Edicion N░ 1033 | 10 de julio de 2018
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SÍ, YA SABEN CÓMO SOMOS



FINANZAS PERSONALES

ÓSCAR CASTAÑO LLORENTE
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Pasión familiar. Heraclio Barletta III, su esposa Caterina Padrón y Heraclio Barletta IV. Cortesía
El equitador Heraclio Barletta III y una tropa de 10 familiares arribaron en un crucero a Rusia por el puerto de San Petersburgo. La gestora de reuniones corporativas Arianne Castillo aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Moscú después de un vuelo ininterrumpido de 11 horas desde La Habana.

El viajero Alejandro Garrido se dio primero el lujo de grabar el ambiente de Kiev a propósito de la final de la Champions League, y continuó su trabajo filmográfico en la capital rusa para documentar el acontecer de una Copa del Mundo. La empresaria Yanela De Sedas, propietaria de una boutique en Coco del Mar, llegó con su esposo a la meca actual del fútbol en un avión procedente de Miami.

Barletta III obtuvo la aprobación del viaje de sus sueños en compañía de su esposa y su suegro y otros integrantes de los Padrón, con el anzuelo de una travesía previa de 10 días por los países escandinavos. Arianne tenía previsto acudir a la cita mundialista con un grupo de seis personas aunque terminaron siendo dos, ella y una amiga, porque los restantes  no subieron al avión pese a un adelanto de algo de dinero en la agencia de viajes.

Garrido planeó con varios meses de anticipación su estadía en Rusia y dice que en su caso toma más tiempo programar un recorrido semejante, de experiencias y entrevistas en las ciudades mundialistas. Yanela dejó en las manos de su esposo la aventura de ir a un país visitado por ella hacía más de una década como bróker de un proyecto inmobiliario en los inicios del boom económico panameño.

Los cuatro viajeros en mención activaron su plan de viaje al Mundial de Fútbol con el gol postrimero de Román Torres contra Costa Rica en el último partido de las eliminatorias. Al día siguiente, recuerda Sergio Lavrov, agregado de la Embajada de la Federación de Rusia en Panamá, aumentaron las llamadas y las consultas en las oficinas de este cuerpo diplomático ubicadas frente a la Iglesia del Carmen.

Eran personas interesadas en los requisitos de ingreso a un destino apenas referenciado en nuestro país por profesionales panameños graduados en la antigua Unión Soviética; empresarios y funcionarios de alto gobierno; viajeros recientes y estudiantes residentes en Moscú y en otras ciudades rusas.

Lavrov calcula en 4 mil 500 el total de acudientes de Panamá a la cita orbital del fútbol. Fanáticos presentes en los partidos de la Sele hacen cuentas de 6 mil para arriba si se suman los panameños con pasaportes de otras nacionalidades y residentes en otros países. El conteo asciende a 8 mil, dice Ángelo Castillo, experto en finanzas personales que gestionó créditos de viajeros con la meta de acompañar al equipo en sus andanzas por los estadios rusos. Sus cálculos se sustentan en reportes de canales de televisión enunciados en la transmisión de los partidos.

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VIBRA. Muestra eufórica de felicidad de Alejandro Garrido en una plaza rusa. Cortesía

Sobre la base del conteo de Lavrov, el total de panameños en Rusia se hace preponderante cuando se sabe que se trata de la fanaticada de un país pequeño en habitantes y donde solo hasta principios de este siglo se inició la pasión por el fútbol. Es casi nada en comparación con hinchadas suramericanas —según datos aportados por el columnista Jorge Barraza en una nota suya publicada en el diario El Tiempo—: asistieron a Rusia 2018 alrededor de 40 mil peruanos, igual número de argentinos, 30 mil colombianos y la misma cantidad de brasileños.

Pero los habitantes de estos países se cuentan por decenas de millones, en el caso de Brasil 210 millones, lo cual indica que si existiera un producto futbolero per cápita respecto de Rusia 2018, Panamá se ganaría la Copa. Uno de cada mil panameños fue a la patria de Dostoievski, mientras que solo acudió uno de cada 7 mil brasileños.              

El Mundial de Rusia retrató la capacidad dineraria de miles de panameños cuando se trata de pasarla bueno. En especial de aquellos empresarios independientes o profesionales que trabajan por cuenta propia. Una vez optan por una aventura ajena a sus labores cotidianas, ponen a prueba toda su sapiencia empresarial para unas vacaciones acorde con una pasión sin fronteras.

“Vendimos varios programas. El primero incluía tiquetes aéreos, hospedaje, comidas, transporte, giras y la posibilidad de ir a los partidos de la Selección de Panamá. El segundo excluía los boletos de entrada a los encuentros porque los interesados ya los habían adquirido. Una tercera alternativa fueron las empresas que premiaron a sus mejores clientes y trabajadores con viajes al Mundial para acompañar a la Sele”, enumera Ernesto Orillac, gerente de Margo Tours, una de las agencias autorizadas por la FIFA para comercializar en nuestro país los planes turísticos con ocasión del Mundial.

Los precios de los programas de viaje detallados por Orillac y organizados de antemano por la FIFA se iniciaron en 5 mil dólares. Los más caros llegaron a 15 mil. Según Ángelo Castillo, los panameños presentes en Rusia 2018 hicieron realidad su viaje porque tenían en sus cuentas de ahorro una suma lista para cualquier contingencia y obtuvieron el restante con las agencias de viaje. Estos negocios trabajan de la mano con entidades financieras.

