Edicion N 784 | 02 de julio de 2013
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informe central

LA CIUDAD IMÁN



PROVINCIA

Óscar Castaño Llorente
ocastano@prensa.com

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ESENCIA. La vereda Rafael Benítez, con su arco intacto, preserva el espíritu de David.
LA PRENSA / Iván Uribe

La hipotética inexistencia del Canal desemboca en una conclusión sorprendente: el país se parecería a la ciudad de David. Panamá sería un istmo impulsado por la corriente de los recursos hídricos, un lugar aupado por manos agrícolas, un destino trazado por el pulso de una raza de carácter.

“Lo más importante de Panamá no es su geografía ni su Canal, son sus fuentes de agua. Y una buena parte del recurso nace en la provincia”, asegura la experta en historia y geografía, directora del centro cultural Culturama, la chiricana Milagros Sánchez.

Su comentario refrenda el pensamiento del naturalista alemán del siglo XIX Morris Wagner, también alumno de Alexander von Humboldt. Fascinado por las bondades de la provincia de Chiriquí, y con seguridad de su capital, Morris aseguró que “es uno de los países del planeta más ricos en agua”.

A esa riqueza hídrica se sumó la prodigiosa tierra chiricana, responsable de proveer el 80% de los alimentos del país y que siempre encontró en la ciudad de David un centro de acopio y distribución de comida y de mercancías, y con el paso del tiempo, de servicios públicos. De la capital chiricana depende casi un millón de habitantes.

“Estamos hablando de personas del sur de Costa Rica y de las poblaciones que integran las provincias de Chiriquí, Bocas del Toro y el norte de Veraguas y de la comarca Ngäbe–Buglé”, aclara Idu Ribeiro, gerente general del hotel Ciudad de David.

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Cuidado. El parque Cervantes

Son, pues, alrededor de un millón de personas de una nación con un sello de identidad definido, marcado por una relación simbiótica con la tierra. “Los llanos de David sirvieron inicialmente como potreros para los colonizadores del distrito de Alanje y cumplían funciones de descanso en el trasiego mulero entre los pueblos de Panamá y Centroamérica”, señala Milagros Sánchez, basada en investigaciones del historiador Mario Molina.

El investigador considera, asegura Sánchez, que en el cuatrienio comprendido de 1732 a 1736 se fundó la ermita de San José de David, bajo la autoridad del obispo de Panamá, Pedro Morcillo Rubio y Auñón. El 26 de mayo de 1849 la Ley 62 creó la provincia de Chiriquí, y eligió como capital la villa de David.

Y en 1860 la nueva legislación sobre división territorial elevó la designación de la villa al rotundo nombre de ciudad de David.

Era una ciudad vital y cálida, aunque lejana de la fría Bogotá, capital de Colombia, el país al que en ese entonces pertenecía Chiriquí.

Pese a la independencia de Panamá, se mantuvo la distancia con los dos centros de negocios y de desarrollo, las ciudades de Colón y Panamá. En el davideño y el chiricano se fue haciendo latente un deseo de autogestión que dio paso a un espíritu emprendedor, recuerda Milagros Sánchez.

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Juventud. Natalia Villarreal y  Virginia Guerra, propietarias de Global Web Shopping

El espíritu emprendedor fue sinónimo de un orgullo sustentado en el trabajo de la tierra. Fue un aliento definitivo en el desarrollo de la provincia durante el pasado siglo, desde el campo hacia David y después hacia el resto del país, por caminos de herradura agrestes, con noches oscuras y medievales, y todo para llevar cada mañana el alimento a los hogares panameños y cumplir la palabra de un chiricano.

Pero ese compromiso se empezó a diluir con las posibilidades del recurso hídrico, diferentes a satisfacer las necesidades de agua potable y alcantarillado. “Todo cambió con los proyectos de construcción de hidroeléctricas”, revela Abdel Torres, presidente de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Chiriquí.

Según la Autoridad Nacional de Servicios Públicos, en los últimos tres años se debían construir más de 60 proyectos hidroeléctricos. “Las obras están por finalizarse, cinco o siete de ellas. Mucha gente se va a quedar sin trabajo: son 5 mil personas”, explica Torres con preocupación.

La construcción de hidroeléctricas impactó de forma negativa al sector  agro, y según Torres, distorsionó los aspectos social y económico de David y la enorme nación que representa.

