Edicion N░ 1021 | 10 de abril de 2018
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EL CICLÓN PITUKA



SECTOR

OSCAR CASTAÑO LLORENTE
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Pituka vive sus horas como si estuviera en una película, ‘con drama y todo’

Por cada dólar invertido en la industria panameña del cine se genera un dólar y medio más, revela Helga Flores, especialista principal de cultura del Banco Interamericano de Desarrollo.  Se trata de una actividad incorporada al sector creativo cuya representación en el producto interno bruto de 2011 se situó en 3.1%, estimó hace unos meses la firma consultora Indesa. Pero dicho ponderado se duplicó el año pasado a 6.4%, computa la Organización Mundial de Propiedad Intelectual.

Sin más vueltas, las industrias creativas de Panamá llegan a movilizar 11 mil millones de dólares al año, o sea, casi siete veces el último aporte a las arcas locales por parte del Canal. Producen al menos 60 mil empleos de acuerdo con el censo vigente, y en términos de exportación contabilizaron un crecimiento de 12.2% en el lapso 2005–2015, o un 2.5% más en comparación con la oferta exportable tradicional del país.

Mañana culmina la séptima edición del Festival Internacional de Cine de Panamá —o según su nombre oficial repetido ya en el exterior, en otros continentes, el International Film Festival, IFF—. Esta fiesta de la imaginación es la punta de lanza de la industria local del cine, que por sí sola emplea a mil personas anualmente y que según Helga Flores, se constituyó en una ventana del talento de América Central y en una catapulta de su actividad audiovisual. 

“No cabe duda de que en muy pocos años el IFF Panama se ha convertido en una venta real del cine de este subcontinente, donde hay mucho que mostrar”, pondera la especialista.

La oferta al público local e internacional del IFF próximo a terminarse, consistió en la proyección de 74 producciones cinematográficas. De ellas, al menos el 10% fueron panameñas. El festival desarrolló una agenda de foros y talleres con invitados internacionales como la actriz Daniela Vega, protagonista del drama chileno Una mujer fantástica, el cual abrió el festival panameño

y dos meses atrás se había ganado el Óscar de la Academia en la categoría Mejor Película Extranjera. Y estará presente el papá de Pedro Navaja a propósito del documental titulado Yo no me llamo Rubén Blades, encargado de cerrar mañana este encuentro cultural sucesivo de 8 días y 40 mil espectadores. 

Detrás de esta constelación de datos y de estrellas, casi como una excavadora en una mina de carbón se encuentra la fuerza ciclónica de Pituka Ortega Heilbron y su equipo de trabajo, para hacer realidad el prodigio de la creatividad en un país aferrado a sus cifras de crecimiento económico. Le pedimos a ella que contestara nuestras preguntas como si estuviera viendo un largometraje, con la expectativa de hacerla escapar de los protocolos, y nos contestó que vive sus horas como si estuviera en una película, “con drama y todo”…

…O como un thriller de suspenso elucubrado en la casa 149 B de la Ciudad del Saber, casi todo el año y casi todos los días de la semana, y desde bien temprano en la mañana hasta las últimas horas de la noche. A veces hasta la madrugada, en especial en las postrimerías de la inauguración de esta fiesta de la pantalla grande. En aquella casa rueda el reloj del Festival Internacional de Cine de Panamá.

Donde se suman los esfuerzos de un equipo humano que desde hace varios años les ha cambiado la vida a los panameños y que explica por qué el cine local multiplica sus réditos.

Pituka Ortega recuerda una experiencia suya unos meses atrás, en la primera conferencia de prensa del festival 2018. A Pituka, accesible a todo el mundo, sencilla hasta el punto de conducir su propio auto, se le acercó una mujer para confesarle una eventualidad  definitiva. “Me dijo que su hijo tenía planeado estudiar una carrera de ingeniería, pero que al ver en nuestro festival la película Muerte de un ciclista,

de Juan Antonio Bardem durante el homenaje a Lucía Bosé hace dos años, él decidió en ese momento que quería hacer cine, que esa película lo había cambiado para siempre”.

La madre se proclamó feliz de aquella revelación de  su hijo.

