Edicion N 785 | 09 de julio de 2013
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informe central

EL CHORRILLO, EN EL PUNTO DE MIRA



INVERSIÓN

Texto. Álvaro Santana Fotos. Iván Uribe
alvaro.santana@prensa.com

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CONTRASTES. Aunque en El Chorrillo hay delincuencia, también es la esencia del Panamá más auténtico y sus habitantes viven el día a día como cualquier otro ciudadano.

Si le preguntaran cuánto estaría usted dispuesto a pagar por una vivienda en El Chorrillo seguramente contestaría que poco, o nada.

Las pandillas y sus balaceras, la suciedad que se  acumula en las esquinas, las alcantarillas saturadas, las calles de tierra y socavones, las personas hacinadas en viviendas de madera...  algunos dirán que sobran los motivos para no ir a  El Chorrillo.

¿Por qué, sin embargo, hay tantas miradas puestas en ese barrio? La respuesta es el desarrollo inmobiliario inminente que se cierne sobre este histórico barrio, algo similar a lo que ya ocurrió en zonas  como San Sebastián o Boca la Caja, donde la presión urbanística obligó a muchos de sus habitantes a  abandonar el lugar para construir enormes rascacielos  de lujo.

Que El Chorrillo va a cambiar más pronto que tarde es un secreto a voces. Los desarrollos residenciales de lujo que vienen en Amador –y según algunos, también en el relleno de Barraza y en toda la primera línea de costa– y el crecimiento de la zona rehabilitada del Casco Antiguo  hacen del barrio un caramelo apetecible para los inversores.

Quienes lo conocen  no tienen ninguna duda del futuro que le espera a El Chorrillo:

–“La lógica inmobiliaria es clara, el que está en la primera línea de lujo no quiere una bala del que está detrás, y si no se invierte socialmente la otra opción es botarlos de allí”, dice Patrizia Pinzón, cofundadora de la inmobiliaria Arco Properties.

–“No hay que esperar a que se caiga o se queme una barraca, que es lo que parece que están esperando”: Héctor Brands, presidente del Movimiento Nueva Generación.

–“A estas alturas ya a nadie se le ocurre tocar nada con vistas a las elecciones. Salvarán como puedan si hay un incendio y listo”: padre Mañas, párroco de la iglesia de Fátima de El Chorrillo.

–“Habrá  un desarrollo inmobiliario  de alto nivel en el relleno de Barraza y puede  que el barrio vaya desapareciendo, igual que pasó con Boca la Caja y otros lugares. El futuro de El Chorrillo  prácticamente está escrito”: Elda Sanson, presidenta de la inmobiliaria Activentas.

¿Queda alguna duda de cuál es el futuro de El Chorrillo?

Historia de Panamá

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El barrio fue fundado por Belisario Porras en  1915, junto a los vecinos corregimientos de San Felipe, Santa Ana y Calidonia, y se pobló con antillanos que llegaron al país atraídos por la construcción del Canal.

En materia de vivienda El Chorrillo cuenta con varias tipologías. Las llamadas barracas de madera,  condenadas a  ser   derruidas,  donde se hacinan decenas de personas en condiciones insalubres.

Las de piedra o bloques, mal conservadas  por dentro, pero cuya estructura es más resistente a incendios y derrumbes.

Las construcciones en altura, que son las conocidas ‘multis’ (hechas hace varias décadas durante el gobierno del general Torrijos), los edificios Salomón (del expresidente Ernesto Pérez Balladares), y las últimas viviendas sociales construidas en la época del presidente Guillermo Endara. En estos edificios la convivencia es complicada  y suelen ser refugio de alguna de las 14 bandas que atemorizan  al barrio.

Lo mejor, su gente

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EDUCACIÓN. Una de las aulas del Movimiento Nueva Generación.

Precisamente un antiguo miembro de una de esas pandillas es hoy uno de los grandes defensores de El Chorrillo y una personalidad respetada: Héctor Brands. “Si vas conmigo aquí no te va a pasar nada”, dice con calma mientras circula con su pick up por la avenida A.

Allí todos conocen a Brands. No obstante, es el precursor del Movimiento Nueva Generación, que apoya a los niños del barrio con clases de informática, danza, pintura, teatro y hasta guardería y comedor para los que tienen menos recursos. “Todo financiado por empresas privadas; el Gobierno y el Municipio casi no nos apoyan”, dice. El flamante nuevo edificio de la asociación en calle 20 costó $1.5 millón.

