Edicion N░ 1025 | 15 de mayo de 2018
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LA VIDA ‘IN VITRO’



AVANCES

ÓSCAR CASTAÑO LLORENTE
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REGULACIÓN. Varias fuentes consideran imperiosa la promulgación de una ley que regule la actividad, en lo posible ‘muy bien consultada’. Pero debe tenerse cuidado de que la norma no derive en prohibición, como sucedió en Costa Rica. FOTOLIA

En comparación con la tendencia panameña actual, a principios del presente siglo los casos satisfactorios de fecundación in vitro ni siquiera llegaban a la mitad. Dicho tratamiento costaba el doble de ahora. Los avances contemporáneos invirtieron la relación entre el éxito de este procedimiento médico y la reducción de su precio, lo cual indica los avances del país en medicina reproductiva. Los datos son aportados por Saúl Barrera, director médico de la clínica IVI Panamá.

Estos adelantos retratan una realidad poco cuantificada en números, aunque sí palpable en la oferta de servicios locales de fertilidad. La propuesta se observa con la participación de los sectores público y privado. Los tratamientos están disponibles en hospitales oficiales “hasta cierto punto”, enfatiza el doctor Osvaldo Reyes, coordinador de investigaciones del Hospital Santo Tomás.

Si una persona interesada tiene seguro social, su ginecólogo de cabecera puede referirla a un especialista en el Complejo Hospitalario Arnulfo Arias Madrid o al Centro de Infertilidad y Reproducción Humana, localizado en el Hospital Santo Tomás. La paciente debe estar consciente de que, aun en las mejores manos y teniendo los mejores recursos, la tasa de éxito varía según la edad, el procedimiento y el número de intentos, para incluir solo algunos factores, detalla Reyes.

El galeno añade, a manera de ejemplo, que una inseminación artificial —o la llegada del semen al óvulo para su fecundación— puede tener una tasa de éxito de entre el 10 y el 20% durante el primer intento o ciclo. La perspectiva aumenta a 35% después de seis intentos.

Deberes y derechos

La falta de pólizas de seguro para cubrir los procedimientos incorporados en la medicina reproductiva, además de la falta de una regulación, exigen de las personas interesadas en un embarazo asistido el extremar los cuidados y estudiar las condiciones y la reputación del centro de salud a donde acudirá a hacerse el tratamiento.

“Los usuarios deben ser siempre atendidos por profesionales competentes y empáticos; y deben observar que estos centros tengan la infraestructura adecuada y el personal idóneo para practicar estos procedimientos con las garantías adecuadas”, especifica un experto en asuntos de bioética de la investigación, quien pidió la omisión de su nombre.

El experto agrega: las personas cuando optan por estos tratamientos gozan de todos sus derechos fundamentales de forma intensa, salvo una razón justificada para limitarlos. A ellos les cabe la potestad total de obtener información detallada de los riesgos y beneficios de estas técnicas médicas; y siempre podrán ejercer su derecho al consentimiento informado, según se establece en la Ley 68 de 2003, norma encargada de regular las prerrogativas y obligaciones de los pacientes.

Tal énfasis en materia de derechos y potestades cobra mayor relevancia si se tiene en cuenta que en otros países, poco se recomienda a Panamá como un “buen destino“ para hacer “turismo reproductivo”, dada la “ausencia de una ley firme”.

Al margen de ello, los centros especializados cumplen protocolos y estándares internacionales y hacen un seguimiento férreo de las mejores prácticas en medicina reproductiva, como sucede en IVI Panamá, aduce Barrera, quien explica que esta clínica desarrolla su portafolio de productos según establece la casa matriz en España.

¿Quiénes?

La medicina reproductiva engloba todos los escenarios, apunta Barrera. El comentario puede complementarse con la valoración detallada del experto en bioética de la investigación atinente a que cuando se recurre a la reproducción asistida, corresponde no solo a inconvenientes de la mujer. El hombre  puede presentar problemas de fertilidad y deben mirarse las condiciones de ambos miembros capaces de dificultar la fecundación.

“Hay que recalcar que también recurren a la reproducción asistida personas que no tienen fertilidad, como es el caso de las del mismo sexo, la mujer sola y el hombre solo, con uso de maternidad subrogada. Acuden también parejas que podrían tener hijos con enfermedades genéticas y quieren asegurarse de que sus descendientes nazcan sanos”, hace hincapié el experto.

Un factor adicional cada vez más frecuente incrementa el interés  en la reproducción asistida. Aumenta el esfuerzo de muchas mujeres de valerse por sí mismas y de ir superando escalas académicas y profesionales. Por ende, posponen la meta de la maternidad. El promedio puede oscilar entre los 34 y los 40 años de edad, siendo que la época de mayor fertilidad femenina ronda los 25 años, comenta Barrera.

En este sentido, Reyes destaca que por lo general, después de los 30 años empieza a disminuirse la fertilidad de las mujeres de manera gradual. El proceso se acelera a los 35, y a los 40 se reduce a la mitad. “Para ponerlo en perspectiva: a los 30 la posibilidad de que ella quede embarazada cada mes, es del 20%. A los 40, se acerca al 5%”.

Los hombres panameños son los causantes de los inconvenientes de fertilidad en el 40% de las veces. Quiere decir que el desafío atañe a todos, al centro de salud, a ellas y también a ellos.

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