flexibilidad, por lo que no hay motivo para que viajen personas enfermas o expuestas al riesgo. Las declaraciones de salud, los controles y las pruebas que proporcionan los gobiernos añaden niveles adicionales de seguridad. Y si alguien viaja estando infectado, podemos reducir el riesgo de transmisión con protocolos para evitar la propagación durante el viaje o en destino. Y un rastreo efectivo de contactos puede aislar a los que han estado expuestos en mayor riesgo y evitar, así, grandes interrupciones”, dijo De Juniac.

Existen algunos obstáculos para poder implementar todo el conjunto de medidas. “La transmisión de datos que exigen las declaraciones de salud, los controles y el seguimiento plantean problemas de privacidad. Y se necesitan estándares mutuamente reconocidos para las pruebas. Los gobiernos comparten el interés de encontrar soluciones. La rapidez de los gobiernos en su compromiso al cumplimiento de las directrices que propone la OACI en Take-Off (Despegue) demuestra que es posible avanzar en asuntos complejos cuando existe la voluntad política para hacerlo», añadió De Juniac.

El incentivo económico es muy grande para hacer que este enfoque basado en la estratificación del riesgo funcione. El Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC) estima que los viajes y el turismo representan el 10,3% del PIB mundial y proporcionan 300 millones de empleos en todo el mundo (impacto económico directo, indirecto e inducido).

Las medidas de cuarentena obligatorias impiden que las personas viajen. Investigaciones recientes de opinión pública revelan que el 83% de los viajeros no consideraría viajar si se impusieran medidas de cuarentena en destino. Y el análisis de las tendencias durante el período de paralización muestra que los países que impusieron estas medidas de cuarentena han visto disminuir las llegadas en más del 90%, un resultado similar a los países que han prohibido las llegadas de viajeros extranjeros.

“El enfoque de seguridad basado en niveles ha conseguido que volar sea la forma más segura de viajar, al tiempo que mejora la eficiencia del sistema. Este debería ser un marco inspirador para guiar a los gobiernos en la protección de sus ciudadanos de los terribles riesgos tanto del virus como del desempleo. La cuarentena es una solución desigual: protege a una parte, pero perjudica a la otra. Necesitamos el liderazgo de los gobiernos para brindar una protección equilibrada”, dijo De Juniac.