Edicion N░ 1017 | 13 de marzo de 2018
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LLEGA MCKINSEY & COMPANY



GERENCIA

OSCAR CASTAÑO LLORENTE
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RESULTADOS. Dominic Barton dirige la firma desde 2009. Con su liderazgo la consultora extendió su radio de operaciones, en un funcionamiento   sin jerarquías. Cortesía

Una señal promisoria para el país es la inauguración de las oficinas regionales de la consultora McKinsey & Company. Reconocida en los más altos círculos empresariales o gubernamentales simplemente como The Firm, o La Firma, su director global, 

Dominic Barton, estuvo de visita en Panamá en un periodo de cambios y en pleno reordenamiento económico mundial.

Martes Financiero tuvo acceso a Barton, considerado uno de los líderes  más influyentes, y responsable además, desde su llegada a la firma, de su fortalecimiento y posicionamiento actual. Aquí sus comentarios sobre un planeta en ebullición y tan vibrante como promisorio.        

¿Cuáles son los principales desafíos para la industria de consultoría de negocios en 2018?

Creo que estamos operando en el período más dinámico y disruptivo para los negocios que hemos visto en las últimas tres décadas. En este contexto, probablemente el mayor desafío y la mayor oportunidad para las empresas de servicios profesionales ha sido el continuar innovando e integrando nuevas capacidades, por ejemplo en los aspectos digital y analítico, para satisfacer las necesidades y las crecientes expectativas de los clientes.

Eso significa que cada vez estamos más llamados a traer experiencia especializada de múltiples geografías, funciones y sectores, y que la barrera para su impacto es más alta que nunca. De hecho, ya no me gusta usar la palabra “consultor”, porque lo que hacemos ahora a menudo implica asociarnos con los clientes para realmente generar impacto e implementar, no solo dar consejos.

¿Cuál es la tendencia económica global más preocupante desde el punto de vista del desarrollo de un país?

La necesidad de una mayor innovación social para abordar los desafíos que estamos viendo en muchos países, tanto en los desarrollados como en aquellos en vías de desarrollo. Un gran ejemplo es la necesidad de recapacitar a las personas según el impulso de la automatización y las realidades donde estarán los trabajos del futuro. 

Cada país y cada industria se verán afectados por esto en diversos grados. Nuestro último informe del McKinsey Global Institute encontró que entre 75 millones y 375 millones de personas, o entre el 3% y el 14% de la fuerza de trabajo mundial, deberán cambiarse a ocupaciones completamente nuevas en 2030. Esto impondrá una presión masiva en los mercados laborales y requerirá un aumento significativo en la inversión por parte de los gobiernos, las empresas y el sector social.

¿Cuál es el principal desafío para América Latina según la perspectiva de McKinsey?

Permítame comenzar diciendo que soy muy optimista sobre América Latina. En particular, creo que es un momento tremendo para que abramos nuestra oficina en Panamá. Sin embargo, dos desafíos que destacaría son: el riesgo de aumentar el proteccionismo y un crecimiento más lento en los precios de los productos básicos.

El comercio, particularmente con Estados Unidos, ha sido fundamental para el crecimiento de América Latina, y la posibilidad de que Estados Unidos renegocie o se retire del  Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan) o que aumente los aranceles en otros países latinoamericanos, es definitivamente una preocupación. Respecto de los precios de los productos básicos, el FMI prevé un crecimiento de solo 3% anual hasta 2020, luego de aumentar un 14% anual entre 2002 y 2011. Esto ejercerá más presión sobre América Latina para aumentar la productividad de los recursos y diversificar aún más las economías.

¿Qué efecto tendrán las criptomonedas, particularmente el bitcóin, en la industria mundial de servicios financieros?

Nuestro punto de vista sobre las criptomonedas es que todavía estamos en las primeras etapas y aún existe un alto grado de incertidumbre sobre cómo afectarán a la industria mundial de servicios financieros y con qué rapidez. Sin embargo, creo que está presente el potencial de la tecnología blockchain para hacer que las transacciones financieras sean más seguras, eficientes y transparentes. Estamos viendo ya una cuarta parte de los gobiernos y bancos centrales invirtiendo en este espacio. 

Esto tiene el potencial de ser una tecnología transformacional, pero tomará tiempo para que se desarrolle completamente y se incruste en la forma en que hacemos negocios.

