Edicion N░ 1016 | 06 de marzo de 2018
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informe central

‘CADA QUIEN SE PONE EL LÍMITE Y EL CIELO NO LO ES’



ROBERTO GONZÁLEZ JIMÉNEZ
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Olga Cantillo. vicepresidenta ejecutiva y gerente general de la Bolsa de Valores de Panamá. LA PRENSA/Alexander Arosemena.

El éxito no suele ser gratuito. Resulta de una combinación entre  trabajo, esfuerzo, preparación y convicción en las posibilidades de uno mismo, independientemente de si se es hombre o mujer. Así lo ve Olga Cantillo. Quizá esa mezcla de ingredientes en su trayectoria la llevaron a convertirse en la primera mujer vicepresidenta ejecutiva y gerente general de la Bolsa de Valores de Panamá.

 
En sus 26 años de carrera en el sector financiero, y a medida que fue ascendiendo,  no ha sentido rechazo por parte de los hombres, quienes dominan ampliamente esta industria bursátil. 
 
Esto se debe, a su juicio, a dos motivos: haber tenido jefes hombres que le dieron la oportunidad de crecer por sus méritos, no tomando en cuenta su género, y a que  fue educada  sin el estereotipo de que no podía hacer lo que se planteaba por el hecho de ser mujer. 
 
Esa misma mentalidad de igualdad de género y ese espíritu de superación  les ha transmitido a sus hijos. “Yo siempre les digo que cada quien se pone su límite y el cielo no lo es. Que pueden llegar más allá todavía”.
 
Cantillo, muy activa en temas de equidad de género, considera que la propia mujer tiene un rol fundamental para generar los cambios en la sociedad.
 
“Nosotras somos las que criamos  a nuestros hijos”, afirma. Y esa educación puede estar basada en clichés de que el hombre no puede expresar sus sentimientos y tiene que salir a trabajar mientras la mujer se queda en casa, o puede poner en el centro que ambos géneros tienen igualdad de oportunidades y que  pueden estudiar la carrera que decidan, por poner un ejemplo. “¿De quién es entonces la labor de  educar, de hacer la gestión del cambio; de quién es la obligación de que exista una equidad de género? De nosotras”.
 
Olga no creía en la imposición de cuotas para ir reduciendo la brecha de género, pero con el tiempo y tras muchas lecturas se convenció de que son imprescindibles  para acelerar el proceso. “Las estadísticas arrojan que se hace necesario contar con cuotas, de lo contrario no va a lograrse la equidad de género hasta dentro de  100 años”, vaticina.
 
Panamá rompe  moldes en este sentido. Se aprobó una ley que exige que dentro de tres años las entidades reguladas por el gobierno tengan en sus juntas directivas al menos el 30% de mujeres.  Esa cuota ya la cumplen sin necesidad de que lo obligue una ley  en la propia junta directiva de la Bolsa de Valores de Panamá, una entidad que ya tuvo entre 1998 y 1999 a una mujer como presidenta de su junta directiva: Pilar de Alemán.
 
 “Nuestras juntas directivas siempre han contado con mujeres. Hoy, de los 11 directores que tenemos, 4 son mujeres”. Pero  además de las cuotas en las directivas, para Olga hay otras disparidades laborales que pueden reducirse a través de la regulación. 
Por ejemplo, la brecha salarial entre hombres y mujeres,  notoria  en el sector financiero.  
 
También hay una discriminación en las licencias que se conceden a madres y padres cuando tienen hijos. El mismo sistema invita a la mujer a quedarse en casa criando a los hijos mientras que al padre apenas se le conceden tres días de licencia. Y eso que en Panamá, como reconoce Olga, existe la posibilidad de la ayuda doméstica para que la mujer pueda regresar al trabajo cuando termina la licencia.
 
“Hay lugares en el mundo donde tener apoyo doméstico es un lujo, por lo que la mujer se ve obligada a retirarse de su carrera profesional. Y regresar cinco años después, cuando el chico va al colegio, se le vuelve muy difícil”. 
 
Lo que sucede en los países más avanzados en este sentido es la concesión de licencias por períodos similares al padre y a la madre, para dedicarles tiempo a los hijos. “Ya hay sociedades en las que  el hombre se queda en la casa cuidando al hijo y la mujer sale a trabajar. Lo ideal sería que ambos tuviesen el mismo derecho y la misma oportunidad”, apunta.
 
No duda de que hay mujeres que no miden el éxito con una carrera profesional. “Algunas medimos el éxito siendo madres de familia, criando a nuestros hijos, y eso hay que respetarlo, pero que sea por decisión, no por una imposición”. Ella lo ha conseguido en ambos aspectos de la vida.  
 
Los pasos de Olga y otras mujeres pioneras abren caminos y pueden ser un referente para que las nuevas generaciones tengan esos modelos que seguir.  Su consejo para las más jóvenes es que estudien lo que les apasiona, sin dejarse llevar por carreras de moda o aquellas que creen les van a reportar más ingresos. 
 
Ella hizo estudios de  banca y finanzas en la Universidad Latinoamericana de Ciencia y Tecnología, y posee las licencias de ejecutivo principal y corredor de valores de la Superintendencia del Mercado de Valores. En su trayectoria profesional ha tenido responsabilidades de operaciones  en bancos y casas de valores a nivel local y regional.
 
Fue la primera mujer en presidir  la junta directiva de la Central Latinoamericana de Valores; fue vicepresidenta de la junta directiva de Latinex Holdings; y directora  de la Bolsa de Valores de Panamá. Todo esto antes de convertirse en la primera gerente de la Bolsa, donde solamente el año pasado se negociaron   $5 mil 323 millones. 
 
Preside además  la Asociación de Bolsas de Centroamérica y el Caribe; es tesorera  de la Asociación de Depósitos Centrales de Valores de las Américas; y directora de la Federación Iberoamericana de Bolsas.
 
Y mientras sucedía todo lo anterior    formó una familia de dos hijas y un hijo. Y todavía hay quien osó  llamarlas alguna vez el sexo débil.  

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