El encanto de Pablo Neruda y los Prisioneros de Chile

El encanto de Pablo Neruda y los Prisioneros de Chile

El poeta describe su tropiezo en una piedra donde escarbó la cavidad descubierta, y una inmensa araña de cabellera roja lo miró con los ojos fijos, inmóvil, grande como un cangrejo… Y el artista canta que a las 2:30 a.m. el olor se mete en la ventana de un vagón cualquiera en su camino por entre flores y animales que le dicen: “Bienvenido al sur”.

Son Pablo Neruda y el cantante de Los Prisioneros, Jorge González: dos chilenos que en la autobiografía Confieso que he vivido y en el tema Tren al sur, en tal orden, retratan una de las regiones más cautivantes y que explican por qué 6 millones 500 mil turistas la visitan cada año.

“El 60% de nuestros visitantes va a buscar una experiencia en nuestros parques naturales y en áreas silvestres protegidas”, dice sin vacilar la viceministra de Turismo chilena, Mónica de Zalaquett, de visita en Panamá en el pasado mes de diciembre.

La funcionaria estuvo en el istmo para promover un plan comentado por los mandatarios de Chile y Panamá, Sebastián Piñera y Juan Carlos Varela. El objetivo es inaugurar la Ruta del Pacífico, con cruceros servidos en ambos países, para hacer escalar una relación bilateral tejida de antemano por el intercambio comercial, la industria marítima y los convenios culturales.

Solo 5 mil panameños van de turismo a Chile cada año, por lo que se busca incentivar los viajes a ese país.

La Ruta del Pacífico se incorporaría al universo de turistas viajantes en cruceros. “La Organización Mundial del Turismo dice que son mil 300 millones de personas”, comenta la viceministra como aperitivo de una iniciativa binacional con perspectivas de reportarles réditos a Panamá y Chile. Comenta que anualmente alrededor de 170 millones de chinos hacen turismo fuera de su país, como dando a entender que allá en Chile están al tanto de los avances de las relaciones bilaterales entre el istmo y el gigante oriental.

El 50% de esos viajeros se motiva con destinos diferentes de Asia. Y detrás de ellos se encuentran europeos, canadienses, estadounidenses, brasileños… La mayoría de ellos rondan los 50 años de edad.

Esto quiere decir que muchos están jubilados y, que en términos de ventas al detal, significa atender a personas con una capacidad adquisitiva holgada.

Chile se volcó hace una década a desarrollar su “industria del encuentro” a través de “una alianza público privada” (APP). El sector privado pone “una oferta turística” y el Estado mediante gobiernos sucesivos se encarga de garantizar un “ecosistema adecuado” sustentado en fomentar “capacitación, seguridad, infraestructura de tránsitos, conectividad y promoción internacional”.

La fórmula le reportó hace dos años el 11.2% del producto interno bruto (PIB) representado en las actividades de restaurantes, hoteles y comercio, según datos del Banco Central. El PIB total del país austral en 2017 fue de 277 mil millones de dólares, es decir, que la industria aupada por aviones y barcos y buses internacionales regentó algo más de 30 mil millones de dólares.

Versos en la noche

Solo 5 mil panameños van de turismo a Chile cada año. La cifra es “poca” y alcanza a volverse lamentable para los amantes del turismo de calidad, diferente, porque se pierden la posibilidad de conocer la pulpa de la idiosincrasia andina regada desde la Patagonia hasta Cúcuta, la ciudad fronteriza entre Colombia y Venezuela.

“Nos gustaría tener más”, dice la viceministra antes de hacer un conteo de los atractivos de un lugar con la forma de una cremallera. En tan estrecho espacio abundan los parajes para hacer turismo en viñedos y playas y bosques, o en los hielos del Antártico o para disfrutar de los astros. Su angostura se compensa con la amplitud de sus cielos abiertos. Dice Mónica Zalaquett, con orgullo, que 300 de las noches del año transcurren despejadas.

Y aunque no lo dice nadie, es fácil suponerlo porque el poeta, hijo de un obrero ferroviario del boscoso sur de Chile, podía escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros a lo lejos…”.

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