¿Cuál será el impacto de la automatización o el mayor uso de robots en los negocios?

Por un lado, la automatización aumentará la productividad y beneficiará enormemente a los consumidores. Por ejemplo, los camiones autónomos y la entrega de aviones no tripulados de última milla reducirán considerablemente el costo de envío de mercancías. Por otro lado, como mencioné anteriormente, la automatización conducirá a un desplazamiento masivo de empleos, pues las empresas reemplazan o complementan a los trabajadores humanos con robots y otras tecnologías. 

Sin embargo, la velocidad y la escala del impacto variarán de una industria a otra. Estimamos que en promedio la mitad de todas las actividades laborales pueden automatizarse utilizando la tecnología actual. Pero esa cifra es mucho más alta por ejemplo en industrias como la fabricación, en las que el trabajo es en su mayoría de tareas físicas predecibles.

¿Cuál es el paradigma o la palabra de moda en 2018?

En el aspecto macroeconómico, tendría que decir que es “crecimiento sincrónico”. Estamos viendo un crecimiento global en casi todos los países, por primera vez en más de una década, y somos optimistas de que las condiciones que respaldan este amplio crecimiento continuarán por lo menos en el corto plazo.

¿Qué consideraciones debería tener una empresa que pretenda hacer negocios con el mercado chino?

Debe conocerse el mercado. No consideramos a China un país unificado, sino más bien 22 grupos de ciudades, cada una con su propio carácter y atributos únicos. Para poder hacer negocios exitosos con China se necesita comprender profundamente el mercado al que se dirige: quiénes son los principales interesados locales, qué quieren los clientes allá y cómo llegarán las cadenas de suministro a esos clientes, particularmente los de fuera de las ciudades de nivel 1.

¿Cuál es el perfil típico del consultor de McKinsey & Co.?

No hay un “perfil típico” para un consultor de McKinsey, particularmente a medida que ampliamos nuestra contratación a fondos y conjuntos de habilidades más diversos. Sin embargo, una característica de unificación es que buscamos líderes, personas que han demostrado potencial de liderazgo en sus trabajos anteriores, en la universidad, en el Ejército o en cualquier otro lugar.

¿Cómo deben enfrentar las empresas el desafío de contratar mileniales y garantizar su supervivencia en la organización?

Los mileniales son bien conocidos por ser “expertos en el trabajo”: los estudios han demostrado que tienen tres veces más probabilidades que los no mileniales de haber cambiado de trabajo en el año pasado. Y Harvard Business Review descubrió en 2016 que lo que a los mileniales, les importa más en una organización es la “oportunidad de aprender y crecer”; así como también el “propósito más amplio” de la organización, mucho más que otras generaciones. Eso significa que para retenerlos es esencial proporcionar oportunidades de entrenamiento y aprendizaje con el propósito de que continúen desarrollándose, algo en lo que nos enfocamos mucho en McKinsey

¿Por qué Panamá?

Estamos increíblemente entusiasmados con las perspectivas en Panamá. Su economía está experimentando un fuerte crecimiento, pero también con fundamentos macroeconómicos muy estables: baja inflación, déficits fiscales bajos, y bajo desempleo. El país es el hogar de muchas empresas locales exitosas y de sedes multinacionales regionales, y pasos recientes como la expansión del Canal de Panamá y el desarrollo del Área Económica Especial Panamá Pacífico son también muy alentadores. 

Creemos que Panamá es una economía clave en una región con un gran potencial en general.

LA FIRMA

REGIÓN: perspectivas para américa central y el caribe

McKinsey & Company confió en  el venezolano Julio Giraut la dirección y coordinación de sus oficinas en Panamá. El ejecutivo explica en qué consiste el funcionamiento de la consultora, en especial con la llegada de Dominic Barton.

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EXPERIENCIA. Ha apoyado empresas regionales y multinacionales más importantes sobre una amplia gama de iniciativas de organización y estratégicas, con lo cual han aumentado la ventaja competitiva mediante la captura de valor y un crecimiento de mercado. LA PRENSA/Roberto Cisneros.