Brands se crió en la calle Pedro Barrio, llena aún de barracas de madera. Allí vive Mirta, una mujer castigada por la edad que hace poco  perdió a uno de sus hijos. Otro de ellos es Fulo, “ya es  mayor  y puede trabajar, pero no puede moverse por todas partes”, dice Mirta, si llegara a cruzarse con miembros de otras pandillas es probable que acabaran con él.  “Y Tocumen, ¿allí puedes ir?”,  “Sí, allí sí”.  “Bueno,  dame el currículo a ver qué  puedo hacer”.

Hoy cerca de 800 familias del barrio viven del trabajo que da la cinta costera III “a ver qué ocurre cuando terminen”, dice Brands, pero  gran parte de  El Chorrillo sobrevive gracias a la economía informal y  al comercio. Un ejemplo es José Vásquez, con más de 40 años en la Sastrería Eleganza. Entrar en ella es como retroceder en el tiempo, con sus máquinas de coser clásicas, su cinta métrica al hombro y sus tres compañeros  septuagenarios trabajando  a ritmo pausado.

No muy lejos Brands visita una de esas barracas a punto de caerse.  Las aguas negras inundan el patio interior. Pese a ello una pareja joven descansa a la sombra con su bebé.  “No queremos ni que venga el Ministerio de Salud,  porque si lo ve así nos van a sacar, pero ¿pa  dónde nos van a llevar? Este es nuestro techo”, dice resignada  Celidel, quien asegura que pagaría “lo que pudiera” por una casa digna.

En calle 20 o Mateo Iturralde se quemó  otra barraca en la que residían 66 familias. Entre ellas vivía Negrita, que con 67 años pasó toda su vida entre esas cuatro paredes de madera. O Ezequiel Amaya, al que todos llaman el Chino, un sastre que vive en Arraiján, “pero que llevaba  21 años allí ganándome la vida”.

Cuando se quemó, a Negrita le dieron mil 50 dólares; al Chino, nada. Ahora esperan que la promesa del Gobierno se cumpla: en enero de 2014 empezarán a construir un edificio en el lote quemado para  reubicarlos.

Contraste

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SEGURIDAD. Vecinos dicen que la policía comunitaria está ayudando al barrio.

Lo cierto es que El Chorrillo es una piedra en el zapato de los poderes económicos y un motivo de vergüenza para los políticos.

Sus 40 hectáreas de terreno plano, con buenos accesos, vistas al mar y  ubicación privilegiada,   han  convertido al barrio  en objeto de deseo para inversores.

En el  terreno político,  el gobierno de Ricardo Martinelli ha ignorado su  realidad, y más allá de las ayudas puntuales, algunos  servicios básicos ni siquiera están cubiertos.  Pasear por sus calles llenas de basura, socavones y alcantarillas colapsadas da una idea de quiénes son ciudadanos de primera y de segunda  clase.

Entre los objetivos del Ministerio de Vivienda, que hasta hace poco dirigía el candidato de Cambio Democrático a las elecciones de 2014, José Domingo Arias, estaba al principio de la legislatura “rescatar el aspecto urbanístico en el centro de las ciudades de Panamá y Colón e implementar normas urbanísticas modernas para el aprovechamiento óptimo de espacio urbano”. Un paseo por El Chorrillo basta para darse cuenta de que no se hablaba de este barrio.

El  plan estratégico 2010-1014  del Gobierno apunta que, “para asegurar el acceso a todos los panameños  a viviendas dignas y con acceso a servicios básicos se incluye la construcción de viviendas de interés social  en todo el país, un incremento al crédito habitacional, y un programa de mejoramiento de barrios”.  Una vez más, la realidad supera las palabras en  El Chorrillo.

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TRABAJO. El comercio tradicional, una de las fuentes de ingreso de El Chorrillo.

Sin embargo también hay cosas buenas, y los residentes coinciden en que la seguridad ha mejorado.

“En los tres últimos años la violencia, las balaceras, han menguado, ya no es una cosa diaria”, señala el padre Mañas.

“La policía comunitaria está resultando bien”, dice Brands.

“El problema de El Chorrillo es la misma estructura habitacional  y esos apartamentos que son cárceles, y de ahí sale la violencia. Hay  casas condenadas y el gobierno mira a otro sitio,  sabe que eso va a arder, pero no hay control del Ministerio de Vivienda”, denuncia el padre Mañas, quien reconoce que también “ha habido mucho juega vivo, se dieron apartamentos a bajo precio que luego se alquilaban”.

