¿Panamá esta lista para los trabajos del futuro?

Se habla bastante  de los “trabajos del futuro”. Y mientras en otros países, tal vez se están acercando o preparando para esta realidad,  al hablar de trabajos del futuro en Panamá, muchos se imaginan volando en el espacio o sentados en una consola llena de botones al estilo de los Jetson.

Si bien es cierto que para los futuristas las nuevas modalidades de trabajo están más cerca de lo que nos imaginamos, en un país como el nuestro, con recursos limitados, un sistema educativo deficiente, la ausencia de proyección de los trabajos que requiere la economía a mediano y largo plazo y leyes laborales que impiden salirnos de la norma,  hace imprescindible revisar las realidades y utilizar esos recursos de la manera más eficiente para comenzar a adoptar nuevos modelos de trabajo.

En un análisis  del mercado laboral panameño se cae en la cuenta   de que el 54% de la población económicamente activa no ha terminado la secundaria y el 84% de aquel grupo carece de  título universitario.
Hay que detallar los  datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo de marzo de 2017, para comprender   la composición de la población económicamente activa  (ver gráfico Panorama laboral).

No estamos hablando de una población muy educada en un país con pocas oportunidades de empleo, sino más bien de una población con bajo estándar de escolaridad que, de por sí, no está preparada para las necesidades actuales del mercado laboral. Personas  que difícilmente podrán aspirar a llenar plazas futuras en el corto y mediano plazo.

La falta de formación en Panamá tiene un impacto directo en nuestra habilidad de atraer inversión directa de multinacionales al país. A pesar de los muchos beneficios fiscales, de ubicación y seguridad que ofrecemos, estas corporaciones no tienen la garantía de encontrar el capital humano competente y sostenible que necesitan.

El no poder atraer multinacionales  priva al país además de un incremento en la oferta laboral, de la transferencia de tecnologías y conocimiento, que elevan el nivel profesional de la gente y la coloca más cerca de los llamados “trabajos del futuro”.

Esta triste realidad  lleva al planteamiento sobre  la necesidad de gatear antes de caminar y correr, siendo que la primera apuesta como país debe ser mejorar la calidad de la educación.

Debe invertirse en ofrecer formación técnica especializada y acorde con las necesidades del país. Pero sobre todo, y definitivamente lo más importante, proveer las oportunidades para que los jóvenes profesionales desarrollen las competencias necesarias para desempeñar eficientemente sus actividades y prepararse para el futuro.

El futuro ya está aquí y estamos atrasados, varias señales lo  avisan:

1. La tecnología está reemplazando muchos procesos y actividades laborales.
2. Los cambios en los procesos conllevan a una redefinición de los puestos de trabajo.
3. Los cambios son tan rápidos que la mayoría de las veces se es inconsciente de ellos y la capacidad de reacción es muy lenta.
4. La rapidez de los cambios exige adecuar la educación escolar lo antes posible, pues esos niños que ingresan hoy al sistema educativo serán los profesionales en los próximos  15 años, y no pueden educarse de acuerdo con las necesidades del mercado.

Se sigue preparando jóvenes y adultos en competencias obsoletas o poco prácticas, mientras se dejan de lado aquellas  identificadas ya como las requeridas para el éxito laboral:
-Solución de problemas (análisis).
-Pensamiento creativo.
-Habilidades digitales.
-Habilidades colaborativas.
-Resiliencia.
-Liderazgo formativo y transformador.

De acuerdo con el desarrollo de los sectores económicos de Panamá, en el año 2050 la fuerza laboral estaría compuesta de la siguiente manera: el 45% tendrá un nivel técnico especializado; el 25% tendrá un nivel operativo y administrativo básico; mientras que el 20% un nivel gerencial; y solo el 10% contará con un nivel tecnológicamente avanzado.

Panamá requiere una reforma del sistema educativo para adaptarlo a las necesidades del mercado laboral.
Panamá requiere una reforma del sistema educativo para adaptarlo a las necesidades del mercado laboral.

Quiere decir esto que los esfuerzos de formación y educación de la población deben enfocarse en estos  dos elementos:

1. Programas de desarrollo de competencias para producir trabajadores y profesionales con la capacidad de insertarse eficientemente en el mercado.
2. Centros de formación técnica especializada alineados con la visión de país 2050.

Desde  2018, La Asociación Nacional de Profesionales de Recursos Humanos (Anreh)  trabaja en la creación de un observatorio de capacidades y de formación en función de las proyecciones  de empleo para proveerles a instituciones educativas y empleadores, información real y actualizada, de la disponibilidad de talento y de las necesidades futuras del mercado laboral.

Carmen Sealy de Broce

Presidenta de Anreh

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