JOVENES CREADORES

Al menos 107 millones de latinoamericanos tienen entre 15 y 24 años de edad. Son personas cada vez más cautivadas con la economía naranja, el fenómeno mundial nacido a raíz de la crisis de 2008 y concerniente a la asociación de bienes y servicios con las industrias creativas. 

“La pregunta que nos hacemos con ellos es: ¿Qué trabajos van a tener en el futuro? Vemos que en el futuro la economía mundial no solo dependerá de los sectores manufactureros y de otras actividades. Cobrarán una mayor relevancia las industrias de las ideas, del conocimiento y del valor agregado. Ahí tenemos un potencial enorme de México a la Argentina, pasando por el Caribe”, anticipa la especialista del BID.

La economía naranja resulta del compromiso de los diferentes espectros económicos de un país. Su integración forja un “ecosistema” entre diversos participantes, al margen de su tamaño. Y el Festival Internacional de Cine de Panamá se configura en una especie de alianza público–privada, más la vinculación de los ciudadanos. 

“El festival tiene como norte primordial el servir al país y a su industria cinematográfica. Este [propósito] se hace muy posible porque somos una organización sin fines de lucro, que construye este encuentro cultural con el Estado y la empresa privada. Es en realidad algo muy especial”, comenta Pituka Ortega.

El papel asumido por el sector público se aprecia en la pertenencia de la Dirección General de Cine al Ministerio de Comercio e Industrias, en vez de vincularse con  otra institución estatal. “La Dirección de Cine pertenece al MICI debido a la meta de atraer inversión extranjera al país por medio de la industria cinematográfica y audiovisual”, detalla un vocero de esa cartera ministerial. 

Y realza el valor del Festival Internacional de Cine al encadenar las experiencias de los integrantes de la industria cinematográfica local con las de los representantes internacionales, en espacios que “alimentan nuevas posibilidades de producción, comercialización y distribución de películas”.

2013 fue el año de mejor comportamiento de la actividad cinematográfica local. Recibió 23 millones 177 mil dólares por concepto de inversión extranjera. “Eso fue hace un lustro, cuando se filmaron grandes producciones como Hands of stone, Paradise Lost y The hero”, recuerda el vocero del MICI. En los años siguientes la inversión foránea en la actividad audiovisual  promedia 8 millones de dólares anuales, “tomando en cuenta que se han hecho tanto producciones chicas como realities, comerciales, documentales, shows de televisión y programas de turismo”.

El aporte del MICI para la promoción del sector se adelanta con campañas de información sobre la importancia del registro de las obras y de los derechos de autor; mediante iniciativas como el Concurso Fondo Cine, el cual reparte 2.2 millones de dólares al año entre 12 proyectos; y el apoyo a actividades de formación, divulgación, mercadeo y promoción de producciones locales.

El valor de la vinculación del sector privado se hace evidente en la alianza entre la aerolínea Copa y el IFF, con un canal para proyectar largometrajes latinoamericanos exhibidos antes en el festival; y el alcance del respaldo de la institucionalidad internacional se mide en el hecho de que el Banco Interamericano de Desarrollo gestiona y entrega el premio Primera Mirada. 

“Esto nos marca de manera muy positiva como un encuentro cultural relevante y visionario”, destaca Pituka Ortega. El apoyo del BID, añade Helga Flores, busca la diversificación de las economías de los países a través de la creatividad y se propone respaldar el talento joven de la región.

Pituka Ortega recuerda otro caso de película. “Tenemos una joven que se inició como voluntaria”, pero gracias a su actitud y evolución laboral, se involucró en la industria cinematográfica local, en la que ya están acreditados sus servicios. “Hay muchas historias y queremos que se sigan construyendo”.

El siguiente guión  comienza  pasado mañana con la preparación del próximo festival. Será la hora cero de la nueva faena de un año en la casa 149 B de la Ciudad del Saber. 

Se cierra el telón del séptimo festival y se abre de inmediato el telón de las actividades para el octavo festival. La historia es continua... y electrizante, porque en ella es protagonista el ciclón Pituka.

                                       

 

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