Canalizar al país

‘Canalizar’ al país

La corporación considerada ejemplar para muchos panameños, o por lo menos de la que se dice que ha realizado mejor su propósito, o sea el Canal de Panamá, está llamada a cumplir la labor de inspirar el desarrollo del país. El carril marino va más allá de la franja entregada por los estadounidenses a los panameños. Viene a ser en “realidad” un “territorio” entre las fronteras de Costa Rica y Colombia.

Asumido el istmo de Panamá de este modo, más una gestión desarrollada con estándares de bandera, otras instituciones nacionales tan relevantes o más que la ruta acuática deben seguir su senda de logros cuyo punto de partida radicó en una reforma constitucional para “blindarse” de la injerencia de la política.

Hacerlo de igual manera con el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales y con la Caja de Seguro Social, para citar solo dos instituciones.

“Por esta razón hay que canalizar el país”, advierte Marco Ameglio, uno de los candidatos independientes a la máxima magistratura del país. El aspirante basa el enunciado en sus 10 años de pertenencia a la junta directiva del Canal y en la fundación por parte suya de Bonlac, empresa con el cometido de elaborar alimentos, más que nada aquellos de tipo lácteo.

El modelo de país diseñado por el aspirante independiente se estructura, entre otros aspectos fundamentales, en la transformación del sistema educativo para “cambiar la mentalidad” de las personas que “eventualmente” serán agentes del desempeño económico del país.

“Vamos a comenzar desde abajo [para] fomentar el emprendimiento en la juventud, aunque esto no quiere decir la exclusión de las personas mayores. Basta ver el caso de Kentucky Fried Chicken. Pero es la juventud la que tiene la iniciativa, la creatividad, la dinámica ideal” para dar inicio y sacar adelante a las micro, pequeñas y medianas empresas.

Un país equiparable a Italia con su emprendimiento artiginale de lácteos, dice en idéntico tono al empleado por los habitantes de Piamonte donde Ameglio tiene sus raíces ancestrales paternas. La industria artesanal de leche en sus diversas variedades, pero sobre todo la de quesos parmiggiano, posicionaron los productos de esta región en los mercados, con una denominación de origen. La calidad de los alimentos de aquella zona está garantizada, como dicen que ocurre con los servicios canaleros. “La gente no se imagina hoy que esa industria familiar, casera y artesanal” de Italia mueve la economía de aquella zona.

“El Estado tiene la gran responsabilidad de asumir el tema del sistema integrado de salud, cargado por un seguro social que está quebrado, con extranjeros que acuden a él en cantidad creciente y un número ilimitado de dependientes”

La encomienda de administrar el país y de aumentar su ritmo económico, en cabeza de Ameglio buscaría por un lado el estándar de gestión del Canal, y por el otro el fomento emprendedor de las nuevas generaciones.

“El sistema educativo debe migrar al que se denomina sistema de competencias. Se basa principalmente en permitirles a los jóvenes [el] insertarse a un entorno laboral con un conocimiento básico fundamentado en los talentos de cada uno de ellos. Según sus capacidades y cualidades demandadas del mercado del lugar donde se encuentra”.

El concepto cristaliza en el caso hipotético de estudiantes de Coclé. La carrera con las perspectivas más positivas para ellos será “la de turismo”. En opinión de Ameglio, esa provincia tiene un “creciente y floreciente” desarrollo relacionado con la industria del encuentro, franjas de playa, hoteles y hospedajes, restaurantes y parajes paradisíacos. “Los jóvenes [coclesanos] pueden estudiar química o física, pero eso no necesariamente les va a servir para convertirse en ciudadanos profesionales”.

Esta expectativa de emprendimiento del candidato parecería excluir a los panameños poseedores de un contrato de trabajo. Al fin y al cabo no todos los habitantes nacieron para ser empresarios, y debe tenerse en cuenta que el esquema de remuneración más frecuente del país reside en el empleo bajo las órdenes de una corporación. Sucede igual ahora, solo que a un ritmo menor.

Este modelo hace agua y así lo evidencia el hecho de que “se están cerrando negocios pequeños, lo que duele tanto como con las empresas grandes, [porque] están cesando a mucha gente”. Esta situación se enlaza con un “descenso en todo sentido: la calidad de vida de la gente, la falta de preparación de las personas. Debemos reinvertir ese rumbo”.

La reorientación de ese rumbo comenzaría en el “laboratorio de ideas” que son “las escuelas” y que debe ampliarse para “poner a los jóvenes a hacer su camino” en vez de comenzar un trasegar que quizás les sea ajeno. En ese andar “propio” encontrarán la posibilidad de emprendimientos —si tal es la meta— fruto de inventos o de propuestas ya desarrolladas por otros o en otras partes, pero que tengan el toque de la innovación. “¿Qué tan originales son? Pues no importa: aquí son pioneros”, sostiene.