Demostró la capacidad de la mano de obra chiricana, que en menos de tres años volvió a sus campesinos los predilectos para las obras de ingeniería, las construcciones civiles y viales y los trabajos de infraestructura hospitalaria o la adecuación del moderno aeropuerto internacional de David.

¿‘Quo vadis’, David?

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Visión. La ciudad desde el aire

El empuje del campesino chiricano y ahora obrero temporal davideño se puede apreciar en la inversión hecha en proyectos de construcción, residenciales y no residenciales de los diferentes distritos del país, según cifras del Ministerio de Economía y Finanzas de los años 2009 a 2013.

En este quinquenio, Panamá alcanzó un incremento de la inversión en proyectos residenciales de 70.1%. David registró un aumento de 63.9%, pero se debe tener en cuenta que en la capital chiricana no tienen las obras de construcción del Metro ni de la tercera fase de la cinta costera.

Entonces en David se redujeron las cifras de desempleo a menos del 8%, récord que a mediano plazo puede alcanzar al índice nulo del edénico distrito de Boquete, dedicado por entero al turismo y ubicado a dos horas por carretera.

La firma consultora  Manpower acaba de publicar su estudio de proyecciones laborales por sectores económicos para el tercer trimestre de 2013. Los empleadores anticipan un incremento de la contratación de personal en las cuatro regiones del país durante el tercer trimestre de 2013. La tendencia de empleo en Chiriquí es de 24%: un aumento de nueve puntos porcentuales frente al trimestre inmediatamente anterior. En Panamá, en cambio, se proyecta una reducción de siete puntos, de 35% a 28%.

La noticia para Chiriquí sería excelente, pero no hará otra cosa que elevar un tanto los salarios del sector agrícola, en el cual se paga 70% menos de remuneración que en el sector de la construcción, considera Torres.

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Actitud. Kaira Santos, de El Clavel

Esta calamidad progresiva la padece Sheila Calderón de Rodríguez, propietaria de la floristería El Clavel. Con una cartera de mil 300 clientes, el negocio testimonia en qué consiste el desbalance en contra de las actividades campesinas con repercusiones en David.

“La mano de obra se encareció en los últimos años; los insumos, importados, traen incorporada la inflación foránea, y es notorio el aumento de los precios en los diferentes ciclos del negocio”.

La escalada de precios se siente en el producto final. La floristería se fundó en 1969, y a Sheila le cuesta recordar alguna época en la que se hayan encarecido tanto sus productos. “La base del arreglo subió; el bloque floral también; las flores como el lirio que no se cultivan en Chiriquí, ni hablar; la yarda de lazo de los adornos pasó de costar 6 dólares a 9 dólares, y así centavo a centavo y dólar a dólar, todo va subiendo”.

Crecimiento o desarrollo

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Orden. ¿Semejanza alguna con el Metro Bus?

Pese a que la capital tiene un prometedor futuro, este puede resultar de corto alcance y quizás caótico. Abdel Torres se atreve a reflejar las consecuencias de la promoción de Boquete en lo que se está haciendo con la ciudad de David. “En Boquete es deficiente el suministro de agua potable, todo por haber sufrido un crecimiento no planificado. En David puede pasar lo mismo con el alcantarillado y otros servicios públicos domiciliarios”.

El atraso se inicia en la centralización de la administración pública. “Todas las áreas urbanas  fuera de la metrópoli [Ciudad de Panamá] han tenido un papel secundario. En muchas inversiones la prioridad es el área metropolitana y se han dejado rezagadas las necesidades de los otros centros de desarrollo del país, y David no se escapa a esto”, protesta Camilo Brenes, presidente de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa, capítulo Chiriquí.

El gremialista se refiere también a las condiciones en que se prestan los servicios públicos domiciliarios, con un ejemplo certero. Recuerda que la ciudad de David no tiene un sistema de tratamiento de aguas negras y que está colapsado el alcantarillado pluvial construido en 1948.

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Circular. No tranques

“Cuando tenemos cualquier aguacero las calles parecen los ríos que alimentan el cauce del Amazonas”.
Más grave todavía es el manejo de las responsabilidades en la supervisión y control del servicio, porque se le fue “quitando al Ministerio de Salud la rectoría del suministro de agua potable y las condiciones en que se ofrece al consumidor”. Esto obedece a conveniencias de diferente índole que, según Brenes, pueden ser políticas o empresariales.

“La población perdió su confianza en el sistema público de tratamiento del líquido vital. El gran negocio ahora es vender agua embotellada”.