Las inauguraciones de dos oficinas de operaciones por parte de McKinsey & Company en la última semana de enero acaparó el interés global del negocio de consultoría. La firma abrió sedes en Vietnam y en Panamá, esta última con una perspectiva regional, aunque sin dejar de lado las posibilidades de atender el mercado local del istmo donde funcionan  más de 220 multinacionales.

Tales aperturas, casi en simultánea, como dos bengalas en la noche, al parecer poco tienen que ver con el destino. Más bien exhiben la visión de un jugador que aprecia una rotación en el comportamiento económico global, con Asia como epicentro en las próximas dos décadas y América Latina como una región llamada a protagonizar el nuevo orden.  En 2025,  el funcionamiento de la mitad de las compañías valoradas en más de mil millones de dólares transcurrirá en mercados emergentes donde cinco años después palpitará el 50% de la actividad mundial de la economía.

“Decidimos abrir una oficina en Panamá bajo la perspectiva de un hub para servir a América Central y el Caribe, aunque esto no signifique un inicio de trabajos en esta región. 

Nosotros ya venimos sirviendo en esta área geográfica en los sectores público y privado”, aprecia Julio Giraut, socio director de la firma para la región. 

Giraut prefiere omitir nombres específicos, pero ejemplifica la actividad de la firma en la región a cargo suyo antes de la apertura de las oficinas en Panamá, con el caso de su apoyo a una institución financiera multiplicada en dos veces y medio su tamaño y con la optimización de empresas de retail aumentadas en cinco o seis puntos del Ebitda.

Decir McKinsey & Company es necesariamente hablar de una empresa catalogada por Wikipedia como La Firma, para indicar la respetabilidad posible de una organización fundada en 1926.  Sus servicios son frecuentes en 90 de las 100 principales corporaciones del mundo, según Forbes. Es una compañía que invierte al menos 600 millones  de dólares anuales en entrenamiento y desarrollo de competencias y de conocimiento de sus colaboradores. Un piñón que ayuda a engranar la proyección de América Latina en varios de sus países y ahora desde Panamá, con una visión contemporánea y futurista de los negocios.

“McKinsey ha evolucionado mucho. En la época de mi entrada a esta empresa nos especializábamos en management consulting, que por su definición consistía en consultoría gerencial enfocada principalmente en ayudar a las compañías en sus estrategias. Pero nuestra visión ha ido evolucionando hasta volvernos impact partners, o sea que no solo les colaboramos a nuestros clientes a trazar estrategias, sino que también los acompañamos en su ejecución”.

El impacto global generado por McKinsey en 2017 se cifró en 150 billones de dólares.              

Fue el canadiense Dominic Barton, nacido en Uganda y residente en Londres, el hombre que con su liderazgo amplió las perspectivas de la firma. Ocupa la dirección corporativa desde  2009, año posterior a las turbulencias económicas de los mercados, principalmente con las recesiones de Estados Unidos y Europa. 

El canadiense cambió el negocio de la consultoría, y según Giraut le dio a la firma la posibilidad de reinventarse. Le aportó además velocidad en su proceso de transformación, virtud que trascendió en la agilidad de las respuestas ante los retos globales, con más oportunidades de negocios. “En este sentido voy a dar varios ejemplos: en 2009 no teníamos analitics ni enterprise transformation, como tampoco existía McKinsey Implementation, y ese tipo de servicios representa ahora la mitad de nuestro trabajo y la labor de alrededor de 5 mil de nuestros consultores”.

Barton sacó a los colaboradores de sus oficinas refrigeradas y olorosas a lavanda, para llevarlos a ganar una “preeminencia externa”. Para impulsarlos a tener una conversación fluida y continua con los clientes y con la sociedad y entender qué está pasando en ella. “La visita de Dominic Barton a Panamá a propósito de la inauguración de esta oficina refuerza el mensaje de que para nosotros esta es una misión que nos tomamos muy seriamente. Nosotros, y así lo mencionó Dominic en la reunión de apertura, cuando llegamos a un lugar lo hacemos para quedarnos”.

McKinsey & Company, en su historia casi centenaria, solo ha cerrado operaciones en un  país. Sucedió en Caracas, Venezuela, en 2010. “Es una oficina que está suspendida”, aclara Giraut antes de partir a un encuentro de trabajo con voceros del andamiaje económico panameño. Porque los negocios están afuera.

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