El quid de esta propuesta educativo–laboral es que su desarrollo requiere varios años, y por el contrario, al país se le hizo tarde para actualizar renglones de vital importancia vinculados precisamente con la educación y el trabajo. “En cuanto al seguro social, lo primero que me preocupa como empresario es —en sentido figurado— entrar a una empresa en crisis sin tener un auditor externo. Esta empresa tiene [solamente] un auditor interno, y así no basta para una entidad en crisis”.

Profundiza su planteamiento atinente a la Caja de Seguro Social diciendo que “no podemos ni quiera soñar con sugerirles a los panameños que el costo lo tienen que pagar los dueños de la empresa”.

Que, también en sentido figurado, si alguien es socio de una empresa y ha invertido en ella y le pasan el sombrero para hacer un llamado a aportar “más plata”, pues va a querer saber primero qué ocurrió y cuál es la razón de la suma exigida.

“No le pueden pasar la cuenta así nada más. Tiene derecho a saber qué pasó con las cuentas por cobrar de la Caja de Seguro Social; qué pasó con la deuda del gobierno central con la institución. Porque el Estado se ha convertido en el peor deudor de Panamá: un [ente] que quiebra empresas, que generalmente son de pequeño y mediano tamaño”.

Pero además, apunta, debe establecerse cuál es el déficit actuarial del Programa de Invalidez, Vejez y Muerte. Y tampoco le parece una mala idea, “que no es mía”, separar la institución en “dos empresas totalmente diferentes”, pensiones y servicios médicos y de farmacia.

Marco Ameglio, un político de perfil empresarial. Tiene 57 años de edad.
Marco Ameglio, un político de perfil empresarial. Tiene 57 años de edad.

Inquiere cuántos diálogos más van a hacerse concernientes con la “inminente iliquidez” del Programa de Invalidez, Vejez y Muerte, cuando debe convertirse en un tema prioritario que considera cuán difícil es y que implica la toma de decisiones políticas. “El Estado tiene una gran responsabilidad” y tiene que asumir el “tema del sistema integrado de salud, cargado por un seguro social que está quebrado, con extranjeros que acuden a él en cantidad creciente y un número ilimitado de dependientes”.

Por lo tanto, sentencia, la ley actual no funciona, y como no se quiere aumentar los tiempos o los requisitos de la jubilación y de las pensiones, “por algún lado se tendrá que recortar”. Ameglio se declara no partidario de transferir a los más humildes los compromisos aludidos. “Ellos son la razón de ser de esa institución”.

Ve puntos de encuentro entre el acontecer de la Caja de Seguro Social y el manejo de los recursos acuáticos. “Ambos asuntos se parecen en que son fundamentales, y en ese sentido no solo ha fallado este gobierno sino [que también fallaron] los últimos tres”. El agua exige “garantizar su calidad y su proveimiento óptimo”, sin “sacrificar el Canal” que también necesita ese recurso. “No queremos poner a competir el cruce de barcos con los seres humanos. Esa guerra no la queremos”.

Pero “la realidad” es que los lagos que sirven al carril marino son para su funcionamiento y no para “alimentar 17 plantas potabilizadoras, que más de 100 años después de construidas” atienden también necesidades de una población multiplicada 20 veces.

Interrogado acerca de cuál será su plan fiscal impositivo, Marco Ameglio dice que pensaría en una reforma que incentive lo que el país necesita en este momento: “El modelo de Donald Trump de bajar el corporate tax (impuesto a sociedades) y medir el sacrificio tratando de aplicar una política que se base en un gobierno eficiente”. Advierte que deberá revisarse la forma de generación de empleo, mezclado con una serie de medidas que beneficien a la clase media. “A esa capa de la población hay que darle oxígeno: está asfixiada”.

Analizará también la planilla del gobierno, aunque hace especial énfasis en que no “botará gente” o funcionarios, sino para ver cómo hace la contención del gasto público. Anuncia la revisión de la deuda externa, en particular lo que tiene que ver con los proyectos llave en mano, porque “debemos legislar para que eso deje de ser una regla (…) y que proyectos de este tipo no se sigan paralizando irresponsablemente” con la consecuente “pérdida de millones de dólares”. Pone de ejemplo la Ciudad Hospitalaria.

Critica el mecanismo asistencialista de los subsidios. “Es muy fácil regalar la plata que no es de uno y sentir así que se está combatiendo la pobreza”. Por ende, ajustará los programas de subvenciones para hacerles ver a las personas que “la manzana está más arriba y no en el piso”.

Y está determinado a promover mayores obras de infraestructura vial. “Panamá cumplía el plan de invertir en su red vial urbana, pero lamentablemente lo hizo a un costo exagerado, corrupto. Porque no todo es Metro y MetroBus. Invertiremos en túneles, ampliación de calles, puentes, y no más parques y bulevares y torres de edificios sin reconstruir la parte de desagües”.

Revela Ameglio la línea final de su discurso de posesión. Dice: “Panameños y panameñas: Apriétense los cinturones y prepárense que vamos a despegar”.
Solo falta ver si los pasajeros compran ese tiquete…

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