¿A quién interesa?

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DESARROLLO. Para muchos el relleno de Barraza está destinado a la construcción de viviendas de lujo.LA PRENSA/Eric Batista

La mayoría de sus parcelas se  catalogan    en las normas de zonificación del Ministerio de Vivienda como RM3. Son las  que admiten una densidad de población de hasta mil 500 habitantes por hectárea, lo que  haría posible construir grandes torres  de viviendas como las de la avenida Balboa, por ejemplo..

La propiedad está repartida, la primera línea de costa (el nuevo relleno, las piqueras del Metro Bus, la estación de policía, la escuela Manuel Amador Guerrero, etc.) es  del Gobierno. Por dentro hay muchos lotes en ruinas en manos privadas.

“A algunos les conviene que El Chorrillo no coja valor por ahora, porque cuanto más deprimido esté más gente irá”, comenta Brands, quien asegura que   “hay personas con mucho terreno que están apostando a la especulación que se dio en San Sebastián y Costa del Este, hay incluso quienes apuestan a medio y largo plazo que a toda la gente del Chorrillo la sacan”.

Ahora mismo aún se pueden comprar lotes pequeños (unos 250 metros cuadrados) por menos de $100 mil como inversión a largo plazo.

“Toda la primera línea de mar es terreno estatal”, dice Patrizia Pinzón, “incluso gran parte de las ‘multis’  son del Banco Hipotecario, así que esa gente es fácil de sacar por lo legal o con una indemnización”, añade. 

“Con la cinta se perdió la gran oportunidad de hacer algo como lo de Curundú”, añade Pinzón, quien recuerda un plan de desarrollo e integración de la zona elaborado por  la anterior administración “que se desechó porque ese no era el negocio”.

Para Elisa Suárez de Gómez, directora ejecutiva de Convivienda,  sería interesante replicar el proyecto de Curundú  en El Chorrillo, “donde se dan las condiciones   para ello”, y sugiere “incorporar a la empresa privada al proyecto” para llevarlo a cabo.

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ENTORNO. El nuevo centro de la asociación ha revitalizado el entorno de la calle 20.

“El terreno está, si el Estado crea macrolotes con alcantarillado, agua, etc., y los licita para viviendas sociales podría decirnos ‘necesito 100 casas a menos de $20 mil’, ahí el promotor podría entrar a la licitación y hacerlo. Sería una estructura interesante en El Chorrillo”.

Elda Sanson, como presidenta de la inmobiliaria Activentas, conoce perfectamente San Felipe y alrededores. Ella asegura que ya hay inversores comprando en calle 13 y 14, “pero aún no nos han preguntado por El Chorrillo”. Ella sin embargo, coincide en que “hay muchos intereses antes de eso.  Esos barrios tan lindos, con la idiosincrasia panameña se están perdiendo y generando decadencia  e inseguridad”.

¿Como se invierte en El Chorrillo? Además de las grandes fortunas de Panamá, dueños de muchos de los lotes abandonados, hay inversores pequeños que crean fondos para comprar edificios o  parcelas.

Un ejemplo es Enrique Ordóñez, quien asegura que varias calles más allá de plaza Herrera está vendido ya el 80%.

“Los edificios de El Chorrillo tienen los días contados”, dice.

Ordóñez piensa que “se está armando la limpieza de El Chorrillo” y pone un ejemplo: “Antes había una balacera y a nadie le importaba, ahora cuando hay un asesinato la policía toma el barrio. Si consiguen que los delincuentes se vayan se quedará la gente humilde, pero la presión también les hará salir, porque al final sus casas costarán medio millón de dólares”.

Este inversor no cree que la gente de   El Chorrillo tenga que salir para que el barrio mejore. “No debería hacerse, pero lo van a hacer”,  sentencia.

Si las previsiones no fallan El Chorrillo, para lo bueno y para lo malo,  desaparecerá en poco tiempo. O quizás  se cumpla la promesa de la web oficial de la cinta costera que depende del gobierno, según la cual “el proyecto no desplazará a ningún vecino de su vivienda actual, por el contrario, lo que busca es integrar áreas históricamente marginadas al desarrollo de la ciudad”. Ojalá sea cierto.

 

 
 
 
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