Edicion N 898 | 20 de octubre de 2015
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EL FOLLETO QUE VINO DEL CIELO



salud

KATIUSKA HERNÁNDEZ
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FORTALEZA. Vivianne se aferró a Dios, a la virgen y a su familia.
LA PRENSA/Ricardo Iturriaga

En  el camino de la lucha contra el cáncer, muchos son los testimonios que permiten apreciar que los milagros existen. La historia de Vivianne Iglesias de Ávila está ligada a la fe, a la familia y a la fortaleza de una mujer que con valentía se enfrentó al reto de sufrir de cáncer de mama y ser una de las supervivientes.

Sin antecedentes de familiares directos ligados a este padecimiento, Vivianne había hecho su vida como cualquier otra mujer, ocupada en su mundo de madre, esposa y empresaria independiente que se esforzaba  a diario por sacar adelante una bien posicionada  agencia de viajes, Discovery, y de cuidar de sus tres hijos, incluso por encima de su propia salud.

Pero a veces llegan mensajes como enviados del cielo que lo cambian todo.

Así comenzó su historia: “En una sesión de fotos de Pink Power con mi familia apoyando la causa, me entregaron solo a mí un folleto que no  pensaba ni verlo. Hasta que por un segundo lo agarré y, sin intenciones de leerlo, mis ojos vieron una sola palabra: ‘Hundimiento’. Jamás pensé que los hundimientos  podían ser algo malo, y era eso justo lo que días atrás me había visto”.

Por lo regular muchos asocian el cáncer con la aparición de endurecimientos y bultos, pero  otras señales menos afamadas  pueden ser cruciales. Una de ellas es el enrojecimiento o los  cambios en la aréola del seno, lunares y hundimientos, entre otros.

Después de pruebas y diagnóstico de estadía temprana de cáncer de mama, Vivianne se sometió a una cirugía para sacar el tejido comprometido de su seno y luego decidió con  su familia  “atacar con  todo este mal”.

“Digo decidimos, porque todos en mi familia, de una manera u otra, lo pasaron y atacaron conmigo, sobre todo mi incondicional mamá y esposo. Nunca pensé lo fuerte que yo podía llegar a ser. Fueron meses duros, el malestar, la incertidumbre, el miedo, el pelo.  Pero pasó, todo pasa”.

Esta joven mujer mira hacia atrás, y recuerda cómo fue apenas en enero de este año que  terminó las sesiones de quimioterapia y en marzo las de radioterapia.

“Hoy aprecio y miro diferente cada amanecer, cada sonrisa de mis hijos, cada abrazo de mi esposo.  Todo pasa.  Nada es para siempre. Y ya sea en lo bueno o en lo malo hay que afrontarlo con un espíritu de lucha y siempre con Dios por delante.  Es así como se gana siempre”, expresa.

Vivianne, ahora recuperada, señala que es fundamental que las  mujeres se preocupen constantemente por llevar una vida saludable y chequearse constantemente.

“Conozco casos de jóvenes de menos de 30 años con cáncer y a esa edad la enfermedad puede ser más dura; es fundamental hacerse la mamografía y el eco mamario, en la primera mamografía no me salió nada, pero fue en el eco que se descubrió la anomalía”, dice.

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Prevención. Toda mujer debe realizarse anualmente una mamografía y eco mamario. LA PRENSA/Jorge Fernández

Cree que hoy en día el ritmo de la vida hace que las personas descuiden su salud y se preocupen más por el trabajo y por otras personas que por ellas mismas. “Sí, me descuidé mucho por la rutina del trabajo y la familia, pero si uno no está bien, ellos tampoco lo estarán, si quieres tanto a tu familia, debes chequearte”, expresa.

La detección temprana hace que las posibilidades de  salvarse sean mayores. “Debe hacerse un alto y cuidarse, cambiar los hábitos alimenticios, las carnes rojas son fatales y pueden ser una fuente de enfermedades como el cáncer y muchas veces no nos damos cuenta de lo que estamos comiendo. Yo comía muy mal, muchas frituras. Eso ahora ha cambiado, procuro comer más verduras y frutas”, señala esta empresaria de 44 años que se recupera  física y espiritualmente de esta lucha contra el cáncer.

Confiesa que aún el tema le genera inquietud y le recuerda las horas y los días que pasó sin fuerzas ni para levantarse luego de las fuertes sesiones de quimioterapia y radioterapia a las que estuvo sometida.

“Uno aprecia más la vida y todo pasa. Esto me permitió darme cuenta de lo que verdaderamente es valioso, como la familia, mi madre, mi esposo, mis hijos y las amistades, y quién está con uno, me sorprendí de mi fuerza, pensé que me echaría a morir”, relata.

Vivianne Iglesias de Ávila es ahora otra. Siente que está más fuerte, más espiritual, mira con otros ojos la vida y su alrededor. No se afana, sabe que por más cosas que pasen, siempre hay un camino esperanzador.

En su corazón siente un compromiso por contar su testimonio, por ayudar a otras personas que están pasando por lo que ella vivió. Lo hace desde el consuelo a personas allegadas, desde lo más íntimo, pero entiende que hay organizaciones activas que difunden y luchan por alertar sobre esta enfermedad.

Un activismo que admira y respeta, pero para el que ahora mismo aún no está preparada. Todo fue muy reciente. “Yo sé que  mi misión es ayudar a las otras personas, tengo una amiga a la que ayudé. Y me gusta dar ese apoyo”, dice.

Para Vivianne, el milagro llegó en forma de folleto, muchas veces los escritos sobre la prevención del cáncer y la necesidad de hacerse el examen mamario y el eco pasan desapercibidos. Es momento de hacer un alto en el camino y no solo tocarse, sino mirarse. 

“En cada momento me aferraba a Dios. Todo lo que tenía era agradecimiento, yo vi a Dios allí, él me enseñó en esa volante  lo que tenía y me dio una segunda oportunidad de vida”.

 

 
 
 
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