Pero quizás lo que más preocupa a Brenes son las falencias de un plan de ordenamiento territorial. Al parecer, buena parte de las obras de infraestructura carecen de coherencia. Prueba de ello fue la ampliación del aeropuerto internacional de David.

“No se lo proveyó de la servidumbre necesaria para efectuar futuras ampliaciones. A menos de 100 metros de la pista se hallan barriadas y condominios”.

Otra muestra  de improvisación, según Brenes, consiste en el desorden que gobierna la planificación urbana de David. La están dispersando, casi que desmembrando a la manera de un pollo frito de restaurante.

“La carretera Interamericana se está llenando de urbanizaciones. Cerca del aeropuerto, usted tiene la ciudad judicial. Al otro extremo se encuentra la ciudad hospitalaria. Las oficinas administrativas están dispersas. Se está hablando de una terminal de transporte al norte del eje capitalino...”.

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Las oportunidades

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Paz. Turistas plácidos

En alguna parte de la novela Lo que el viento se llevó, su autora, la estadounidense Margareth Mitchel, logra sintetizar en una idea esa obra de más de mil páginas. Dice que las grandes fortunas se forjan en la construcción o en la destrucción de los países. Nunca en tiempos intermedios.

Bajo esta premisa, el lado positivo es que afloran nuevos negocios en la capital del Occidente panameño. “Un inversionista extranjero o de la provincia o del país tiene en cuenta una infraestructura de servicios que aquí se cumple con el aeropuerto, una amplia oferta hotelera y una infraestructura vial y tecnológica que garantice las comunicaciones”, asegura Idu Ribeiro, del Hotel Ciudad de David.

En el hotel se han hospedado visitantes de India, Japón, Letonia, Argentina y de un amplio número de países de Europa y Norteamérica.

La lista de las procedencias sirve para demostrar cómo se hacen atractiva la ciudad y sus corregimientos cercanos, “porque en menos de ocho horas pueden recorrer Chiriquí y regresar a David a dormir cómodamente”.

En la capital, al visitante le espera una oferta de restaurantes y de bares con el sabor propio de la provincia. El restaurante El Fogón atiende en un patio enorme situado detrás de una casa del área bancaria. Su diseño es colonial, de ventanales abiertos y techo muy alto. “La clave está en la administración y el compromiso de nuestros colaboradores, y además en el sabor de los ingredientes, la gallina de patio, los tomates pomposos”, revela Moisés Osorio, propietario.

La gastronomía de la ciudad empieza a despuntar sobre las de sus pares de Panamá y Colón. “Acá es mejor”, asegura Ribeiro, que tiene esta certeza por una situación adversa al hotel.

Durante las protestas que impidieron el tránsito vehicular en la vía Panamericana, ocurridas durante en la semana antes de los carnavales de 2012, los agroexportadores chiricanos se vieron en la necesidad de vender sus productos en el mercado local.

“La cebolla sabía delicioso y su aroma no era incómodo; el café tenía sabor y textura; la piña era miel en la boca; el mango se podía comer con cuchara; los bananos eran dulces y consistentes. Esta despensa es deliciosa. La comida de siempre nada tiene que envidiarle a la que se exporta”, recuerda Ribeiro. Sus palabras quieren decir que el agro todavía tiene futuro.

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Emprendimiento. La propietaria de Marapan

Pero la muestra más avasallante de la calidad de vida en David es el matrimonio Alvarado Funger. Propietarios y fundadores de la panadería Marapan, permiten ilustrar en qué consiste el progreso sin prisa pero con pisadas firmes.

Regentan un negocio en el que trabajan 32 personas a quienes motivan y capacitan con frecuencia para que “más adelante inicien sus propias empresas”, dice Marta Funger.

Marapan ofrece panadería, repostería, diversos tipos de bocadillos y bebidas frías y calientes. Y con consejos simples como no poner espejos en las paredes “para que la gente no se vea degustando un delicioso postre”, llevan 17 años de atención al público. Sus propietarios ahora quieren que esa empresa, de estirpe familiar, alcance el paso de una de tamaño industrial. “Eso les corresponde a nuestros hijos”, dice Marta, con orgullo.

Junto con su esposo, Juan Alvarado, en adelante se dedicarán a recorrer Chiriquí y Centroamérica. Para ello, él tiene una Harley Davidson de mil 584 centímetros cúbicos. “Es mi rival”, dice ella. “Es mi otra muñeca”, dice él.

Y todo esto es la prosperidad de la ciudad imán, la ciudad de David.

 

 
 
 
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