“El presupuesto de viaje de los fanáticos en Rusia promedia 7 mil y 8 mil dólares”, determina Castillo. Es decir que la delegación de Panamá se gastó alrededor de 36 millones de dólares, según las cifras más conservadoras, o 64 millones en consonancia con reportes de algunas transmisiones de los partidos. (Habrá que ver el impacto de este gasto en comparación con el comportamiento de otros segmentos del crédito personal en Panamá durante el segundo semestre de este año).

‘topón’ en rusia

Los panameños acudieron a la Embajada de la Federación de Rusia en busca de datos sobre ciudades, sitios de interés, precios de comida en restaurantes, circuitos de los medios de transporte… “Peguntaron además por el traje adecuado para ir a la ópera, a obras de teatro, museos, castillos medievales, presentaciones de ballet”, comenta Sergio Lavrov. Semejante viaje trasatlántico no podía quedarse solo en estadios de fútbol. Los 90 minutos de juego eran una parada más en un país milenario con ciudades equiparables a un museo al aire libre, y con una extensión superior a 17 millones de kilómetros cuadrados.

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Una cuarta parte del avión que llevó a Arianne Castillo desde La Habana a Moscú se colmó de hinchas panameños. El otro cuarto correspondía a seguidores mexicanos. La mitad restante eran suramericanos. Ni siquiera habían pasado tres horas de vuelo cuando sucedió el enfrentamiento entre dos de las fanaticadas. La cosa la empezaron los panameños con el estribillo frecuente en el estadio Rommel Fernández: “Ring, ring, ring, aló, aló, aló, contesten el teléfono que Panamá goleó”.

Ripostaron los mexicanos con mariachis universales como: El rey, La vikina y Volver, volver. Y así, unos y otros fueron zarandeando el avión de Aeroflot ante la mirada atónita de las azafatas rusas y algunas quejas repentinas de los suramericanos. En algún momento los dos coros pronunciaron por fin la misma canción pero con entonaciones diferentes: “Si ya saben cómo me pongo, para qué me invitan”.

Heraclio Barletta III y su combo estuvieron unos días en San Petersburgo, se trasladaron a Moscú y de allá se dirigieron a Nizhni Nóvgorod para ver   el choque Panamá–Inglaterra. “Los rusos son gente amable en extremo. Sonríen fácilmente. Son agradables”, destaca Barletta III de un país acostumbrado siempre a atender a personas de muchas nacionalidades, según Lavrov. “Una de las características de todo el pueblo ruso es su calidez, [pues] sabe qué es la recepción: ayudar a las personas a pesar del idioma”, comenta el diplomático.

Yanela De Sedas se quedó primero en la ciudad de Sochi, sede del partido de Panamá con Bélgica y considerada por Forbes el mejor destino ruso para invertir. Es una urbe moderna y de brisas líquidas en verano, frecuentada en estos días por veleros del mar Negro. En el estadio sonó Patria de Rubén Blades antes de iniciarse el partido.

Yanela pasó después cuatro días en Moscú donde se sintió como en casa al rato de estar en el Kremlin, con tantos panameños uniformados con la camiseta de la Selección. Su última parada fue Nizhni Nóvgorod, la hermosa ciudad que anidó a Máximo Gorki, el novelista que mejor relató el drama proletario de la Rusia de los zares.

Fue precisamente en el estadio de Nizhni Nóvgorod donde jugaron Panamá e Inglaterra y el mundo del fútbol presenció una de las expresiones de camaradería más auténticas. El marcador iba ya 6 a 0 en favor de los británicos pero los fanáticos de Panamá mantenían la esperanza de un solo gol que justificara un viaje de más de 12 mil kilómetros.

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ENCUENTRO. El panameño que extiende la bandera de su país y dos damas rusas finamente ataviadas que ayudan al fanático de la Sele. LA PRENSA/Alexander Arosemena

Felipe Baloy marcó el tanto salvador de las ilusiones, gritado aquí  y allá, y fue tanta la emoción de los panameños que sus pares se congraciaron con un festejo inesperado en países enfermos de fútbol. Donde nadie celebra una goleada. La alegría llevó a los británicos a un fino detalle de coquetería inglesa. “Nos invitaron a una ronda de cerveza y se abrazaron con nosotros”.

Esa invitación en las postrimerías de la goleada allanó el camino para un extra-tiempo fuera del estadio. Desde las puertas de  salida  a las calles más bonitas de Nihzni Nóvgorod nació una murga de panameños, ingleses y rusos felices de la vida. Algunas panameñas sostenían sobre la cabeza los tembleques, invictos al gol de Baloy, muchos panameños lucían los sombreros interioranos.

Los ingleses agitaban las estolas panameñas, los rusos cantaban en su lengua eslava. En un momento dado, entre unos y otros llegaron a ser, en este caso, una masa andante de 100 hinchas. En las redes abundan fotos de abrazos y besos furtivos, como alguna vez sucediera en los parques parisinos cuando se supo el fin de  la Segunda Guerra Mundial.

Muchos panameños se quedaron en Rusia después del último partido frente a Túnez y cuando ningún porvenir le quedaba a la Selección nacional en este Mundial. Alejandro Garrido y su equipo de grabación siguen en el país anfitrión. “Moscú es definitivamente la puerta de entrada a este país. Es la ciudad que te hace decir: Sí, estoy en Rusia. Pero también están San Petersburgo, Sochi…”, dice Garrido sobre un territorio colosal pero que por lo menos para 4 mil 500 panameños ya no es ancho ni ajeno.

Los fanáticos que viajaron a acompañar a la Sele concluyen que el país anfitrión de la Copa del Mundo es un destino, además de fabuloso, de precios accesibles en comparación con Panamá. Un plato completo de comida cuesta 250 rublos (4 dólares). Y coinciden también en que volverían porque a diferencia de la mencionada canción, en Rusia ya saben cómo se ponen los panameños cuando están de visita.

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